Crítica de Cine “Dry Martina”: El título lo dice todo

Por Galia Bogolasky

“Dry Martina” es la nueva película del director chileno Che Sandoval, director de “Te creís la más linda” y “Soy mucho mejor que voh”.

La película narra la historia de Martina, una cantante argentina que alguna vez fue muy exitosa, interpretada por Antonella Costa. Ella canta en bares, y una noche llega a su casa en Buenos Aires Francisca (Geraldine Neary) quien dice que es su hermana junto a su pololo César (Pedro Campos). Martina ha perdido el deseo sexual por lo que al ver a César se siente muy atraída hacia él, y después de un breve encuentro ella decide ir a buscarlo a Chile.

En ese viaje suceden un par de desencuentros y situaciones que la vuelven a conectar con Francisca, quién insiste en que son hermanas y quiere comprobarlo. Ella necesita creer que comparte la misma sangre con su ídola. Mientras Martina sólo quiere estar con César, que le ha devuelto la líbido, Francisca la busca para rearmar la historia familiar.

La película se desarrolla en estas dos historias que van en paralelo; el inminente deseo que Martina siente por César, y la poco creíble historia de que estas dos mujeres son hermanas.

En la primera escena, cuando ella canta, ya se siente el peso sobre sus hombros, una mujer intrigante, carismática y muy atractiva. Esa primera toma es bellísima y marca un buen punto de partida, sobre todo cuando de la nada sale del bar con el micrófono en mano y se sube a un auto. Francisca la persigue y le dice que necesita hablar con ella. Es un comienzo prometedor, pero después todo se desinfla.

Martina lleva un tiempo sin sentirse satisfecha sexualmente, por lo que tiene una carencia que fácilmente se resuelve por sólo cruzar un par de palabras con un desconocido, mucho menor que ella, dónde no hay nada que indique que existe una tensión sexual entre ellos. Desde ese momento una buena historia se pierde y lo que podría ser una gran película en torno a una temática sobre la falta de deseo sexual en las mujeres, algo poco hablado y poco contado en el cine, no queda más que en la anécdota.

Es imposible no comparar esta historia con la serie británica “Wonderlust” que hablan sobre la misma temática, la falta de deseo sexual en un personaje femenino, también en tono de humor, pero logra un resultado totalmente opuesto, logra generar que al espectador le importe. En “Dry Martina” esa sensación no se produce, y el espectador queda totalmente impávido frente a lo que le ocurre a la protagonista.

La película se sustenta más que nada en el personaje de Martina, que se roba la película literalmente. Fue hecha para que Antonella Costa se luciera, no sólo actoralmente, sino que como sex symbol, lo que desde el punto de vista de un director hombre, queda como una imagen bastante sexista y estereotipada de la mujer empoderada sexualmente.

Lo mejor de la película es cuando los personajes no hablan, las escenas más contemplativas funcionan mejor, con una muy buena iluminación, con bellos planos y gran propuesta estética.

El guión es el gran problema, porque la historia no se logra sustentar, no tiene la suficiente fuerza para merecer un largometraje. Incluso en un corto podría haber funcionado y habría hasta dado risa, pero tanto minutaje para tan poco no se logra comprender. Ninguna de las dos tramas tiene mucho sentido ni son suficientemente potentes para ser contadas en una película. Podrían funcionar como un capítulo de una serie, pero no da para 90 minutos.

Los momentos de humor no son suficientes y tampoco hay romance, por lo que no podría describirla como una comedia romántica, por lo tanto ni el género queda claro.

“Dry Martina” es una película que lo dice todo a través de su título, el cuál es el mayor acierto. Es una mujer que está en un momento de baja líbido que trata de llenar los vacíos de su vida con cualquier cosa y con cualquier persona. La llegada de la nueva familia no convence y tampoco se logra desarrollar suficientemente por lo que no logra conmover.

El humor negro e irónico de Sandoval no se percibe en esta película, y los personajes se ven poco desarrollados y carentes de sentido.

“Dry Martina” es Martina, y es el lado más superficial de un personaje que podría haber llegado a ser un personaje icónico de la cinematografía latina, pero sin el suficiente desarrollo la historia queda blanda e insignificante.

Nos quedamos con una estética bellísima y una actriz argentina que funciona muy bien como una mujer sexy y atractiva, pero que no es suficiente para ser una película relevante.

 

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