Por Violeta Díaz
In-C aterrizó en el Festival Teatro a Mil. Esta es una obra de danza alemana creada por Shasha Waltz que llega a Chile bajo la guía de Francisco Martínez, asistente coreográfico de Weltz que trabajó junto a ella durante cuatro años en Berlín, lugar en el que reside.
Sasha Weltz, es una bailarina, coreógrafa y directora que se inspiró en la música del compositor estadounidense Terry Riley, para crear esta obra de danza contemporánea. Los intérpretes se desenvuelven en la música a través de 53 figuras coreográficas, pero sobre todo a través de la improvisación y el diálogo físico entre ellos para crear una pieza dinámica.
La obra será presentada en el teatro de la Universidad de Chile (CEAC) el 8, 9 y 10 de enero con interpretes del Ballet Nacional dos bailarines invitados: Sebastián Abarbanell (Alemania) y Melissa Figueiredo (Brasil).
Culturizarte entrevistó a Francisco Martínez, actor y asistente coreográfico de In-C, sobre el trasfondo de la obra, el trabajo detrás de Sasha Weltz y el trabajo ejecutado por los bailarines del Ballet Nacional.
¿De qué se trata In-C? ¿Cómo le describirías a la gente la obra para invitarlos a verla?
Diría que vinieran abiertos a viajar y a sentir, también a perderse y a disfrutar el placer de ver gente bailando, componiendo espacialmente, trabajando la escena de manera activa, porque básicamente es una obra donde la composición a tiempo real es super importante. Entonces, todos los días es distinta, todos los días hay nuevos encuentros, todos los días hay nuevas decisiones, y creo que eso es muy interesante de ver.
Con respecto a eso, toda la obra es improvisada, pero igual hay secuencias que están pre ejecutadas. ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo las eligen para cada momento?
La obra consta de 53 coreografías, pequeñas coreografías, le decimos frases, pero el cómo transitan las frases a partir en la obra es la improvisación. Entonces todos parten en la frase número 1, que se llama shoulder, y ellos van saltando a la 1, después a la 2, a la 3, a la 4, pero no van todos juntos, se van separando, y llega un momento donde se encuentran. Entonces lo que está fijo, lo que está coreografiado, son los momentos de encuentro. Entonces, tenemos que llegar a ciertos unísonos, que son básicamente cuando todo bailan lo mismo al mismo tiempo, pero todo lo que pasa antes y después del unísono, todo eso es improvisación. Así es como se vive la historia.
Me decías que igual hay secciones. Está esto de los colores, del vestuario y del color de fondo que va cambiando, ¿esto es algo improvisado igual, o también tiene que ver con separar la obra por secciones?
Dividimos las secciones de la obra en los unísonos que tenemos, y unísonos son los momentos grupales en los que todos bailan lo mismo. Los colores y los vestuarios están relacionados más a la idea de hacer una obra brillosa, una obra con colores, porque fue creada en COVID, donde todo era bastante oscuro, sobre todo en Berlín, que es invierno, oscuro, es súper oscuro. Entonces la idea de Sasha era crear esta obra donde se expresara felicidad, colores, diversidad y llegó a estos colores pastel, estos colores súper fuertes, por la idea de dar este impacto de colores. Es bien visual, es bien como “quiero sentirme bien, quiero ver esto, quiero que sea colorido, brilloso”. Pero el recorrido que tienen los colores, en este caso en específico, estábamos hablando con la persona que hizo la adaptación lumínica, y pensamos, tenemos ciertos hitos, hay que llegar de un rojo a un rojo, y de un rojo a un azul, pero todo lo que pasa entre medio es bien libre. Hablamos con el iluminador Nicolás Russi. Hablamos de Chile, cómo podíamos ver esos colores, y a mí me encanta el desierto de Atacama, y estábamos hablando de cómo podríamos hacer un día en colores en el desierto. Partir del rojo, el primer color, para después ir al amanecer, tarde, amanecer, rojo, y después llegar a la noche. Eso es un poco como la idea, igual él me pidió una inspiración y empezamos a hablar y llegamos a esto. También los tránsitos de los colores no es algo tan brusco. Uno a veces no se da cuenta de ir pasando por diferentes colores.
Lo otro igual que me llamó la atención de la iluminación es que también jugaban con los focos, entonces había momentos en que podías ver a los bailarines, y en otros que podías ver sombras, entonces se veían figuras, más que personas bailando dentro del escenario.
Sí, esa es una decisión artística de Sasha. Hay momentos en que para ella es muy importante que se vea la colectividad, y la colectividad a veces se ve mejor si es que todos tenemos el mismo color, o todos estamos en sombra porque uno no distingue sexo, color, edad, y se ven básicamente sombras, cuerpos que se mueven, y también se borronea un poco a la figura humana, queda más como una especie de sombra.
