Por Gabriela Bravo Chiappe
El historiador estadounidense Howard Zinn dijo alguna vez: “Mientras los conejos no tengan historiadores, la historia será contada por los cazadores”. Esta frase nos muestra hasta qué punto es importante que los pueblos que han sido sometidos a cualquier tipo de dominación, tengan la oportunidad de contar la historia desde su perspectiva, ya que esta siempre ha sido escrita por los vencedores.
Este es el ejercicio que hace la directora palestina Annemarie Jacir, quien trae a la pantalla grande una historia muchas veces desconocida: la responsabilidad del imperio británico en el conflicto entre Israel y Palestina. Luego de la Primera Guerra Mundial y de la caída del Imperio Otomano, Palestina queda bajo la tutela de Gran Bretaña. A partir de los años 30 se intensifica la llegada de migrantes judíos a esos territorios y el imperio británico comienza a hacer diferencias entre ambas poblaciones, lo que provoca los primeros incidentes que desembocarán en una revuelta masiva en el año 1936.
A través de un abanico de personajes palestinos que provienen de diferentes lugares y se desarrollan en diferentes estratos sociales, Annemarie Jacir, lograr mostrar las raíces de un conflicto que tiene repercusiones hasta el día de hoy.
Culturizarte pudo conversar con la directora Annemarie Jacir sobre la importancia de dar visibilidad a ciertos relatos que pocas veces son abordados por el cine.
Tu película muestra algo que pocas personas conocen: la participación de Inglaterra en la situación que Palestina está viviendo actualmente ¿Por qué decidiste ambientar tu película en el año 36?
Decidí situarla en ese año porque es un año muy importante, realmente un año crítico en la historia palestina. La razón es que marca, en verdad, el inicio del primer levantamiento masivo contra el dominio colonial británico. Los británicos ya llevaban 20 años en Palestina para 1936, y ese fue el comienzo de la sublevación masiva y, realmente, se puede decir que fue el inicio de la lucha palestina organizada por la independencia, que por supuesto no se ha detenido desde entonces. Además, yo tenía curiosidad porque nunca había visto ninguna película sobre este tema; nunca —o casi nunca— se habla de ello. Así que para mí empezó como una especie de investigación, de indagar, y cuanto más descubría, más sentía que quería hacer una película sobre ese momento.
En una conversación dijiste que tu idea inicial era hacer una película más conceptual o más experimental; sin embargo, decidiste hacer una película histórica. ¿Por qué?
Sí, diría que al principio, cuando terminé el guion, era no necesariamente experimental, era una narrativa con los mismos personajes, pero jugaba mucho con la cronología y el tiempo, yendo y viniendo, jugando con la forma misma de la narrativa. Tenía, por ejemplo, la misma escena desde dos puntos de vista distintos de dos personajes diferentes, y era un guion muy bonito en realidad. Pero cuando empezamos a trabajar, con todas las dificultades y todo lo que estaba ocurriendo, esa idea cambió. Cambió para mí, cambió en el rodaje, porque estábamos filmando durante el genocidio; en Palestina comenzó el genocidio y todo cambió en nuestras vidas. Ya no parecía apropiado hacer una… simplemente no se sentía que el tono fuera el correcto, por decirlo así. Y, por supuesto, eso continuó durante dos años, así que en la sala de montaje y en la postproducción desenredé la historia y la hice más lineal, más directa, en lugar de la forma que tenía antes.
Una de las mayores comunidades palestinas del mundo vive en Chile e incluso la mencionas en tu película. ¿Cómo ves la relación entre estos dos países?
Me alegra que hayas notado la mención en la película porque era importante para mí. Es una conexión importante. Yo soy de Belén y gran parte de la comunidad palestina en Chile proviene específicamente de Belén, Beit Jala y Beit Sahour. Es una parte muy grande de nuestra historia, porque los palestinos que salieron de Palestina —antes de la Nakba, durante el dominio otomano— se fueron a Sudamérica, y muchos a Chile, que se convirtió en su hogar. Quise hacer una pequeña referencia a ese momento porque es el periodo en el que transcurre la película, o justo antes. Creo que la relación entre América Latina y Palestina es muy interesante y también poco discutida, porque hay familias que emigraron y Chile se convirtió en su hogar, u otros países latinoamericanos; muchos fueron y luego regresaron, y hoy todavía existe esa relación, y es una relación fuerte.
¿Cuáles fueron las mayores dificultades que enfrentaste para hacer esta película?
Todo. Todo en esta película fue muy difícil. Todo el proceso tomó casi 10 años, incluyendo la financiación, la escritura y la investigación. La financiación de una película así es extremadamente difícil porque no tenemos instituciones cinematográficas ni apoyo para el cine, y esta es una película grande, muy ambiciosa. Queríamos hacerla, nuestro equipo quería hacerla; queríamos tener el derecho de contar una historia así. Así que tomó muchísimo tiempo reunir el financiamiento: esa fue la primera gran dificultad. Pero después, todo lo que ocurrió fue aún más difícil, porque una vez que el proyecto recibió luz verde y pudimos hacerlo, lo preparamos durante un año en Palestina: reconstruimos la aldea, hicimos el vestuario, construimos armas, tanques, vehículos… era un proyecto inmenso en el que trabajaba muchísima gente. Estábamos soñando, soñando felices en cómo hacer una película sobre nosotros en los años 30. Era una idea muy emocionante. Y aunque tenemos la ocupación militar sobre nuestras cabezas, dijimos: hagámoslo igual, intentémoslo desde nuestro punto de vista y contemos nuestro lado de la historia. Y, por supuesto, después del 7 de octubre… íbamos a empezar a rodar el 14 de octubre de 2023, y el 7 de octubre lo perdimos todo. Tuvimos que detenerlo todo, quedamos completamente paralizados. La dificultad entonces fue: ¿cómo hacemos una película así mientras todo esto sucede? Cada día buscábamos soluciones. Ya era el proyecto más difícil que había hecho, y luego se volvió infinitamente más difícil para todos nosotros.
