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sábado, abril 17, 2021

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Columna de opinión “Identidades, diversidades ¿Quién cuenta la historia?”: Nuestra realidad nos define

Por Belén Cerda Oyarzún

Una de las muchas actividades realizadas y transmitidas por Sanfic Industria (Santiago Festival Internacional de Cine) fue Identidades, diversidades ¿Quién cuenta la historia? Las invitadas fueron Magdalena Abizu Perez, cineasta proveniente de Brooklyn, cuya ascendencia dominicana es el motivo principal de la historia que relata en el documental Negrita, el cual dirige. Además, estuvo presente Maximiliano Mamaní, joven drag queen argentina, quien actúa en Bartolina Xixa.

En ambos trabajos destaca la temática de la búsqueda de la identidad y el sentido de pertenencia, bajo la mirada de lo que solemos conocer como disidencias o minorías. Mientras Negrita habla sobre racismo, xenofobia y la necesidad de definirse y descubrirse en un mundo en el que la supremacía blanca dirige todo, según dice Abizu; Bartolina Xixa, por su parte, aborda el ser trans e indígena, mostrarse sin tapujos y visibilizar la transfobia y la homofobia. En ambos casos, se trata de poner sobre la mesa temáticas que siguen siendo, hoy en día, motivo de discriminación en un mundo poco empático.

Si le preguntan a Magdalena por su fuente de inspiración, definitivamente es la búsqueda de identidad, de sentirse parte de algo. Ser de piel oscura en un entorno en el que las personas se definen como “negras”, sumando el factor de ascendencia latinoamericana, fue un proceso de introspección, de mirar en perspectiva a su familia, a su entorno y definirse como algo o alguien. Entonces, captó la idea: no soy la única que quiere descubrir a dónde pertenece. Descubrió que, tanto en el mundo norteamericano como en el latinoamericano, el color de piel, la ha determinado en esta búsqueda de su identidad.

Para la realizadora de origen dominicano, preguntarnos quiénes somos es una duda constante, desde la infancia, y que en algún momento debe ser resuelta. Funciona así para todos, tal vez. No obstante, a pesar de esta necesidad de definirnos, para Maximiliano, la visión es diferente.

Para Mamaní, mostrar de forma cruda lo que es la vida de una persona trans e indígena es la clave. Hace hincapié en dejar de querer mantener los aspectos estéticos que suelen exigir. Porque sí, para ella, la existencia del otro determina lo que somos. No obstante, siente que existe una necesidad de justificarse con la realidad que viven y no solo eso, sino que dentro de esta justificación de la existencia, muchas veces, el mundo y la industria tiende a exotizar estas realidades. Por eso, Bartolina Xixa, para Maximiliano es “una indigestión y vómito” de lo que la comunidad trans vive. No desde lo “bonito”, sino desde lo real, pues, agrega que esta producción “no construye desde la belleza, sino desde lo abominable y lo feo”.

Atreverse a mostrar estas realidades es una apuesta arriesgada. Sin embargo, la apertura de estos espacios (como Sanfic y otros festivales) puede ser la puerta hacia una nueva forma de ver y hacer las cosas en torno a las luchas sociales.

Frente a la pregunta de qué formas creen que ellas resisten, no solo dentro de la escena del cine, Magdalena cree que, siendo negra, existir es resistir. Mostrar la realidad de la gente negra es resistir. Mientras que, para Maximiliano, el dejar de justificar la existencia, también es un acto de resistencia, frente a un mundo y una industria que, en ocasiones, solo quiere comercializar este tipo de historias.

Aunque ambas defienden y visibilizan causas diferentes, tienen más de un punto en común: el miedo, las dificultades de ser quienes son sin haberlo elegido, gritar por lo que les parece injusto y ponerlo a disposición del mundo entero. La valentía.

Quizás, lo comercial de este tipo de contenidos radica, justamente, en la necesidad de definirnos desde la mirada de otros y otras. Aunque la historia sea de las protagonistas desde su espacio de lucha y resistencia, el tener que visibilizar el sufrimiento a través de producciones que sean explícitas y reales, también significa poner la propia realidad a disposición de los y las demás. No obstante, los espacios se están abriendo, de forma necesaria, para dejar de presentar estos temas como algo nuevo y como una especie de justificación de la existencia y la resistencia. Esperemos estar cerca de la normalización de lo normal -valga la redundancia-.

 

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