¿Me podrías contar un poco de tu trabajo con Sasha? ¿Tú estuviste con ella? ¿Cómo fue? ¿Cuánto tiempo? ¿Viviste en Alemania?
Vivo en Alemania. Vivo en Alemania desde el 2019, de hecho, me fui dos días antes del Estallido Social, me dio mucha pena perdérmela, y después de estar dos años en Alemania fui a pedirle trabajo a Sasha. Le escribí un mail, conocí a su otro asistente, lo conocí porque un maestro acá me lo presentó, y simplemente le mandé un mail. Le encantó mi CV, le encantó mi dossier, le encantó mi experiencia, y me pidió que fuera a unos días de ensayo, y que fuera a unos días de función, ella quería sentirme, todo era súper eterio. Al final enganchamos, conectamos, funcionó, y yo también tengo súper buena relación con los bailarines. Creo que eso es bien importante si eres el asistente, porque los bailarines me quieren. Yo me relaciono muy bien con ellos, porque yo soy el link entre los bailarines y Sasha. Pero también hemos tenido procesos de creación con Sasha, donde ha sido bastante interesante estar con ella, y dar mi punto de vista. A ella también le gustan mucho mi mirada, siempre me pregunta “cómo lo sentiste, no lo sentiste, te gusta, no te gusta, ¿tienes alguna idea?”. Yo también suelo dibujar mucho cuando estoy trabajando, dibujo mucho coreografías. Hago muchos dibujos, y siempre se los voy mostrando, y a ella también la voy tratando de inspirar.
Ha sido bien interesante trabajar con ella. También he pasado por muchas capas, medias producciones, también como asistencia a montar obras. Ahora ella no está viajando en todos los tours, y me manda siempre a mí a viajar con los bailarines, y tengo que hacerme cargo de que la obra funcione perfecto. Eso también tiene un nivel de exigencia bien fuerte, porque a ella le gustan las cosas muy bien hechas. Y también me ha enseñado… me subió la vara, el ojo, como el detallito, lo tengo que arreglar siempre.
¿Has tenido la oportunidad de bailar esta obra?
Sí, la he bailado un par de veces, pero en otros contextos. La he bailado, de hecho, pero en otros contextos, no en una performance o en un teatro, con 30 personas en un museo, en un espacio abierto. He tenido la oportunidad de bailarla, ha sido bien increíble. Es súper agotadora, pero también me cuesta mucho como no ocupar mi cabeza coreográfica en la performance. Entonces es difícil entrar y no querer dirigir.
Estos lineamientos que tú dices que traes desde Sasha acá, ¿cuáles son? ¿A qué regla se tiene que apegar la coreografía de acá para que sea lo que Sasha quiere inspirar?
La obra se trata básicamente de comunicación y diálogo. Entonces, de fondo, también apela mucho a la cultura. La hemos hecho en bastantes países, y cada país también reacciona de manera distinta, y cada cultura reacciona de manera distinta a la obra. También cada grupo humano. Como también los ballet, las compañías tienen dinámicas. Muchas veces las dinámicas se ven súper reflejadas en la obra, porque como es una improvisación, la compañía y los bailarines tienen que estar abiertos a poder dialogar y a poder enfrentarse a cosas nuevas. Como, por ejemplo, en este caso, el ballet. No la conozco mucho, pero por lo que me han dicho, es más estructurada. Está la idea del solo, del trío, el coro y todo junto o todo solo.
Acá los forzamos a estar una hora y diez minutos en escena, trabajando la escena. Para ellos ha sido un trabajo súper lindo, pero también súper emocional, porque se cansan, se agota el recurso, empiezan a encontrarse con las mismas personas y quieren explorar cosas nuevas. También ha sido muy enriquecedor para ellos, porque lo que estamos haciendo es que se unan como grupo y yo creo que eso los va a ayudar mucho como grupo en las futuras producciones que el ballet va a seguir haciendo durante otro año o por muchos años más.
¿Notas diferencias en cómo se lleva a cabo esta obra allá, en Alemania, y diferencias con lo que se está haciendo acá?
No, estoy sorprendido, porque yo tengo mucha fe, y yo también soy chileno, y encuentro que el arte acá es bueno. Yo estudié en una buena escuela, todos mis compañeros de teatro por lo general trabajan en obras, hacen cosas, y también los bailarines, metidos en el mundo de la danza, y hay muy buenos intérpretes. En este caso en particular, están súper entrenados y lo hacen súper bien. Sería muy pesado de mi parte hacer una comparación, porque también depende mucho de las culturas, y depende mucho de cómo se enfrentan al trabajo, y ellos son súper profesionales. Ahora están en su calentamiento, que lo hacen todos los días, una hora antes de empezar. Increíble. Las salas nuevas del CEAC están increíbles, las salas de ensayo no tengo nada que decir.
