Columna de opinión: El río Mapocho y la performance

 

Por Eduardo Taylor

Las aguas del río Mapocho son un espejo de Santiago y sus habitantes. Sus turbias aguas formadas por el deshielo del cerro El Plomo están llenas de memorias, historias y heridas. De este a oeste podemos ver imponentes rascacielos hasta llegar al otro extremo, donde se encuentran humildes viviendas de pobladores.

Hay un lugar donde estos dos mundos confluyen: el puente Pío Nono, el Barrio Bellavista, La Plaza de la Dignidad y la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, entre otras estructuras, que nos permiten ver el encuentro de estos dos mundos. Estas estructuras delimitan en un territorio neurálgico antiguamente conocido como La Chimba. Lugar donde vivían los habitantes más pobres del Chile colonial.

Hoy en día esta tensión de alguna manera se repite. Bien dijo Heráclito que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, pero pareciera ser que este río no cambia, sigue siendo el mismo. En él sigue habitando la memoria de las injusticias, de las protestas, de los cuerpos arrojados en tiempos de la dictadura. Esta memoria que se hizo patente al ser arrojado al río el cuerpo de un adolescente que participaba en las manifestaciones del “Apruebo”.

El poeta Raúl Zurita declaró al respecto en su cuenta de Twitter: “¿Tanto les gustaba tirar cuerpos al mar y por eso ahora los tiran al Mapocho? ¿Recuerdan los cadáveres tirados al Mapocho? Ahora hay un joven quebrado en el Mapocho. No lo socorrieron paco Piñera, paco Rozas, paco Pérez asesinos ¿cómo pueden soportar tanta vergüenza?”.

Los ríos fluyen al igual que nuestro pensamiento. “Dejemos que todo fluya” nos dicen los manuales de autoayuda, pero hay cosas que simplemente son tan dolorosas que no pueden fluir. El trauma de un país explotado hasta al cansancio no puede fluir. Era el año noventa cuando Janet Toro se desnudó en la ribera del río Mapocho y cubrió su cuerpo con sangre de animal en la performance titulada La sangre, el río y el cuerpo. Respecto a esta experiencia declara:

“Lo que yo hago es intervenir ese lugar. Lo que expreso es justamente toda la violencia del Estado. Porque en ese momento no había ninguna mesa de trabajo en relación con la tortura.  Había una grieta, una extrañeza, este río es la grieta política y social del momento que se vivía. Cuando ocurrió lo de este chico Anthony a mí me impactó demasiado, porque fue casi en el mismo lugar”.

Dicen que el cuerpo expresa lo que las palabras no pueden. Tal vez la performance sería la posibilidad de convertir en lenguaje corporal una herida. Si Chile fuera un cuerpo ¿dónde expresaría sus heridas? “La herida social de nuestro país siempre va a tomar estos lugares” dice Janet Toro, pues también lo hizo Lotty Rosenfeld en tiempos de dictadura en el año 1983 colgando la pancarta del NO + en la ribera del Mapocho.

El 2018 fue Macarena Álvarez quien en la performance Remembranzas estuvo semidesnuda casi en el mismo lugar en donde lo hizo Janet Toro. Macarena se instaló a orillas del Mapocho vestida con una tela blanca con aires de asunción, con un ramo de flores blancas en la mano y un frasco de sangre en la otra, exponiendo así la violencia ejercida a los cuerpos de mujeres en dictadura. Posteriormente, lanzó la sangre de animal al río. Curiosamente la sangre se la entregó en el matadero un hombre que había sido detenido y torturado en dictadura: “en el matadero nadie me quería pasar sangre, le conté lo que quería hacer a un caballero que trabajaba allí. Se puso a llorar porque él y su hermano habían sido detenidos y me dio la sangre”. Frente a su experiencia declara: “Pienso en las personas que pasaron por ese lugar, cuando hago las acciones me imagino los cuerpos mutilados para decirles que pueden descansar”.

A un año del estallido de octubre las performances se repiten, vuelven los cuerpos desnudos cargados de memoria a la ribera del río Mapocho que en mapudungun significa “agua que se pierde en la tierra”. ¿Qué componente mágico tendrá este lugar que se repite tanto en la protesta social? Sobre el cerro El Plomo hay un antiguo centro ceremonial Inca, ubicado exactamente bajo la posición que toma el sol durante el solsticio de invierno. Durante el solsticio de invierno el sol comienza a volver al hemisferio sur, derritiendo los glaciares del cerro, dando vida al caudal del río que permite la existencia de nuestra ciudad, como si fuera su corriente sanguínea. Esperemos que algún día este río pueda volver a fluir para que la herida social de nuestro país logre sanar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*