FICVALDIVIA Crítica de cine “Dry Leaf” (Hoja seca): Pixelarse o ser una memoria

Por Álvaro Guerrero 

Al comienzo unos adultos discuten en un departamento. Hay una carta que Lisa (Irina Chelidze), la hija de Irakli (David Koberidze), dejó contando que se va, que desaparece hasta nuevo aviso, y que los quiere. La mujer en cuestión es fotógrafa en una revista deportiva, y su misteriosa desaparición coincide con un periodo en el que recorrió diversas aldeas remotas en el paisaje de Georgia, en busca de canchas de futbol amateur desperdigadas por pueblos del territorio nacional. Su padre, decidido, va a buscar a un periodista compañero de trabajo de Lisa que parece especialmente interesado en la mujer, y que conoce o cree recordar algunos lugares que ella visitó. Este hombre, Levani, es invisible, así tal cual. Solo oímos su voz que surge del aire, sobre el asiento de copiloto del auto. No será el único de los humanos tan reales como fantasmas que aparecen en el largo camino.

Alexander Koberidze es un cineasta georgiano que ya había utilizado el mismo lente para rodar su primera película, el de la cámara básica de un viejo Sony Eriksson de los años dos mil. El efecto en pantalla es el de imágenes pixeladas, como un miope sin sus anteojos, sentado en un bosque. Y así se desarrolla un viaje poco común para los dos hombres, padre y colega sin rostro de la hija, con algo de incómodo, y que a medida que avanza se va tornando lenta y progresivamente indeterminado por una nostalgia de algo que no aparece. No se logra encontrar a la hija, y los que van en su busca parecen casi fantasmas.

Los dos hombres recorren pueblo tras pueblo, preguntan por Lisa a lugareños físicos o invisibles, en un ritmo pausado, bucólico, con una cámara que lentamente va recorriendo los espacios rurales semi vacíos. La hierba, algún arbusto entre escombros, la gran naturaleza cotidiana, se fija una y otra vez en una repetición que es casi como un mantra fantasmagóricamente visual, con un paisaje y sujetos que pueden estar a punto de desaparecer, disolverse en cualquier momento, o no hacerlo, dentro de una pintura borrosa que los mantiene tras un velo o que no es capaz de identificarlos nítidamente en un mundo fotografiado. Es un recorrido que se va tornando infructuoso, como un sueño. Lisa ha estado rara vez por ahí, la mayoría no parece recordarla. Y eso dura casi tres horas, partiendo por ese sentimiento común que alguien definió así: “ya se sabe que donde vayas todo será muy cotidiano”, excepto en la búsqueda por territorios lejanos, los humanos invisibles que hablan, la visualidad defectuosa de una cámara que pudiera ser considerada absurda para filmar una película. Pero el gusto por seguir mirando casi como un mandato, es pictórico. El cuadro aparece lleno de luz y sombras de colores tenues, una fijación con las flores y hojas, las canchas de fútbol hechizas entre colinas, lomajes que se homogenizan con el sol y los pocos que andan por ahí, o algunos animales reunidos.

Si la hija reaparece finalmente, es algo que importa menos que el camino que ha guardado la memoria reciente de este padre, difuminándose en estéticas vagas, pero de una presencia innegable, solo un poco informe y por ello más alejada de la posibilidad de juzgar los hechos o las palabras inmediatamente. El filtro de esta historia mínima pero intrigante, es el cine, esta vez filmado con una de las posibilidades más baratas con que pudiera concebirse una cámara para rodar una película. En todo el proyecto hay una mezcla de cosas calculadas y de derivas, de dejarse llevar y de estar siempre ahí, donde es necesario estar para poder hablar y sentir como humanos comunes y corrientes. Es algo que aplica tanto al director como a los personajes del filme y sus circunstancias de un mundo vivido e imaginado. Finalmente, y enfatizado por la voz en off de Irakli, hay que celebrar que haya caminos dentro de los recuerdos, memorias borrosas de algo completo, brillante, cotidiano pero con un destino secreto ya del otro lado de la luz.

Ficha Técnica 

Título original: Dry Leaf

Dirección: Alenxandre Koberidze

Guion: Alexandre Koberidze

Reparto: David Koberidze, Otar Nijaradze, Irina Chelidze, Giorgi Bochorishvili, Vakhtang Panchilidze

Fotografía: Alenxandre Koberidze

Musica: Giorgi Koberidze  

Duración: 186 minutos

Género: Road movie, drama, fantástico, avant garde

País: Georgia, Alemania

Fic Valdivia 2025

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