Esta obra es una conversación entre los bailarines, y se siente así, algo bien cohesionado, porque a pesar de que es improvisación, igual hay diálogo entre ellos para que funcione bien y se notó eso en la obra. ¿Cómo se logra eso antes?
Con mucho entrenamiento. Porque si bien les enseñamos las coreos, y se las aprenden. Las coreos son muy concretas, se cuentan en uno, dos, tres, cuatro, y hay coreos que están en ocho, hay coreos que están en cinco, hay coreos que están en siete, otras en diez. Cosa que también ha sido muy complicado para ellos, porque la tendencia de los bailarines es contar en ocho o en cuatro. Pero si de repente tengo una coreografía que es en siete, mi cerebro necesita el “uno” más. Entonces para ellos ha sido bien interesante eso, pero la otra parte que es de la conexión y el diálogo lo hemos practicado. Empezar a probar, a probar, a probar. Hacemos una pasada de la obra varias veces antes para que puedan practicar la conexión y ahora están más sueltos, se conectan, se miran, se ríen, componen, componen, componen. Cosa que hace unas semanas no estaba pasando tanto.
Todavía estaban ocupados en la cuenta, en la cabeza. Básicamente hay que ir de la cabeza, de la cuenta, al cuerpo y del cuerpo afuera. Esa es la relación, estoy acá, me nace en el cuerpo y de repente salgo y puedo improvisar con el otro, mirar. Entonces tiene como un recorrido la pieza, en el proceso de aprendizaje. Va desde algo muy mental, a muy físico, algo mucho más colectivo y conectado con el espacio y la persona.
¿Cuánto tiempo tuvieron antes para poder ensayar, de entrenamiento?
Nosotros en la compañía de Sasha, tenemos un tutorial, que tiene todas las figuras y se las compartimos a ellos. Entonces las estudiaron por tres días. No sé, seis horas cada día. Se estudiaron todas las coreos y cuando llegamos ya sabían un poco. No tenían todos los detalles y toda la claridad, pero se sabían las coreos, que eso fue muy importante porque pudimos avanzar más rápido. Y empezamos el 15 de diciembre. Creo que tuvimos alrededor de 16 ó 17 ensayos. Desde El 15 de diciembre, y tuvimos libres todos los domingos y navidad, 24, 25, 31 y 1.
También noté que hay un bailarín que es de Alemania.
Hay dos. Dentro del proyecto yo venía con un bailarín alemán, con Sebastián (Abarbanell), bailarín de la compañía alemana y juntos ensayamos la coreo, pero él también cumplió el rol de intérprete. Hace dos días llegó Melissa Figueiredo, ella es una bailarina brasileña, pero que también vive en Berlín y también trabajó con Sasha.
La idea es hacer un cruce y que bailarines chilenos puedan dialogar con bailarines internacionales y lo más lindo es que el lenguaje de la danza es internacional. Eso es hermoso de la danza. Yo cuando estoy allá y trabajo con amigos, tengo amigos de todas partes del mundo y en la danza no hay frontera, no hay ninguna frontera idiomática. Uno bailando se expresa y conecta y eso también es lo que quería que ocurriera. Era el gancho social en esta obra, mezclar, conectar.
¿Mencionabas que Sasha tiene cierta inspiración quizás en Pina Bausch?
Pina Bausch es la madre del expresionismo alemán en los años 60, 70, 80. Sasha también estaba paralelamente al final de los 80, después de los 90 trabajando y siguió el camino de Pina Bausch. Si bien no hace lo mismo, es una persona muy importante en Alemania. Se acaba de ganar el premio nacional de la cultura (Helmut-Schmidt-Zukunftspreis). Es súper reconocida. Es bien impresionante todo su legado. Tiene mucho trabajo y es muy buena.
¿Cuál es el trabajo de Sasha en la obra?
A ella se le ocurrió hacer esto, el concepto, ocupar la música de Terry Lee. La música son 53 frases musicales. Entonces, los bailarines hacemos lo mismo que los músicos y eso todo fue un concepto de ella. Después juntando todo y todo el proceso de ensayo. Cuando partió, yo estuve ahí la primera vez que se llevó a escena. Porque antes era online, porque estábamos en COVID. La primera vez que se hizo en escena fue bien impresionante porque no sabíamos muy bien lo que estaba pasando. Después con los años empezó a cuajar. Ella empezó a tomar decisiones, “no, quiero que esto ocurra, quiero que esto ocurra, quiero que nos encontremos acá, quiero que esto tenga más energía, quiero que esto tenga un color” y de a poco empezó a dibujar la pieza. Si bien la pieza se dibuja sola a veces, porque pasa mucho con la improvisación, hay momentos que son muy coreográficos de ella, ella decidió que eso tenía que ocurrir. Eso también es parte de mi trabajo, es hacer que estos hitos sean como a ella le gustan. De hecho, eso fue lo que me dijo antes de venirme “haz la pieza lo más lindo que puedas y con los ojos que te gustan, pero hazlo bien, que sea hermosa”.
