Entrevista al artista urbano Caiozzama: “La fe en el caos es como la regla de mi vida”

Por Carla Alonso

Hubo un tiempo en que Caiozzama (39) no era Caiozzama: era Claudio Caiozzi, un fotógrafo periodístico que había estudiado Comunicación Audiovisual, que emprendió un largo viaje con su cámara, buscando capturar bajo su lente las luces y sombras de la cotidianidad de países como China, Inglaterra y República Dominicana. Su sueño era visitar Siria y ser contratado por una agencia de noticias internacional. Fue un periplo que duró cuatro años y donde se encontró por primera vez, en Montmartre, París, con el paste-up: técnica de arte urbano en la que la principal materia prima es el papel y su soporte, el muro.

Foto: Pablo Zamorano

Como si se tratara de la película La increíble vida de Walter Mitty, donde el protagonista comienza un viaje buscando aquello sobre lo que debe escribir para darse cuenta, finalmente, de que esa historia estuvo siempre al lado suyo, Claudio Caiozzi se percató de que no tenía que recorrer kilómetros alrededor del mundo para hablar sobre aquello que lo movilizaba: las injusticias, que a veces toman la forma de la política exterior de Estados Unidos en los tiempos de Trump, la soledad de redes sociales, o Chile. Todo eso estaba más cerca de él de lo que creía y de regreso en Santiago, en 2014, comenzó a trabajar, de forma autodidacta, en la técnica que lo llevaría más tarde a ganarse un importante nombre en la escena del arte urbano local.

Hoy, con más de 100 obras realizadas en muros de ciudades como Santiago, Buenos Aires, Montevideo, Bogotá, Ciudad de México, Barcelona y París, reflexiona sobre la evolución de su trabajo y sus fuentes de inspiración; cómo lo movilizó el estallido social del 18/O en el país que él bautizó como “18” a secas; y la pandemia, que de algún modo transformó el espacio público en un lugar deshabitado. Y que, de paso, empujó a repensar el muralismo, al menos por un tiempo.

¿Cómo estás viviendo este momento a nivel artístico? ¿Te inspira de algún modo?

Ha sido bien extraño sobre todo desde el 16 de marzo, que es el día que yo me encerré, hasta ahora, porque tengo un montón de tiempo que a cualquier persona que no es artista, o incluso a algunos artistas, les podría haber cundido mucho para crear. En mi caso ha sido lo contrario: me ha costado fluir, sobre todo con la imaginación. Nunca me había tocado vivir algo así y ha habido días buenos y malos. Soy súper callejero, siempre tengo cosas que hacer, entonces, esto ha sido bien fuerte. He hecho algunos trabajos, la mayoría digitales, que están en mi Instagram (@caiozzama), pero ha sido bien raro. Obviamente, he estado siguiendo muy de cerca lo que está pasando en el mundo con la pandemia. Y también en Chile, con esta pausa obligada que nos dio el coronavirus. Porque todos sabemos que el estallido social va a volver.

¿Tu proceso creativo se ha visto interrumpido o pausado?

No pausado, porque he estado haciendo cosas, pero con las energías más bajas. Por ejemplo, ahora que se aprobó el retiro del 10 % de los fondos de las AFP, podría haber tenido algo hecho. Pero no me obligo, digo: si no fluye, no fluye nomás.

¿Cómo se puede resignificar el muralismo en el contexto actual, donde el espacio público es un lugar deshabitado, y de cierta forma amenazante, debido a la pandemia?

Está difícil, por eso los últimos trabajos los hice de forma digital, pero siento que quedo a mitad de camino. Hay algunos que sí o sí quiero hacerlos en muros, una vez que se pueda.

Vivo en Carabineros de Chile con Vicuña Mackenna, rebautizada como “Paco perkin Street” con Vicuña Mackenna (risas), en plena zona cero, y he visto cómo han borrado las obras que estaban en la calle y han limpiado todo. Veo cómo todo está silenciado y pulcro, y al final, apenas se pueda, todas esas paredes se van a llenar de nuevo de intervenciones urbanas. Vamos a ir todos a la calle nuevamente a repletar el espacio de consignas. Y hasta me gusta que los hayan borrado porque las consignas de ahora son distintas a las que había antes de la pandemia. La calle siempre tiene que ir evolucionando y el mensaje va cambiando.