Entonces rodaste en Jordania
Sí. Se suponía que rodaríamos todo en Palestina, pero ya no pudimos filmar en la aldea; la perdimos, la que habíamos restaurado. No fue posible, así que fuimos a Jordania, encontramos otra aldea y empezamos a restaurarla, otra vez desde cero. Continuamos rodando en Jordania, también con dificultades: tuvimos que parar y empezar varias veces porque comenzaron los misiles iraníes… todo seguía escalando. Detuvimos y reanudamos el proyecto cuatro veces. Pero la última parte es en Palestina, porque insistí en que teníamos que volver a casa y rodar esta película en nuestra tierra, en el lugar donde vivimos y del que trata la película. Lo logramos a finales de noviembre de 2024: rodamos en Belén, Jerusalén y Jaffa. Fue difícil: el equipo se redujo, no todo el elenco pudo entrar, había muchos problemas. Seguían los misiles; estábamos en refugios, había sirenas durante reuniones de producción… íbamos al refugio, salíamos y seguíamos filmando. Fue un momento muy tenso y difícil, pero estoy muy orgullosa de decir que lo logramos.
¿Qué responsabilidad crees que tienen los artistas al contar historias?
Creo que la responsabilidad es ser honesto con lo que haces. Es interesante cuando haces una película histórica como esta: una parte de mí quiere honrar a la gente que vino antes, honrar a la generación de mis abuelos, quiero honrar nuestra historia y nuestra lucha por la libertad durante tanto tiempo, honrar a los mártires y a quienes perdieron la vida. Pero al mismo tiempo debemos ser críticos, mirarnos a nosotros mismos, hacernos preguntas. Eso es muy importante. En todas mis películas intento contar nuestra historia, honrar a nuestra gente, pero también plantear muchas preguntas: sobre el poder, sobre… creo que ese elemento crítico debe estar presente.
¿Cómo ves la situación actual en Palestina y su futuro?
Hoy es un día tranquilo donde estoy, pero la situación es mala; siempre empeora. Los últimos dos años mostraron que el mundo entero vio cómo ocurría este genocidio, y no ha terminado, sigue en curso. Hay una limpieza étnica en este mismo momento, y el mundo se está volviendo un lugar muy aterrador. La situación es oscura. Aquí en Palestina perdemos terreno todo el tiempo, perdemos vidas, y la lucha continúa. Al mismo tiempo tengo que tener esperanza y creer que no permanecerá así; siempre dicen que el momento más oscuro es antes de la luz. Tengo que creerlo; todos tenemos que creerlo.
¿Qué esperas transmitir al público con Palestina 36?
Creo que es importante hablar y entender de dónde venimos para poder avanzar. Es importante saber lo que hemos perdido y seguir adelante. Para mí no se trata de hablar de la historia de manera nostálgica, sino porque afecta nuestras vidas hoy. Palestina 36 sí está ambientada en los años 30, pero para mí trata del presente: de nuestra vida hoy, de gente común, de cómo la historia y la política nos afectan y qué decisiones tomamos. También es una historia con la que mucha gente puede identificarse: muchos venimos de países colonizados o que luchan por su libertad. Los vencedores suelen contar la historia, y nosotros tenemos que luchar por contar la nuestra. Quizás aún no hemos ganado, pero es nuestra historia.
Estuviste en la shortlist de los Óscar como mejor película extranjera y eso le otorgó una enorme visibilidad a Palestina 36, sin embargo, en la industria de Hollywood hay muchas personas que se declaran abiertamente sionistas ¿Cómo manejaste esas dos cosas?
Recuerdo que cuando empecé a hacer cine, especialmente en EE. UU., a veces había reacciones muy violentas: gente que me escupía, que me gritaba en el escenario. Ha habido personas que han intentado silenciar activamente la historia palestina durante mucho tiempo. Creo que siguen ahí, pero ahora actúan de otra forma, de manera más subterránea, tras puertas cerradas: son los guardianes de la industria. El hecho de que fuéramos la candidatura palestina este año, y que la película se llame Palestina 36, ya genera reacciones: incluso el título. En proyecciones para la campaña al Óscar, gente me dijo que se sentía incómoda, que su pareja no quiso ir por el título o por el tema. Pero creo que el mundo está cambiando. Tenemos que seguir derribando barreras. Lo de los Óscar da visibilidad y ayuda a encontrar un público que quizá nunca vería una película así. Mucha gente me dijo que nunca había visto una película palestina, que no conocía ese punto de vista ni que los británicos habían estado en Palestina. Fue interesante. Pero debemos ser conscientes de los obstáculos: esos guardianes están ahí, no quieren que la película se distribuya ampliamente, intentan frenarnos incluso en Palestina. Tenemos que seguir adelante; si pensamos demasiado en eso, no avanzamos. La única manera es seguir avanzando, pase lo que pase.
Ficha técnica
Título: Palestina 36
Género: Drama
País: Palestina
Año: 2025
Duración: 119 minutos
Directora: Annemarie Jacir
Elenco: Jeremy Irons, Hiam Abbas, Kamel El Basha, Liam Cunningham
Estreno: 12 de febrero
Cines: Cinepolis, Cinemark, Cineplanet, Cine Arte Alameda
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