FESTIVAL DE CINE LAS CONDES Crítica de cine “Esa cosa con alas”: Cuando el duelo es una criatura que acecha y sostiene

Por Violeta Díaz

Dylan Southern nos trae su primer largometraje luego de una vasta carrera como director de documentales y videos musicales, entre los que se incluyen artistas reconocidos como Blur o Björk. Sin embargo, esta vez debuta con el drama psicológico Esa cosa con alas (The Thing with Feathers), una adaptación del libro El dolor es la cosa con plumas de Max Porter y protagonizada por Benedict Cumberbatch.

Durante 98 minutos, un padre (Cumberbatch) y sus dos hijos (Richard y Henry Boxall) nos llevan en un viaje por el duelo. Pero la vida de esta familia se vuelve extraña cuando un Cuervo (Eric Lampaert) comienza a acecharlos, para luego convertirse en parte de ellos y rescatarlos de un destino peor. La retórica del film funciona perfecto al representar la batalla entre el duelo y una persona que lo vive, transformando lo psicológico en algo visual y auditivo gracias a la experiencia musical de Southern.

Esta no es la primera vez que vemos a Benedict Cumberbatch enfrentarse a un monstruo que transita entre lo psicológico y lo real. En 2024, con la serie de Netflix Eric, el actor ya había desarrollado un relato bastante parecido, en el que representa a un padre que lucha contra el monstruo de la culpa y el tormento luego de la desaparición de su hijo en la Nueva York de los 80. Es por esto que quizás no es casualidad que el actor, que también jugó el rol de productor de esta película, haya querido traer de vuelta este recurso del “monstruo”.

A medida que el largometraje avanza, se percibe una escalada lenta que permite comprender lo incómodo, difícil y angustiante que resulta atravesar un duelo. En ese proceso, tanto los personajes, como los espectadores van entendiendo la necesidad de vivir cada una de sus etapas. Esta progresión también nos lleva por un viaje emocional marcado por la presencia del Cuervo, en el que primero no entendemos su presencia y luego resentimos de ella. Hasta que llega un momento en el que, como advierte el propio Cuervo, “ya no puedes decidir cómo será esto” y la película se entrega por completo a esa fuerza, arrastrando a la familia y los espectadores a la sumisión del duelo.

Pero, ¿qué pasa si evitamos el duelo y nos dejamos caer en la desesperación y la tristeza? Así mismo como se narra en el libro, la película nos presenta un segundo monstruo: El demonio. Con solo unos segundos en pantalla, vemos que el demonio es una fuerza mayor y oscura que intenta llevar a esta familia a la locura y perdición. La única forma de derrotar al demonio es dejando que el Cuervo se enfrente a él y se quede con esta familia el tiempo que sea necesario hasta que se haga cada vez más ínfimo y dejemos de notar su presencia.

Para ser el primer largometraje de Southern, la película logra conmover a partir de una elección precisa de recursos. Uno de los más evidentes es el uso del formato 4:3, una decisión poco habitual en el cine moderno, que acota el encuadre y genera la sensación de estar viendo los recuerdos de alguien más, reforzando la sensación de nostalgia e intimidad.

La música es un elemento que no está presente durante todo el filme, pero que aparece en los momentos exactos para generar una catarsis. Primero, la sensación de caos en el primer desayuno sin ella (la madre), se acompaña con In Between Days de The Cure, y no para disfrutarla, sino para generar una sensación de sobrestimulación que desemboca en el primer acto de furia del padre. De esta misma manera, Southern nos regala tres momentos elevados por la música con piezas como I called you back, Feast of the Mau Mau o la hermosa escena final con Who Knows Where the Time Goes?

Aunque la presencia de un actor sólido como Benedict Cumberbatch podría parecer suficiente para sostener el peso del relato, son los hermanos Boxall (con el rol de los hijos) quienes terminan de darle cuerpo y respiración a la historia. En medio de una casa atravesada por el silencio y la ausencia, los niños nos regalan pequeños momentos de risas y alivio. El duelo también se manifiesta en ellos y la película observa con cuidado cómo esa pérdida se filtra en sus miradas, en su forma de relacionarse con el padre y de moverse dentro de un hogar que ya no es el mismo. A pesar de su corta edad, es ineludible ver cómo esos niños entienden, sienten y atraviesan ese proceso con una sensibilidad que vuelve la experiencia aún más humana.

En una de las primeras escenas, el padre intenta mantener la rutina familiar leyendo a sus hijos el mito de Baba Yaga, el mismo que solía narrar la madre. Ese momento inicial funciona como una clave intertextual que adelanta el núcleo de la película, donde una fuerza que parece amenazante es también la que permite seguir avanzando. Esa cosa con alas concibe el duelo como una presencia que toma el mando y arrastra a quienes lo viven, imponiendo su propio ritmo incluso si se resisten a ello. Así, el primer largometraje de Dylan Southern encuentra una voz propia en su primer largometraje, con una propuesta clara y personal.

Ficha técnica:

Título: Esa cosa con alas

Género: Drama psicológico

Dirección: Dylan Southern

Reparto: Benedict Cumberbatch, Richard Boxall, Henry Boxall, Eric Lampaert, Claire Cartwright y Vinette Robinson

Año: 2025

País: Reino Unido

Duración: 98 minutos

Estreno en Festival de Cine Las Condes: 9 de enero

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