La calle como correlato de la contingencia.

Claro, es como un diario finalmente, el diario de la gente.  

De los murales que hiciste en el último tiempo, en el contexto del estallido social, ¿cuáles han sido borrados? 

No queda ninguno prácticamente. El de Jesús con el letrero que dice “No los perdones, saben perfecto lo que hacen”, en el edificio de Movistar; el ángel de “Con todo sino pa’ qué”, cerca del Cine Arte Alameda; y el Matapacos, en el GAM, todo eso desapareció.

Hay uno que nunca lo he mostrado, que lo hice tres días antes de encerrarnos producto de la pandemia. Es un muro gigante en calle Merced, en tres pisos de un edificio que da al parque Forestal. Son nueve trabajos en total, tres por piso. Habla del agua y su escasez, del feminismo, del 51 % en alusión a que las mujeres son el 51 % de la población chilena y la Comisión Constitucional debería ser 51 % mujeres y 49 % hombres, explica; de todo un poco. Al medio se ve un Buda con la constitución antigua y con la nueva. Ese aún sobrevive porque es privado, ya que lo hice en tres balcones. Pero no lo mostré porque siento que no es el momento. 

En el último tiempo colaboraste con el afiche para el 5to. Amor Festival Internacional de Cine LGBT+, que se realizó en julio. ¿También te involucras en proyectos más específicos como ese o encargos?

Sí, de todas maneras. Yo vivo de esto, es mi trabajo y tengo que ganarme las lucas. Sobre todo, cuando aparecen cosas como el Festival Amor, que me encanta, me siento orgulloso de que me inviten. Y obviamente me pagan, porque es un encargo. El afiche lo hice con la artista chilena Sol Barrios, que es muy buena.

Me han salido pegas con algunas empresas y charlas con otros artistas como una que dimos en Inacap hace poco. La cosa se mueve mucho más de lo que pensé que se iba a mover. Al principio dije: “Aquí no gano ni uno y a vivir de los ahorros”. Por suerte no ha sido así.

He vendido cuadros y hemos realizados rifas donde el premio son obras donadas por distintos artistas. Ahí la plata recaudada no fue para mí, sino para ayudar a otras personas. Juntamos bastante dinero con la rifa y compramos un baño súper bueno para una población en San Bernardo, que no tenía baño. Además, arreglamos unos techos en Puente Alto y compramos cerca de 50 cajas de mercadería para regalar en una población en Peñaflor.  

Qué importante el rol que pueden tener artistas como tú en este momento, sacando las obras de las casas y las galerías, para ir en ayuda de personas que lo están necesitando hoy… 

Sí, y el baño era espectacular, de esos de matrimonio. Parte del dinero recaudado en la rifa fue para eso. Esta donación la hicimos junto al Clan Kiltro, donde participa también el Estúpido y Sensual Spiderman. Además, ellos donaron dos baños más. En total fueron tres baños para una población de cerca de 500 familias, en San Bernardo, que no tenían baño. Hay gente que lo está pasando muy mal y tenemos que ayudar como sea.  

Respecto a los encargos que mencionabas para algunas empresas, ¿haces una investigación para definir con cuáles trabajar y con cuáles no? Porque tu trabajo es crítico con algunas multinacionales, por ejemplo.  

Investigo harto y hay varias marcas a las que he tenido que decirles que no. Cuando me preguntan “¿por qué no?”, les respondo que no me gusta su empresa y ya.

“Por la razón o la deuda”

¿Tienes en mente realizar alguna intervención con el tema del 10 % de las AFP, o sobre la desprotección en general que ha desnudado la pandemia en el país?

