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domingo, octubre 2, 2022

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Crítica de cine “Crimes of the Future”: Las vísceras expuestas de David Cronenberg

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Por Paula Frederick

“Cuando la especie humana se adapta a un entorno artificial, el cuerpo humano es objeto de nuevas transformaciones y mutaciones”. El postulado de la última película de David Cronenberg, Crimes of the Future, puede ser interpretado de diversas formas: como una fantasía distópica, el vaticinio de un futuro inevitable o incluso, una declaración de principios. Lo cierto es que no suena a una realidad ajena. Y, si hilamos más fino, ni siquiera cabría dentro de la categoría de ciencia ficción. La metamorfosis del ser humano, producto del vertiginoso avance de la técnica, la realidad virtual y la intervención artificial en todos los aspectos de la existencia, es un fenómeno real imposible de desconocer. A más de 20 años de ExistenZ, su última película del género body horror, y luego de películas que se alejaron de este género como Una historia violenta, Promesas del este, o Un método peligroso, el maestro canadiense vuelve a diseccionar la realidad a través de un cuerpo cinematográfico en la que podría ser su obra definitiva, o quizás una síntesis radical de sus más de 50 años de cine.

En un futuro cercano pero inclasificable, Tenser (Viggo Mortensen) es un artista que escenifica la metamorfosis de sus órganos en espectáculos de vanguardia, en los que cuenta con la colaboración de su compañera Caprice (Léa Seydoux). Tenser sufre del Síndrome de evolución acelerada, que provoca el crecimiento de nuevos órganos en el cuerpo. Estos son extirpados, registrados y estudiados por el Registro Nacional de Órganos, para evitar la formación de nuevos sistemas antinaturales en la fisonomía humana. Mientras una de sus funcionarias, Timlin (Kristen Stewart), se obsesiona con las prácticas de Tenser, aparece un grupo subversivo y misterioso, que busca revelar al mundo la próxima etapa de la evolución humana.

La figura de Tenser envuelta en una manta negra, mientras lleva el acto de exponerse a sí mismo a un nuevo nivel, nos remite a películas lejanas, a clásicos del horror y la fantasía, al origen del cine y también a la idea de futuro. La extensión tecnológica del propio cuerpo resalta la idea, vaso comunicante entre las películas de Cronenberg, de que el creador y el monstruo, la técnica y lo orgánico, la naturaleza y el artificio no son más que dos caras de la misma moneda. Y Cronenberg, cerebro y cuerpo cinematográfico, encierra todos esos conceptos en su propia deconstrucción, en los pedazos de sí mismo que ha ido dejando en cada una de sus creaciones.

La indagación en la transformación corporal alcanza aquí su máxima expresión, desde que el director plantea un mundo donde el ser humano ha perdido su capacidad de sentir dolor. Cronenberg dirige la exploración sensorial hacia un lugar desconocido, donde el exceso de artificialidad nos ha vuelto seres indolentes, incapaces de experimentar sensaciones extremas, ya sea sufrimiento, alegría o conexión emocional. Esa misma indolencia se transmite a través de las sesiones de Tenser, quien expone su cuerpo abierto frente a una audiencia, mientras le extirpan los órganos en vivo y él apenas deja entrever un cierto malestar. Así, a medida que la inmersión en el mundo propuesto por Cronenberg se hace más absoluta, el espectador arriesga también la indolencia, o una cierta indiferencia frente a lo que está presenciando. Es como si el director buscara mostrar, a través de la repulsión inicial y del acostumbramiento posterior, cuan rápido el ser humano puede adormentar sus juicios, sus sensaciones, entrar en la dimensión propuesta y dejar de sorprenderse con la realidad que lo rodea.

Mientras desarrolla la idea de “monstruosidad” como herramienta de seducción, Cronenberg lleva a sus personajes y al espectador a explorar sus propios límites físicos y emocionales. Aun así, la cinta se desarrolla de manera elegante, a fuego lento, sin exacerbar sus recursos ni su planteamiento visual, como una suerte de thriller o pieza de filme noir que se encuentra con el cine de denuncia y un mundo apocalíptico. A pesar de incluir todas las temáticas posibles y situarnos en una realidad donde el nivel del mar ha crecido, plagado de contenedores tóxicos, plástico en alimentos y barcos encallados, logra mantener la sobriedad en sus encuadres y fluye con naturalidad, sin caer en el peligroso terreno de la ambición desmedida. Cronenberg conoce mejor que nadie sus límites y fortalezas, y a través de su cine ha desarrollado una particular manera de expresar su visión de mundo, inquietante y polémica, pero al mismo tiempo contenida, sin desbordarse, fiel a su planteamiento inicial.

He ahí la maestría de su cine, que en Crimes of the Future alcanza su máxima expresión: el equilibrio entre el impacto de la imagen, la incomodidad del cuerpo expuesto y la sencillez primitiva de un postulado. Ese que ya ha rozado en sus películas anteriores y que ahora lleva más allá: ¿Qué es lo que define nuestra humanidad y hasta dónde estamos dispuestos a llegar con tal de mantenerla? Si dejamos de sentir dolor ¿seguimos siendo humanos?

Si Cronenberg no resuelve esas interrogantes, no importa demasiado. Su cine, así como El cine, nunca ha sido un arte absoluto, sino que un cuerpo orgánico que sostiene su esencia en la apertura de puertas, en los cuestionamientos suspendidos en el aire, en las vísceras que se exponen sin pudor. En la invitación a tomar plena conciencia de lo que estamos viendo, aunque nos provoque incomodidad o molestia. Ese artificio que nos aleje de la indolencia, para acercarnos a la magia.

Ficha Técnica

Título original: Crimes of the future
Dirección: David Cronenberg
Guion: David Cronenberg
Música: Howard Shore
Fotografía: Douglas Koch
Reparto: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart, Scott Speedman, Welket Bungué, Don McKellar, Lihi Kornowski, Tanaya Beatty, Nadia Litz, Yorgos Karamihos, Yorgos Pirpassopoulos, Denise Capezza, Ephie Kantza, Jason Bitter
Productora: Coproducción Canadá-Grecia-Reino Unido-Francia; Serendipity Point Films, Argonauts Productions S.A, Ingenious Media, Téléfilm Canada, Bell Media.
Año: 2022
Duración: 107 min.
País: Canadá
Disponible en www.mubi.com

 

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