FESTIVAL CINE LAS CONDES Crítica de cine “La grazia”: Del amor y el perdón

Por Ana Catalina Castillo I.

La grazia es una película sobre el amor”. Así comienza la declaración del director que Paolo Sorrentino escribió para presentar su undécimo largometraje en la Bienal de Venecia en agosto de 2025, donde fue la película inaugural de la muestra. Aunque su título se tradujo como La gracia, el término italiano se refiere al indulto, y como todo perdón implica un dilema. Por lo mismo, más allá del instrumento jurídico, como lo ha dicho el propio Sorrentino, en su película el acto de gracia es abordado como actitud de vida.

Desde ahí que el director napolitano afirme que el dilema moral es un motor narrativo. En La grazia, quien se enfrenta a una tríada de dilemas es Mariano De Santis (Toni Servillo) un presidente de la república italiana en sus últimos días de mandato. Él debe decidir si firma o no la ley de eutanasia y, además, debe dar su veredicto en dos casos de asesinato cuyos culpables están a la espera de un indulto. Esta gran responsabilidad ocupa sus pensamientos, mientras cavila sobre una traición amorosa sufrida muchísimos años atrás. Estos son los dos ejes que lo mueven a partir de lo mismo: la duda.

Así, Sorrentino construye con precisión un guion potente que articula con maestría los conflictos externos con los más internos del protagonista. Y como es una película sobre el amor, este sentimiento atraviesa no solo los recuerdos del personaje principal, cuyo eje central es Aurora, su fallecida esposa. También se traslada al amor que siente por sus hijos, Dorotea y Riccardo, y por supuesto al amor por las leyes, porque Mariano De Santis es un gran jurista que confía en el derecho penal.

La relación entre Mariano y su hija Dorotea (Anna Ferzetti), jurista como él, es esencial en la trama. Ella es su mano derecha: tiene injerencia en aspectos tan personales como su dieta alimentaria y, por supuesto, participación en la preparación y revisión de todos los documentos legales que ocupan la agenda presidencial. La maestría de Servillo, que lo hizo merecedor de la Copa Volpi por esta actuación, más la solidez de Ferzetti, sostienen una trama potente y juntos nos brindan escenas que son ejercicio fílmico de la mayéutica socrática: buscan dar a luz la verdad.

Por lo mismo, hay tensión entre ellos. La dilación del presidente en la toma de decisiones exaspera a su hija, quien se lo reprocha y le plantea una de las grandes (y bellas) preguntas existenciales de la cinta: “¿A quién pertenecen nuestros días?”.

En La grazia se destaca también la habilidad de Sorrentino para crear una red de personajes interesantes, con secundarios entrañables como su amiga Coco (Milvia Marigliano) o su guardaespaldas (Orlando Cinque). La osadía de una y la hermosa combinación de respeto y empatía del otro, regalan no solo frases memorables, sino también momentos de humor fino e inteligente.

Bastante se ha hablado de la tendencia del director napolitano a crear personajes crepusculares (y no solo en su filmografía en italiano). Mariano De Santis también lo es, como lo era el hermético Titta Di Girolamo de su segunda película, Las consecuencias del amor (Le conseguenze  dell´amore, 2004). Por otra parte, los monólogos interiores y los diálogos oníricos con su Aurora nos remiten a ese amor adolescente, inolvidable e idealizado de Jep Gambardella por Elisa en La gran belleza (La grande bellezza, 2013).

En esta, su séptima película con el experimentado Toni Servillo como protagonista, Paolo Sorrentino construye una historia de sutil coherencia y la misma profundidad de siempre, aunque con menos barroquismo que, por ejemplo, en su anterior cinta, Parthenope (2024). En La grazia, a partir de la figura de un presidente ficticio, el director napolitano se ocupa de manera lúcida de los cuestionamientos de la edad adulta. Y si eso aflige a un ser humano cualquiera, si se es el presidente de la república obviamente la inquietud se amplifica, más aún cuando el poder, como ha reflexionado Sorrentino en entrevistas, condena a la soledad.

A diferencia de otras películas suyas que arrancaban de dos controvertidos personajes reales relacionados con el mundo político como Giulio Andreotti en Il divo (2008) o Silvio Berlusconi en Loro (2018), cada uno con sus excesos y cuestionable moral, el presidente creado para La grazia es puro fruto de su imaginación, prácticamente una utopía. Por lo mismo, si bien en las obras de Sorrentino campea siempre la melancolía, nos atrevemos a decir que esta película es esperanzadora.

La fotografía de Daria D’Antonio con quien repite Sorrentino, pues lo ha acompañado en la reciente Parthenope y en su emotiva autoficción Fue la mano de Dios stata la mano di Dio, 2021), realza la sensibilidad y el tono cercano que necesitaba una obra como esta, donde lo sublime no reside únicamente en volcar en imágenes los dilemas que en mayor o menor medida nos identifican a todos, sino además nos devuelve al maestro Sorrentino en un momento de plena conexión con las preocupaciones actuales y al ritmo del rap.

Ficha técnica

Título original: La grazia

Año: 2025

País: Italia

Director: Paolo Sorrentino

Guion: Paolo Sorrentino

Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Linda Messerklinger, Vasco Mirandola

Producción: Annamaria Morelli, Andrea Scrosati, Paolo Sorrentino

Fotografía: Daria D´Antonio

Montaje: Cristiano Travaglioli

Duración: 133 minutos

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