El último que hice habla un poco de eso: es un mural con el escudo nacional donde el huemul es atacado por perros y en vez de decir “Por la razón o la fuerza”, dice “Por la razón o la deuda”. Ese trabajo muestra cómo la gente está viendo el funcionamiento real del sistema, porque antes tenían un velo en los ojos y todo pasaba un poco piola. También es un país que está muy acostumbrado a reglas que en otros países son imposibles. Estamos metidos en este sistema neoliberal, que es tan rudo y satánico, y estamos acostumbrados. Nos pasan a llevar mucho y para nosotros es normal, porque estamos hace más de 40 años en esto. Creo que la pandemia sacó ese velo, y la gente está hasta la coronilla de esto. Lo único que nos ofrece el actual sistema son deudas. Y este es un gobierno al que no se le puede pedir mucho más, es coherente con su línea.

En una entrevista reciente comentaste que estabas preparando algo grande para fin de año. ¿Tiene que ver con esto?

Es un mural y lo único que cambia en relación con otros que hice antes, además del tamaño, porque va a ser mucho más grande, es que habrá en él muchos personajes y cosas pasando simultáneamente. La idea es tocar todos los temas que nos competen como chilenos: lo que pasaba antes del estallido social, las AFP, el 18/O, el mismo virus, las violaciones a los derechos humanos.

¿Cómo un registro de un período de tiempo reciente de Chile?

Sí, y tengo que ver bien dónde lo hago porque necesito un muro grande. Todavía no lo tengo listo, estoy creando las primeras ideas. Apenas se pueda quiero salir a hacer ese trabajo. No sé si irá a suceder o realizaré otra intervención antes, pero esa es la idea. 

Respecto a tu trabajo, ha ido evolucionado desde tamaños más chicos a intervenciones más grandes, y se ha vuelto más político. ¿El mural que tienes en el Museo de Cielo Abierto de San Miguel es el más grande que has hecho hasta ahora?

Sí. Elemento vital, en el Museo de Cielo Abierto de San Miguel, que lo hicimos con Henruz, Mical y A. Cocco, y Wifi, en Apoquindo con Manquehue, que lo realicé junto a Fab Ciraolo, son los dos más grandes que hice hasta ahora.

¿Qué formato te acomoda más? Porque te has movido de cosas pequeñas y a veces más “escondidas” en la calle, a estas intervenciones con las que uno se encuentra y te detienes a mirarlas.  

Me acomoda mucho más el formato grande, sobre todo si voy a ocupar personajes como Trump, por ejemplo. En ese caso, yo investigo cuánto mide Trump y lo hago de ese porte; la idea es que él esté ahí. El formato chiquitito también me gusta mucho y he hecho intervenciones pequeñas después de hacer grandes, pero me quedo con el grande. Con esto me refiero al tamaño natural. Hacerlos más grande de lo normal no, salvo que sean murales como el del Museo de Cielo Abierto, donde se puede ver un ángel gigante que sostiene una manguera y otro más chico, con una regadera. Ambos están lanzando agua desde arriba sobre un bosque.

Lo de crecer en tamaño pasó porque un amigo, el artista Cristián Galaz, me vio haciendo intervenciones un día y me dijo: “Me encanta, pero agrándate”. Le hice caso y el impacto de hacer algo grande en la calle, versus algo chico, es mucho mayor.

¿Y sobre lo político en tu obra?

Al principio no tenía mensaje. Era una cosa más chistosa, como peleas entre protagonistas de videojuegos que yo mezclaba, pero nada muy crítico. Luego le puse mensaje, pero era mucho más global: la contaminación, los inmigrantes en Europa o la violencia policial en Estados Unidos. Cosas que se entendían en todo el mundo, pero no me enfocaba mucho en Chile. Después del “18” se volvió 100 % política chilena. Creo que estamos viviendo un momento histórico y merece toda la atención que le estamos dando todos. Ahora sales a la calle y no hay un sólo grafiti que sea lindo y nada más; todo es mensaje, todos te quieren decir algo. Nunca me imaginé que esto iba a pasar en Chile. Esto empezó y no se termina hasta que se logre. Sólo estamos pidiendo dignidad.

