Crítica de cine “Django: En el nombre del hijo”: Misión cumplida

 

 Por Miguel Borzutzky

Django es uno de esos personajes que se ven como esos padres bonachones. De buena siembra, que nunca le harían daño a nadie. Por su mirada, su barba larga y su pelo que llega casi a los hombros. Sin embargo, el personaje interpretado magistralmente por Giovanni Ciccia, es un delincuente que se encuentra en la cárcel y que sale de ella gracias a un gendarme, quien se da cuenta de que Django debe saldar cuentas y salvar a su hijo menor, Salvador, de las manos de un peligroso narcotraficante, apodado Tabique Doro, que trabaja mancomunado con un político corrupto llamado Jacobo Santa Fe.

Al liberarlo el gendarme uno se da cuenta de que la corrupción llega a todo nivel, pues Django estaba condenado a muchos años de cárcel por ser un peligroso asaltante de bancos. Pese a que un día antes, el mismo Santa Fe lo había visitado en la cárcel para ofrecerle a que se incorporara a un programa de reinserción social y fuera un aporte a la sociedad. Django es un “viejo zorro” y se las sabe por libro, conoce bien la calle y no caerá en la trampa de Santa Fe, que está bastante involucrado en el tráfico de cocaína y la trata de personas.

Django contacta a Petete, la mano derecha de Santa Fe, para poder rescatar a su hijo Salvador y a su nieto y, de alguna manera, poder vengar la muerte de su hijo mayor José, a manos de la madre del niño, llamada Magda (Stephanie Orué). Sin embargo, también requerirá de la ayuda de su gran amor, la “Chica Dinamita” (Melania Urbina) para lograr alcanzar sus objetivos y evitar que su segundo hijo y su nieto pierdan la vida.

Salvador, interpretado por el joven actor Brando Gallesi, ha estado en búsqueda de su hermano José y también quiere vengar su muerte. No obstante, Maco, un policía del Callao, que es como su padre espiritual, quiere evitar que ese mundo lo termine lastimando y busca soluciones impensadas. Así, se desata una serie de hechos que lo llevarán a él y a Django, por caminos similares en busca de justicia.

Sin embargo, Django tratará de evitar que su segundo hijo se involucre en esta búsqueda frenética por temor al cartel de droga de Jalisco.

Las interpretaciones del elenco están a un nivel superlativo. Todas son creíbles. Aunque fuera esta la tercera y filme final de la saga de Django, todos los actores logran un cometido extraordinario y dejan la sensación de satisfacción de que la misión ha sido cumplida.

A manos del director Aldo Salvini, director peruano (nacido en Lima en 1964) intercala su trabajo entre la televisión y el cine, tiene a su haber muchas series y ha ganado mucha experiencia a través de los años. Sus películas más destacadas fuera de la trilogía de Django son: El gran viaje del Capitán Neptuno (1991), La misma carne, La misma sangre (1992), Bala perdida (2001) y El caudillo pardo (2005).

El sello de Salvini, quien además escribió el guion de la película, está marcado por la realidad que muestra el submundo de la droga y la trata de persomas, la corrupción de los políticos y la delincuencia que se arma a través de las pandillas que se involucran en una guerra fratricida que parece no tener fin. Ciertamente toma elementos de lo que ocurre o ha ocurrido en los últimos cuarenta años en la sociedad peruana.

Lo que es muy interesante es cómo utiliza en el mismo guion la jerga de la calle a través de palabras como Chibolo (niño) o frases tales como: “¿Prefieres la selección o prefieres a Dios?”. Marcan un diálogo simple y real de lo que sucede en el submundo del Callao.

La fotografía a cargo de Micaela Cajahuaringa es relevante debido a que ella maneja muy bien los planos y ángulos con que consigue enfocar un filme de estas características, con muchos momentos oscuros y que al final cuando todo se despeja, vuelve a la luz. Ya había trabajado con Salvini previamente en la precuela Django: Sangre de mi sangre (2018) y también ha sido directora de fotografía en muchos cortometrajes y ahora lanzará Aura (2020) que está en posproducción.

La música no es ajena a este filme, constituyéndose en un componente esencial de la trama. Su compositora Karin Zielinski logra que la ciudad del Callao, en donde se desarrolla la trama se logre fusionar para que la última película de esta trilogía no desentone con respecto a sus precuelas, logrando que la banda sonora sea preponderante en todas las escenas dándole un tono de dramatismo y suspenso a este entretenido thriller policial.

Zielinski no es una desconocida para Aldo Salvini, porque ya habían colaborado en la precuela de esta cinta Django: Sangre de mi sangre. Ella también ha sido compositora de otros filmes como: El limpiador (2012), con el cual ganó el Premio a mejor banda sonora original en el Festival de Cine Internacional de Punta del Este en 2013.

Django: en el nombre del hijo es una película que deja un sabor agridulce porque a ciencia cierta es un reflejo bastante real de lo que ocurre hoy en Perú con la delincuencia, y también anida un sello de esperanza de que los forajidos pueden elegir el camino del bien si se les da la oportunidad, teniendo la voluntad y el coraje de cambiar para contribuir a la sociedad peruana.

Título: Django: En el nombre del hijo

Duración: 100 minutos

País: Perú

Año: 2019

Idioma: castellano

Género: thriller policial/suspenso

Producción: La Soga Producciones

Director: Aldo Salvini

Guion: Aldo Salvini

Música: Karin Zielinski

Fotografía: Micaela Cajahuaringa

Elenco: Giovanni Ciccia, Brando Gallesi, Melania Urbina, Sergio Galliani, Tatiana Astengo, Stephanie Orúe y Rodrigo Sánchez Patiño

Plataforma: Vimeo

Distribución: BF Distribution

 

 

 

 

 

 

 

 

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