¿Hay alguna forma de que ella vea cómo quedó esto?
Le mando videos siempre, me pregunta, hemos hablado por teléfono. Pero ella también confía mucho en el equipo, es algo muy impresionante de ella y también de cómo se trabaja en Europa. Confía mucho en lo que está ella haciendo, porque es súper profesional todo. Entonces ella sabe que lo voy a hacer bien y también lo tengo que hacer bien, no tengo otra opción, ya que estoy jugando en estas ligas, tengo que hacerlo lo mejor que pueda. Ni siquiera lo mejor que pueda, tengo que hacerlo que funcione.
¿Por qué surgió ese interés de venir a Chile a hacerlo acá?
Porque soy chileno y siempre quise… encuentro que es bueno compartir y traer cosas que uno aprendió allá y hacerlo acá. También era una necesidad mía de volver a Chile y conectarme con la danza. Trabajé mucho como bailarín acá. Con Jose Vidal, con Elizabeth Rodríguez y estando cuatro años lejos de Chile, uno lo extraña igual. Se extraña mucho y también compartir este conocimiento, compartir esta manera de hacer que tiene ella (Sasha). Hay infinitas razones ver a mi familia, conectarme con mis amigos, disfrutar el verano, porque allá es invierno. Hay muchas capas, pero también una muy específica es que se celebran los 80 años de la fundación del ballet. El ballet fue creado por dos alemanes en los años 40. Ernst Uthoff y Lola Vodka y fueron dos alemanes que se quedaron en Chile y vinieron a bailar una obra que se llama La Mesa Verde. Una obra muy importante en los años 30, que cambió toda la danza contemporánea y se quedaron en Chile y fundaron este ballet. Entonces también era bien importante que una coreógrafa alemana viniera a Chile a celebrar estos 80 años trayendo una pieza alemana. Esa era un poco como la vuelta.
¿Cuánto tiempo te vas a quedar acá en Chile? ¿Y hay posibilidad de que esta obra se pueda presentar en otros lugares, en regiones, quizás?
Ellos pueden seguir montándola durante un año, esa es una licencia que tienen desde la compañía, que es lo que a Sasha le gusta, que la obra siga mostrándose para que no se deseche tan rápido. Ojalá sigan haciéndolo. Está la idea de hacer tours por Chile o hacer otras funciones acá. Yo me voy a Berlín. Me devuelvo a Berlín a finales de enero. Voy a aprovechar de viajar un poco. Tomar un poco de vacaciones. Porque después tengo que ir a Berlín y seguir trabajando en Berlín.
Por último, ¿Puedes hacer una invitación a la gente a ver esta obra por favor?
Si les gusta la danza, si les gusta disfrutar y sentir y ver gente bailando, vengan, está buena, me gusta mucho. Vengan a ver el Ballet Nacional porque son bailarines muy, muy, muy buenos, están muy bien entrenados, lo hacen muy bien. Me llena de orgullo que bailarines tan impresionantes y tan buenas estén acá, están trabajando en Chile y estén en buenas condiciones. Creo que ellos necesitan nuevas audiencias, creo que necesitamos que los chilenos nos hagamos cargo de que hay gente buena y que están acá y la danza siempre es súper invisibilizada. Siempre se apoya el teatro y el cine. Pero la danza es súper importante. Sin mover el cuerpo y sin sentir, estamos fritos. En Chile hay muy buenos bailarines, hay muy buenos intérpretes, hay muy buenos coreógrafos y pareciera como que a nadie le importa. Yo creo que, como dice la propaganda de Teatro a Mil, yo creo que la danza sí importa. Así que vengan. Ocupemos los espacios, ojalá llenemos el teatro.
Ficha técnica
Título: In-C
Dirección: Sasha Weltz
Asistente coreográfico y adaptación a interpretes locales: Francisco Martínez
Elenco bailarines: Sebastian Abarbanell, Melissa Figueiredo, e intérpretes del Ballet Nacional Chileno
Composición musical: Terry Riley
Producción artística: Valentina Bravo y Consuelo Cerda Monje
Diseñador de Iluminación: Nicolás Russi
Diseñadora de vestuario: Javiera Labbé
Coordenadas
8 al 10 Ene. 20 H.
Platea baja: $36.000, Platea alta: $32.000, Balcón: $28.000, Anfiteatro: $20.000 (por Ticket plus)
Teatro Universidad de Chile (CEAC)
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