Columna de opinión: Lotty Rosenfeld, una luciérnaga contra el totalitarismo 

 

Por Eduardo Taylor  

Lotty Rosenfeld fue una luciérnaga que iluminó la oscuridad en la que estaba sumergido nuestro país. Una oscuridad donde se torturaba, se censuraba, se mentía y se robaba. Una oscuridad que se adornaba con finos ropajes, con morales y buenas costumbres. Una oscuridad que incluso se adornaba con falsas luces de programas de televisión y festivales. Una oscuridad tan oscura en sí misma, que era incapaz de ver a una cruz pintada en la calle como una luciérnaga que la desafiaba.

Entre las fuertes luces industriales del incipiente Santiago neoliberal, luces que eclipsaban la vista para mirar la verdad, en el peladero de la avenida Kennedy la artista Lotty Rosenfeld se convierte en luciérnaga pintando un millar de cruces que pasan inadvertidas. “Ella hizo un trabajo de la resistencia marcado por la dictadura, muchos actuábamos desde el simulacro, desde la elipsis, tratando de burlar la censura de forma inteligente. Tratando de subvertir el lenguaje para crear obras que dentro del contexto de la dictadura fueran ilegibles para los milicos y legibles para otros”, declara Arturo Duclos, artista visual y amigo de la artista.

Los militares no podían entender lo que significaban esas cruces que aparecían en la mañana frente a las instituciones de poder. A pesar de que Chile en esos años tenía una fuerte tradición católica no entendían el sentido de la cruz, pero había otros que sí comprendían. Estos otros habían perdido a un familiar, no tenían pan o no tenían trabajo. Esos otros podían ver entre la oscuridad y toques de queda una luciérnaga que esperanzaba.

La luciérnaga se expandió, a ella acudieron Raúl Zurita, Diamela Eltit, Fernando Balcells y Juan Castillo fundado el grupo CADA (Colectivo de Acciones de Arte).  Y así sin que las autoridades lo sospecharan estos artistas repartieron leche en una población de La Granja con su intervención Para no morir de hambre en el arte. Haciendo alusión a Salvador Allende y su promesa de dar medio litro de leche a los niños. Promesa que el Estado de esos años dejó de lado.

Según Erich Fromm las formas de gobierno totalitarias surgen debido al miedo a la libertad. Este miedo conlleva a la creación de estructuras rígidas que priorizan la razón instrumental y los bienes materiales por sobre la humanidad y sus valores trascendentales.  El arte y los sistemas totalitarios siempre han estado en conflicto: “Hay, a lo menos, dos formas de arte, una forma estatal que compatibiliza con el despotismo y los estados totalitarios. Es lo que le da su unidad imaginaria al Estado. Y hay formas de arte emergente contestaria que tienen una relación no elogiosa con el Estado y sus instituciones (…) El juego del arte con las instituciones es parte de una astucia y parte de una irreductibilidad, el arte no es reductible al Estado. El Estado consolida las imágenes a su beneficio, a su poder. El impulso de las artes es un impulso por proponer órdenes nuevos o desordenes nuevos.” Declara Fernando Balcells amigo de Lotty Rosenfeld e integrante del grupo CADA.

Este impulso contestatario sigue vivo, lo podemos ver en gran parte de las pancartas y murales que han surgido desde el estallido social de octubre. Incluso en las intervenciones del grupo Delight Lab vemos directas influencias del trabajo de Lotty Rosenfeld como, por ejemplo “Somos +” o “No +”.

Las cruces siguen vivas, puede que la luciérnaga de Lotty Rosenfeld se haya apagado, pero de vez en cuando volverá. Pues su legado sigue con nosotros, acompañándonos, haciendo luciérnaga a las nuevas generaciones de artistas y activistas que luchan por construir un Chile más justo. Pues como dijo ella “Mi obra es una advertencia contra el autoritarismo y la explotación”.

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