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lunes, noviembre 28, 2022

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Arsenal carcelario se despliega en el Museo de Arte Contemporáneo

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Una multitud de armas blancas expuestas en los muros como una pintura de grandes dimensiones es parte de Hechizas, la exposición del artista nacional Demian Schopf. Entre otros elementos, se exhibirá un celular que monitorea al propio artista mediante GPS, al modo de las tobilleras electrónicas aplicadas a los presidiarios con libertad vigilada.

Demian Schopf propone una reflexión sobre la violencia, desde donde es habitual y cruda – el mundo de la cárcel – hasta el mundo en que vivimos, donde experimentamos influjos de violencia a nivel planetario.

Desde el 3 de noviembre se presentará en el Museo de Arte Contemporáneo la exposición Hechizas del artista chileno Demian Schopf. La muestra consiste en un impactante montaje de aproximadamente 1.600 armas hechizas, tipo estoque, que fueron incautadas en cárceles de Santiago. La mayoría serán desplegadas en la sala a manera de murales de grandes dimensiones, que en su visualidad recuerdan un textil o un quipu. Otras se mostrarán en vitrinas como objetos museísticos. Una pequeña parte estas armas, corresponden a copias de un modelo anterior, trabajo encargado a un presidiario con el mismo tipo de materiales, es decir, cualquier elemento que se encuentre a mano al interior de la cárcel.

Junto con las armas, la muestra contempla la exhibición de teléfonos celulares de segunda mano, con evidentes desperfectos como pantallas trizadas. Estos dispositivos emitirán videos consistentes en textos que corren, a modo de loop, en la pantalla en negro, tan solo con la indicación horaria.

En uno de los videos se verá una colaboración original del cineasta Cristián Sánchez, con escenas de segundos extraídas de una película de ficción de su autoría, sobre una riña en la cárcel. Además, durante todo el transcurso de la exposición, un teléfono celular dará cuenta de la geolocalización del propio Demian Schopf en un mapa de Google que se verá en su pantalla, mediante un sistema de GPS conectado con el teléfono del artista. Con esta acción se busca emular el sistema de vigilancia de las tobilleras electrónicas, utilizadas para controlar y restringir el desplazamiento de algunos condenados por la justicia mediante el monitoreo a distancia.

El artista inició la colección de estas armas el año 2010, cuando compró un cuchillo segador hechizo en una acera de la Avenida Argentina, en Valparaíso. Luego de este hallazgo, contactó a ex reclusos para encargarles la fabricación de algunas armas hechizas.

Para este proyecto, Schopf gestionó con Gendarmería el préstamo (en comodato) de una gran cantidad de armas punzantes, incautadas en los allanamientos que se realizan periódicamente en algunos centros penitenciarios. Al término de la exposición, estas armas volverán a manos de la institución para ser fundidas y convertidas en herramientas de trabajo, para el uso de los mismos reclusos en talleres de carpintería y otros, destinados a contribuir a su reinserción social.

Mediante la apropiación de este peligroso objeto carcelario, el artista alude a la violencia y a la precariedad estructural en que está sumida la mayor parte de la población. A su vez, subvierte el estatus original de estas armas ilegales, para constituirse en obras de arte por el hecho de presentarse en el Museo de Arte Contemporáneo, enunciando que un objeto ilegal y letal, en el código del arte se puede apreciar como una obra de arte objetual, un ready made o ensamblaje. Este mismo hecho permitió la paradoja de que una de estas armas viajara por valija diplomática a España, en 2015, para ser parte de una exposición a la que Demian Schopf fue invitado. El certificado que clasifica el arma (o la obra) como objeto encontrado y el registro fotográfico de cómo fue expuesta en esa ocasión forman parte también de la muestra Hechizas.

Las armas hechizas responden a la característica manufactura carcelaria, en la cual se utilizan diversos objetos de uso corriente y fabricados en serie, mutilándolos, deformándolos y combinándolos, cambiando su función original para producir un arma artesanal punzante, que permite el ataque, la defensa y, en definitiva, la sobrevivencia en el brutal mundo presidiario. La muestra establece un paralelo entre este objeto nacido de una estrategia de transgresión del uso de objetos industriales y el Ready Made, que significó una transgresión a la institución del arte, para luego ser absorbida por esta y por el mercado.

Su despliegue en el Museo, en una disposición en que las armas adquieren un carácter estético, alude de cierta forma a la “banalización del mal” imperante,  que es un factor que promueve la cultura de la violencia.

Los teléfonos celulares dispuestos en la exposición, emitiendo videos textuales y permitiéndonos seguirle la pista al artista, son objetos prohibidos en el régimen carcelario pero ampliamente utilizados clandestinamente, ya sea para la comisión de delitos desde la cárcel, como para mantener una comunicación,  que en muchos casos también es un factor de sobrevivencia. En esta exposición los teléfonos permiten ver los videos y al mismo tiempo se presentan a sí mismos como artefactos, aludiendo a la idea de que “el medio es el mensaje”. La analogía que se hace a las tobilleras electrónicas, mediante uno de estos celulares, es extrapolable a la vigilancia a la que se ve sometida  toda la población, en la distopía del panóptico digital, donde todos somos observados,  vigilados, e identificados por un big data.

La exposición Hechizas del artista Demian Schopf podrá verse a partir del 4 de noviembre en el Museo de Arte Contemporáneo (Parque Forestal, Ismael Valdés Vergara 506)

Horario:

Inauguración 3 de Noviembre.

DEMIAN SCHOPF nació en  1975 en Frankfurt, actualmente vive y trabaja en Santiago de Chile.

Es Licenciado en Artes con mención en Pintura de la Universidad Arcis, Magíster en Artes con mención en Artes Visuales de la Universidad de Chile y Doctor en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Chile.

Ha expuesto en Chile y el extranjero individual y colectivamente. Ha sido beneficiado con los Fondos de Cultura Fondart en varias oportunidades y con la Beca Conicyt. El 2007 recibió el premio Altazor, que otorgan los propios artistas de distintas disciplinas en Chile, por su instalación Máquina Cóndor.

 

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