A propósito de los muros en los que trabajas, ¿cómo los eliges? Has explicado que, en general, no pides permiso, sino que vas donde ves una oportunidad, un espacio libre. 

Se da de todas las maneras. No tiene un modus operandi fijo. Es muy random: encuentro muros donde digo “acá tengo que hacer algo” y quizá hago una creación pensando en ese muro, y a veces pasa al revés, que creo primero el trabajo, lo tengo listo para hacer y voy en búsqueda de un muro.

Una ventaja en ese sentido es que tu técnica es rápida, a diferencia de lo que podría ser pintar un mural con óleo y latas de spray, por ejemplo.  

El trabajo de pegado final en el muro es bien rápido, entre 20 y 40 minutos. Es lo que menos tiempo me lleva y tengo una organización para que sea más fácil. El trabajo más lento es el del computador, de diseño del trabajo, y también imprimir y recortar las piezas que formarán el mural. Pero “pegarlo” es relativamente rápido. Y no pido permiso, llego y lo hago nomás. Por eso busco muros que ya estén intervenidos, sucios, en los que me sienta con la libertad de hacerlo ahí. No lo haría en un muro blanco, a no ser que tenga el permiso.

¿El hecho de que tu técnica sea más rápida te permite responder más seguido a la contingencia?

Sí, aunque también tiene su lado lento, que es armar la obra, trabajar con Photoshop, imprimir y recortar. Pero he trabajado toda mi vida con la contingencia porque soy fotógrafo periodístico y trabajé en prensa. Siempre estoy leyendo, desde Emol, hasta El Desconcierto, pasando por El Mostrador y La Tercera. Leo todo porque me gusta enterarme desde todos los lugares, y la contingencia está en mi ADN.  

Me han invitado a festivales de Street Art y los otros grafiteros me odian, en buena, porque tienen que estar dos días pintando y yo lo hago en dos horas.  

¿Cómo ves la escena del arte urbano en Chile? ¿Hay alguna figura hoy que consideres promisoria?

Hay un montón de artistas buenísimos y después del “18” hubo una explosión de nuevos nombres en el arte urbano. Me encanta decirle “18” y que ahora sea el 18 de octubre y no el 18 de septiembre (risas).

Hay varios que venían haciendo cosas desde antes, como @comando_ctrl, que lo encuentro buenísimo. El ocupa el personaje del Monópoli, que yo también lo he usado en algunos trabajos. He conocido a fotógrafos como Bastián Cifuentes (@periodistafurioso), quien me preguntó cómo pegaba en los muros porque él quería pegar sus retratos. Le enseñé y se puso a hacer cosas. Él es muy bueno en la calle. 

La escena del muralismo en Chile es increíble, tenemos artistazos. Subo mis trabajos a una pagina inglesa de arte urbano que se llama Global Street Art (http://globalstreetart.com/caiozzama), y funciona como una vitrina en internet. Cuando miras los trabajos te das cuenta de que aquellos que están diciendo algo, más allá de lo figurativo o lo abstracto, son todos latinoamericanos. Ahora está pasando mucho en Estados Unidos con el tema del racismo.  

El arte finalmente se traduce en las penurias, en lo que está pasando y en las injusticias. Y de ahí viene, ahí nace el arte y te lo muestra de una manera urgente. Chile está a un nivel impresionante de artistas.

El relato de las injusticias

¿El muralismo, en su esencia, debe ser político? 

Todo tipo de arte es político, sea lo que sea. Hasta el pajarito que aparentemente no está diciendo nada, es político. Por algo el artista lo está haciendo ahí, por alguna razón le dieron el permiso para pintar en esa calle, y existe algo que le pasa al autor de ese pajarito.  

En tu obra usas elementos conocidos pero los sacas de contexto, como el mural donde Trump pone la estrella de la bandera de Israel en la punta del árbol de Navidad. ¿Cuan importante es la provocación en tu trabajo?

