Por Juan Marín
El director del mes en el Centro Arte Alameda será uno de los grandes cineastas del cine independiente estadounidense de las décadas de 1980 y 1990: Gus Van Sant. Surgido en una generación que consolidó nombres fundamentales del cine norteamericano como Spike Lee, Quentin Tarantino, Richard Linklater, Jim Jarmusch y Steven Soderbergh, la importancia de Van Sant fue aún más allá al convertirse en uno de los pioneros del New Queer Cinema, movimiento que se desarrolló en estrecha relación con la escena independiente estadounidense.
Fue una época en la que comenzaron a darse a conocer los primeros trabajos de cineastas como Todd Haynes, Gregg Araki, Cheryl Dunye y Bruce LaBruce, herederos, en distintos sentidos, del espíritu transgresor de John Waters. En ese contexto comenzó la carrera de un director fundamental para el cine estadounidense, dueño de una filmografía irregular, pero también de obras inolvidables que marcaron a generaciones enteras.
Su debut fue la extraordinaria Mala Noche (1985), una película autofinanciada y de bajo presupuesto que respiraba toda la incomodidad, la marginalidad y el espíritu beat heredado de la literatura de William Burroughs. En esta nota recorreremos las películas que integran este imperdible ciclo dedicado a su obra.
La primera función, exhibida el martes pasado, fue My Own Private Idaho (1991), probablemente la película que consolidó la carrera de Van Sant dentro del cine independiente. Este road movie protagonizado por Keanu Reeves y River Phoenix sigue a dos jóvenes que sobreviven prostituyéndose en las calles de Portland, mientras uno de ellos padece narcolepsia. La película confirmó a Van Sant como una de las voces más importantes del cine independiente de los años noventa, gracias a la radicalidad y la vulnerabilidad con que retrata a sus personajes. Es una de las obras cumbre del New Queer Cinema, una historia sobre el desamparo, el deseo no correspondido y la búsqueda incesante de un espacio al que llamar hogar.
El martes 11 se exhibirá Last Days (2005), tercera entrega de la llamada «trilogía de la muerte», junto a Gerry y Elephant. Inspirada libremente en las últimas horas de Kurt Cobain y protagonizada por Michael Pitt, suele ser destacada por su aproximación contemplativa y minimalista, muy alejada de las convenciones del biopic musical tradicional. Sin embargo, es la única película del ciclo que aún no he visto, por lo que no comentaré.
El sábado 15 será el turno de Good Will Hunting (1997), probablemente la película más emblemática de la carrera de Van Sant y aquella que marcó su entrada definitiva al cine de estudio. Si bien ya había dado señales de ese tránsito con To Die For (1995), aquí el director dio un paso decisivo hacia un cine de mayor alcance comercial.
Con un guion escrito por los entonces jóvenes Matt Damon y Ben Affleck, la película obtuvo nueve nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película, aunque terminó perdiendo frente al fenómeno de Titanic, que obtuvo once estatuillas. Aun así, Good Will Hunting ganó los premios a Mejor Guion Original y Mejor Actor de Reparto para Robin Williams, quien se impuso frente a intérpretes como Burt Reynolds (Boogie Nights) y Anthony Hopkins (Amistad). La película redefinió la trayectoria profesional de Van Sant al convertirse en el puente perfecto entre su sensibilidad como autor independiente y su consolidación dentro de Hollywood.
El martes 18 llegará una de las grandes obras de su filmografía: Drugstore Cowboy (1989), la película que terminó de instalar a Gus Van Sant como uno de los pilares del cine independiente estadounidense. Protagonizada por Matt Dillon y Kelly Lynch, retrata un universo de excesos, adicciones y vidas errantes que anticipa muchos de los temas que volverían en My Own Private Idaho. La influencia de la Generación Beat atraviesa toda la película y se hace explícita con la participación del propio William Burroughs en un pequeño papel, un homenaje directo a uno de los escritores que más marcaron el imaginario del director.
El martes 25 se exhibirá Elephant (2003), una de las películas más importantes y aclamadas de su carrera. Estrenada apenas un año después del documental Bowling for Columbine, de Michael Moore, ambas obras abordan el trauma de los tiroteos escolares en Estados Unidos, aunque desde perspectivas completamente distintas. Inspirándose en el mediometraje homónimo de Alan Clarke, Van Sant utiliza largos planos secuencia, una estructura coral y una puesta en escena austera para reconstruir los momentos previos a una masacre escolar. El resultado es una de las grandes obras del cine contemporáneo, galardonada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2003, donde compitió con títulos como Mystic River de Clint Eastwood, Dogville de Lars von Trier y Swimming Pool (La Piscine) de François Ozon.
La última función del ciclo será Paranoid Park (2007), el viernes 28. La película vuelve sobre varios de los temas característicos de Van Sant: la juventud, la culpa, el crimen y los márgenes de la sociedad, esta vez a través del mundo del skate. Aunque por momentos puede recordar al cine de Larry Clark, su aproximación es mucho más contemplativa y sensorial. Además, marca la segunda colaboración entre Van Sant y el legendario director de fotografía Christopher Doyle, conocido por su extraordinario trabajo junto a Wong Kar-wai. Doyle construye aquí una imagen que captura con enorme sensibilidad tanto la fluidez del skate como la subjetividad fragmentada del protagonista.
Este ciclo coincide con el estreno comercial de la nueva película del director, La negociación, protagonizada por Bill Skarsgård y Colman Domingo. Se trata del primer largometraje de Gus Van Sant en siete años y está basado en un caso real ocurrido en 1977. La historia sigue a Tony Kiritsis, un aspirante a empresario que, tras sentirse estafado por una compañía hipotecaria, secuestra al hijo del presidente de la empresa en un desesperado intento por obtener justicia.
El caso mediático, ampliamente cubierto por la televisión estadounidense, inevitablemente remite a Tarde de perros de Sidney Lumet, referencia que el propio Van Sant incorpora mediante un guiño explícito al contar con Al Pacino en el reparto, interpretando al presidente de la empresa. Más allá del thriller, la película plantea una dura crítica al sistema financiero e hipotecario, mostrando cómo las instituciones privilegian los intereses económicos por sobre la estabilidad de las personas endeudadas. Al mismo tiempo, cuestiona el rol de los medios de comunicación, que convierten una tragedia personal en un espectáculo destinado a captar audiencia y generar ganancias, transformando la indignación social en un producto de consumo.
Se trata, en definitiva, de un ciclo imperdible para revisitar la obra de uno de los cineastas más influyentes del cine independiente estadounidense y una figura clave del New Queer Cinema. Una oportunidad para descubrir o volver a ver algunas de las películas que definieron el cine de los años noventa y que siguen siendo fundamentales para comprender la evolución del cine contemporáneo. Todo ello, en exclusiva en el Centro Arte Alameda.
Coordenadas
Cartelera
Martes 4 de agosto a las 18:45 horas: My Own Private Idaho (1991).
Martes 11 de agosto a las 18:45 horas: Last Days (2005)
Sábado 15 de agosto a las 16:45 horas: Good Will Hunting (1997)
Martes 18 de agosto a las 18:45 horas: Drugstore Cowboy (1989)
Martes 25 de agosto a las 18:45 horas: Elephant (2003),
Viernes 28 de agosto a las 19:00 horas:Paranoid Park (2007)
LAS ENTRADAS YA SE ENCUENTRAN DISPONIBLES EN PASSLINE.
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