Columna de Opinión Conversatorio con Arturo Duclos y Marcelo Brodsky: “El arte frente al mundo”

 

Por Eduardo Taylor

El Parque de la Memoria de Buenos Aires, a través de su cuenta de Instagram, realizó un conversatorio entre Arturo Duclos, destacado artista visual chileno de vanguardia, y Marcelo Brodsky, artista argentino de renombre internacional, que se caracteriza por intervenir archivos históricos del pasado reciente.

Dos países y dos artistas, dos discursos y dos heridas similares se reúnen en torno a la labor artística y el trauma que comparten: la dictadura y el sistema neoliberal. Problemáticas que actualmente están siendo atravesadas por el COVID-19. Frente a ello surge la pregunta: ¿Cómo pararse desde el arte frente al mundo que nos toca vivir?

En el mundo de hoy los grandes discursos entraron en crisis, el individuo vale más que el colectivo. Se nos dice todos los días que este es el único mundo posible. Pero todo aquello que una época niega con su moralina y formas dogmáticas de pensar, de algún u otro modo, se escapa y estalla. Primero en el cuerpo y luego en el espacio público.

Desde sus espacios íntimos, Brodsky y Duclos, hacen una revisión de las expresiones estéticas del estallido social de octubre, la resistencia mapuche (pueblo que habita tanto Chile como en Argentina) y las creaciones artísticas realizadas en tiempos de pandemia.

Las murallas de Santiago, llenas de imágenes identificables con militancias, posiciones políticas y denuncias, dan cuenta de una narrativa que no ha tenido lugar en las instituciones políticas y económicas chilenas. Es la narrativa y memoria de “los nadie” y son ellos los que se toman las paredes de las instituciones que no los han representado, las paredes de una ciudad que los ha explotado hasta el cansancio.

“Yo me entero de lo que pasó en Santiago leyendo en la pared”, dice Marcelo Brodsky refiriéndose a las expresiones artísticas que albergan las murallas de la capital: “la pared cuenta: sed de sangre, ¡equidad!, ¡fuera piñera!, el perro mata pacos. Las paredes de chile brotaron como en primavera”.

Pareciera ser que los museos han pasado a un segundo plano, pues no pueden dar cabida a tanto elemento real existente en los millones de chilenos que tienen la herida de la dictadura y el sistema neoliberal. El museo es un pacto, un territorio que acordamos dejar para aquellos discursos que a la mayoría de las instituciones no les interesa sostener.

Respecto a lo anterior Arturo Duclos declara: “Yo creo que nadie está interesado en los museos, a mí me interesa más estar en la calle con una carpa, conversando con la gente (…) la calle chilena es un ejemplo para América Latina”.

Para Marcelo Brodsky el museo sigue teniendo una labor importante, no trabaja en tiempo presente, pero aun así forma parte del arte que rodea al proceso revolucionario y esa es su forma de contribuir. Respecto al arte de las murallas de Chile declara: “No quiere decir que los museos no puedan hacer lo suyo, pero ahora el lugar es en la calle”.

Sin cuerpo no hay política, sin riesgo, sin algo que perder, no es posible hacer política. Esto es algo que venía diciendo Spinoza hace siglos: entender el cuerpo como principio de libertad. Gracias a colectivos como Las Tesis, el pensar el cuerpo como agente de cambio se hizo patente en una sociedad que sólo ha visto el cuerpo como objeto de consumo o fuerza de trabajo.

Lamentablemente con el COVID-19 los cuerpos están en cuarentena, otros trabajan en duras condiciones y muchos yacen muertos: “El espacio público de la calle se ha desplazado al espacio virtual, donde la autoridad tiene muchas más posibilidades de controlarnos (…) se está incubando un levantamiento en la pandemia. Ocurrirán cosas fuertes, quizás antes, debido al manejo tardío de la pandemia que da indicios de lo que está pasando por debajo”, dice Duclos.

La cotidianidad fue remplazada por la virtualidad: “Recuerdo una frase de Marx: todo lo real se desvanece en el aire. Hoy podríamos decir que todo lo real se está convirtiendo aceleradamente en su imagen. Vemos lo que pasa a través de una pantalla. La imagen de la cosa la reemplaza y eso eleva el protagonismo de lo visual en la comunicación entre las personas. (…) Solo vemos lo que cabe en la pantalla (…) ya no está claro si los demás existen o si sólo existe su imagen. La imagen del otro aparece y vuelve a aparecer en las redes, en las llamadas virtuales, en los intercambios por internet. Esas interacciones parecen llenar el tiempo, pero no pueden llenar el alma.” Dice Marcelo Brodsky en sus diarios reflexionando sobre la pandemia.

Ahora bien, ¿qué pasa con la labor del artista en tiempo de pandemia? Nuevamente desde sus diarios Brodsky escribe: “Todas nuestras obras cambiarán de sentido después de la pandemia. Tendremos que repensarnos mientras repensamos la obra y el mundo. Después de esta crisis dantesca y global surgirán (ya están surgiendo) nuevas ideas, se puede abrir una opción por un mundo más solidario e igualitario(…) Es un momento de reflexión, de replanteárnoslo todo, es un momento para que los artistas cumplamos nuestro papel de imaginar lo posible y lo imposible para que, ahora sí, se pueda convertir en realidad”.

Spinoza dijo que de la despotencia deviene la potencia, es decir todo lo que nos despotencia (frustración, pena, angustia) puede ser motor de cambio. Tal vez el encierro nos permita valorar el volver a mirarnos cara a cara, valorar la compañía de los cuerpos, formar una mayor comunidad cuando termine la cuarentena y así hacer arte y política con mucha mayor potencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

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