La provocación es fundamental para mí, y hacerlo de manera sutil, quizá a veces no tan sutil, pero tratando de no hacerlo violento. Sucede ese fenómeno también que la gente lo toma del modo que quieren y lo entienden de una cierta manera. Me ha pasado con familiares que me dicen: “Qué lindo esto que dijiste acá”, y yo estaba diciendo otra cosa. Pero los dejo porque encuentro genial que la persona lo interprete como quiera. Yo doy un mensaje, muchos lo entienden y quizá otros no. Por ejemplo, hice uno de Jesús donde salía con unas cámaras y abajo decía: “Sonría, Jesús lo está mirando”. Pensé que mi abuelita me iba a matar, porque es súper religiosa, y ella lo tomó como que había hecho un Jesús más moderno, para mirarnos y cuidarnos (risas). “Qué bueno que le gustó”, le respondí.

Ahora, en el mural donde tomé la estrella de la bandera de Israel estoy hablando de las políticas del gobierno de Israel, no del país. Conozco a un montón de israelitas y no tengo nada contra los judíos. De lo que hablo ahí es de la administración del gobierno de Israel, donde hay mucha gente que no está a favor, que sale a la calle a protestar. Hay que fijarse en la fecha que hice el mural: cuando Trump anuncia que va a mover la embajada a Jerusalén, lo que era una provocación. En esos casos yo siempre explico cuándo lo hice, por qué y que pienso de ello.  

¿De qué manera la fotografía influyó en que llegaras a abrirte camino en el paste-up? Finalmente, ambos son muy visuales, aunque el muralismo es más urbano.  

Vi en el paste-up una oportunidad de hacer lo que yo quería hacer con la fotografía, y que no lo logré. Eso fue el paste-up. Cuando me fui de Chile en 2010 mi idea era viajar por el mundo y hacer reportajes fotográficos. Soñaba con ir a Siria, por ejemplo, reportear y que me contratara una agencia de noticias grande como Reuters o AP. Pero en un momento me di cuenta de que no tenía tantos dedos para el piano como yo creía y que mi necesidad de hacer eso, de ir a Siria, por ejemplo, tenía que ver con hablar sobre las injusticias. Fue perfecto, porque llegué al mismo lado con otra cosa: el paste-up. Y me di cuenta de que se entendía y que a la gente le gustaba mucho.  

Te percataste de que no necesitabas dar esa larga “vuelta al mundo” para hablar de los temas que querías hablar.

Sí y fue muy orgánico también, ya que al principio partió como un hobby y luego me di cuenta de que podía hablar de temas muy heavy pegando papeles en el muro. ¡Es muy fácil! Es una técnica barata y lo puede hacer cualquiera, porque no se necesitan grandes conocimientos. Para los que no dibujamos es perfecto.

Sobre mi proceso creativo, lo primero que se me ocurre es la idea. Siempre tomo notas en mi celular de cosas que veo o me llaman la atención. Tengo murales diseñados desde hace años sobre situaciones que no han pasado, pero que sé que algún momento van a suceder. 

¿Cómo un virus y una pandemia?

(Risas) No, pero sí con el tema de Grecia, por ejemplo. Sé que en algún momento Grecia se va a ir a la cresta de nuevo y van a empezar las movilizaciones nuevamente. Porque su ciclo es así: le va a pedir plata al Fondo Monetario Internacional (FMI), le darán eso, los obligarán a privatizarse, estará bien un tiempo y luego se irá para abajo de nuevo. 

Tengo una carpeta en mi disco duro que se llama “Posibles”, o muchas ideas que empecé y no me gustaron en su momento, y que luego retomé. Es muy random. Funciono en imágenes.

“Fe en el caos”

Tu obra no finaliza con el diseño acabado en el muro, porque luego haces un registro fotográfico de cómo la gente interactúa con tus murales en la calle. Está el caso de tu obra de un Buda con una manta marca Louis Vuitton, llamado Louis Vuitton… la nueva iluminación, donde algunos vagabundos dormían al lado de él noche tras noche. ¿Cuán importante es ese registro posterior al pegado?

