Por Romina Burbano Pabst
Crear es exponerse,
soltarse, caerse,
rumiarse,
transitarse, reflejarse,
perderse,
ser.
Crear es como permanecer largas horas en el bosque intentado descifrar de dónde viene el canto del Chucao. Al escucharlo el cuerpo se detiene, el oído se afina y la atención se vuelve delicada. Entre colores, olores y formas que se superponen, algo irrumpe, su canto breve que precisa ser escuchado con cuidado, quiere ser encontrado. En ese gesto de atención, escuchar, sentir, donde el canto del Chucao se vuelve un instante de lucidez atravesado por el placer, la ternura y la concentración absoluta.
Crear se parece a responder al llamado del Chucao, es una atención que no siempre es fácil, exige insistencia y entrega absoluta y eso es lo que sostiene el acto creativo. Hay algo profundamente íntimo que surge de una urgencia vital, que empuja al cuerpo a permanecer, escuchar, buscar, perderse y volverlo a intentar. La pasión convive con el desborde, y la imaginación se abre mientras el cuerpo se expone persistente.
Es en ese umbral, entre el deseo de atender al llamado y el desborde de su insistencia, donde emerge La Artista, una obra que pone en escena no solo el proceso creativo de los artistas, sino que se adentra a sus capas más íntimas y viscerales. En escena, el hacer artístico aparece como un territorio de riesgo e intimidad, donde la vida y la imaginación se confunden hasta volverse indistinguibles.
La propuesta original de Francisca Arce, dirigida por Martín Erazo y presentada como una coproducción de las compañías Los Nadies Circo y Fuego Rojo, se expresa a través de un lenguaje poético, sonoro y visual que entrelaza circo contemporáneo, teatro, pintura, música construyendo un espacio único donde se sostiene la potencia del cuerpo y la fuerza simbólica de la imagen en el quehacer artístico.
En escena, Francisca Arce y Francisca Artaza encarnan a una mujer es testigo de su propio tránsito emocional y vital. Una artista que atraviesa su proceso creativo volviéndolo una experiencia puramente corporal, atravesada por la pasión, la soledad y la obsesión de quien convierte su propia vida en obra. Así, el escenario se vuelve un espacio de exposición íntima, donde crear es el presente mismo donde se habita la nostalgia, la imaginación y la vulnerabilidad que sostienen el acto creativo.
Su taller, lleno de objetos baúles, brochas, papeles y pinturas, se convierte en un espacio que vaga entre lo real y lo imaginario. Cada objeto escenográfico carga con una historia, un intento, un bosquejo que no desaparece del todo, algo insiste en permanecer. Pues, La Artista, se adentra en los pliegues de su mente, habita un paisaje íntimo invitando al público a observar un instante el pensamiento creativo. El taller deja de ser un lugar meramente físico, es también, un espacio mental y sensitivo. Un territorio donde la realidad se mezcla con la imaginación y los pensamientos se materializan en gesto, cuerpo y acción. Es ahí, donde todo es posible, donde el arte cobra vida.
La narrativa de La Artista se despliega como una deriva emocional, donde el tiempo se dilata y el cuerpo se convierte en el principal creador del relato. El circo contemporáneo aparece en esta pieza como una extensión del estado emocional de la artista. A través del mástil chino (disciplina circense de alto riesgo que consiste en realizar acrobacias, giros, figuras de fuerza y caídas en un tubo vertical rígido) y el straps/cintas aéreas (también es una disciplina circense que consiste en un aparato compuesto por dos correas suspendidas, utilizadas para realizar acrobacias aéreas), el cuerpo se eleva, se sostiene, se tensa y navega en los aires; desafiando la gravedad como si intentara traspasar sus propios límites. Cada figura en el aire, cada giro dialoga con el proceso creativo: insistir, perderse, volver a intentar.
A estas disciplinas circenses, se integran orgánicamente la danza y la pintura, generando imágenes de gran fuerza visual. La elevación, la suspensión y la posibilidad constante de la caída transforman el cuerpo en liviandad. Más allá del asombro técnico y el riesgo físico, estas prácticas artísticas se vuelven metáforas precisas del acto creativo. En otras palabras, crear implica sostenerse en el vacío, confiar en el propio cuerpo, arriesgar el equilibrio y aceptar la caída como parte del proceso. Así, el riesgo físico de las intérpretes dialoga con el riesgo mental y emocional del artista, ese dejarse desbordar para luego, con lucidez, volver a encontrarse en la creación.
La Artista, es una obra que encarna la pureza y fragilidad del acto creativo. No busca nada más que estar presente en el acto creativo, arrojadas a la experiencia pura del arte. Abre preguntas sobre el acto creativo y el tránsito emocional que este conlleva. A través del lenguaje: circense, dancístico, teatral, sonoro, visual; la obra nos recuerda que el arte nace del cuerpo, del deseo de transformar(se) y ser expresado.
Al finalizar, queda la sensación de haber sido testigos de un proceso íntimo y honesto, donde las artes se funden para recordarnos que crear también es ser vulnerable, sostenerse en el vacío y aceptar la posibilidad de la caída. No como un fracaso, sino como parte genuina del tránsito creativo. La Artista deja en el cuerpo una lección silenciosa sobre la atención plena, ese instante frágil en que es necesario entregarse al desborde para que algo nuevo pueda aparecer.
Ficha Técnica
Título: LA ARTISTA
País: Chile
Idea Original: Francisca Arce
Dramaturgia: Francisca Arce y Martín Erazo
Dirección Artística: Martín Erazo
Proceso Creativo: Francisca Arce y Francisca Artaza
Composición Musical: Cristóbal Bello, Carolina Holzapfer
Diseño Sonoro: Pablo Contreras
Coreografía: Priscilla Seguel
Plan de Difusión: Loica & Comunicaciones
Diseño Gráfico: Pia Mena
Registro Audiovisual: Ramon Vásquez
Producción General: Camila Bello
Compañía: Los Nadies Circo y Fuego Rojo
Duración: 45 min
Edad: +14
Coordenadas
Centro Cultural Matucana 100
Teatro Principal
26 y 27 de Enero 2026
Festival Santiago Off
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