Es demasiado importante. Por ese motivo no firmo las obras que hago en la calle, porque creo que no están terminadas: es la misma calle la que la termina. Tengo que estar muy atento a ese registro. Algún día me encantaría hacer una exposición y mostrar todo ese material que tengo, que no he exhibido nunca. Son como 30 mil fotos de estos seis años de trabajo.  

Apenas termino el mural yo le saco fotos y esas las vendo enmarcadas. Hago series de once fotos de un mismo mural. También realizo collages, que son reinterpretaciones de esos murales que tengo en la calle, y los vendo.   

Hay personas que me piden hacer un mural en el living de sus casas, por ejemplo, y yo lo hago feliz. Esas obras las firmo, al igual que los collages y las fotografías de los murales de la calle. Además, he realizado murales al interior de restaurantes que me contratan para eso. Tengo muchas maneras de ganarme la vida con esto.

Desde el comienzo has trabajado con Galería Espora. ¿Ahí exhibes tus collages? ¿O con esas piezas vas a las ferias internacionales en las que has participado?

No, lo que tengo en la galería son las fotos de mis murales. De hecho, mi galerista, Paula Cortés, no me tenía mucha fe con los collages. Yo quise experimentar y la última exposición que hice llamada Same same but different, inaugurada justo antes del “18” fue completa de collages. Y nos fue súper bien: vendimos nueve de 14. Era la primera vez que lo hacía y tuvo muy buena recepción.

Pero el origen de los collages es anterior a eso. Un día me escribió por Instagram Darren Aronofsky, el director de las películas Réquiem por un sueño, Cisne negro y Pi, fe en el caos, entre otras. Al principio no caché que era él; me dijo que le encantaba mi trabajo y que quería tener una de mis obras. Le expliqué lo que yo hacía con las fotos de mis murales, pero Darren quería algo distinto. En este tiempo año 2017 viajé a París a exponer, invitado por Galería Lira. Esteban Barrera, el dueño de la galería, me había sugerido que probara con los collages para hacer obras más únicas. Justo estaba en eso, y le mostré a Darren las ideas que tenía y le gustó mucho uno, que es una mezcla de muchas cosas. Ese fue mi primer collage. Mandé a imprimir todo, recorté y pegué. Vendí esa obra a Darren, se la envié a New York y él la tiene en su casa. ¡Todavía no me manda la foto del collage colgado! (risas).

Fue muy loco, porque amo sus películas. Siento que son súper potentes. Cuando él se interesó en mi trabajo, yo dije: “Estoy haciendo las cosas bien”.

Una de tus primeras obras se llama “Fe en el caos”. ¿Tiene relación con eso?

Sí, tenía relación y fue uno de mis primeros trabajos, en 2014. Mi Instagram al final dice “Fe en el caos”, porque es como la regla de mi vida. Siempre digo que tengo buena suerte y mala racha, porque de repente hay malas rachas en la vida que después se transforman en buena suerte. Si miro el grueso de este camino que he recorrido tengo súper buena suerte, pero también pasé por momentos muy heavy que luego decantaron en cosas buenas.

¿El cine también es fuente de inspiración para ti?

De todas maneras. Yo estudié Comunicación Audiovisual antes de estudiar fotografía y el cine es súper importante para mí. Consumo mucho cine y saco muchas ideas de ahí. El otro día me encontré con unas fotos de mi pieza en el año 2000 y eran puras escenas de películas recortadas y pegadas en las paredes. No cabía nada más ahí. En esa pieza había muchos collages manuales, como uno donde tomé el cuerpo de Godzilla y le puse la cabeza de un amigo. Ahí, en esas fotos, estaban mis inicios y yo ni me acordaba.     

**Para conocer más sobre la obra de Caiozzama visita https://caiozzama.tumblr.com/

Su trabajo fotográfico sobre el estallido social del 18/O lo puedes encontrar en su Instagram @elfotonauta

Fotos: Caiozzama

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