Por Galia Bogolasky
Dos décadas después de que El diablo viste a la moda se convirtiera en un fenómeno cultural, su secuela, El diablo viste a la moda 2, llega a las salas con una promesa difícil de cumplir: revivir la magia de un clásico contemporáneo y, al mismo tiempo, dialogar con un presente profundamente distinto. Por muy altas que estaban las expectativas debido a la primera cinta, esta secuela no decepciona, todo lo contrario, nos sorprende.
Protagonizada una vez más por Meryl Streep (Priestly), Anne Hathaway (Andy), Emily Blunt (Emily) y Stanley Tucci (Nigel), la nueva historia reencuentra a las audiencias con los queridos personajes veinte años después, transportándolas nuevamente al sofisticado mundo de Runway, donde la periodista Andy Sachs regresa a trabajar bajo el mando de la icónica y temible Miranda.
Bajo la dirección de David Frankel, la película encuentra su mayor acierto en el contexto: la crisis de los medios y el declive del papel frente al auge digital, que funciona como el motor que impulsa el drama. Este enfoque le da a la historia un aire contemporáneo y evita que la secuela se convierta en un simple ejercicio de nostalgia.
El guion de Aline Brosh McKenna, logra desafiar con éxito el peso de ser una segunda parte, demostrando solidez en el relato. Con un logrado desarrollo de personajes y una temática potente relacionada con las exigencias del mundo laboral en un duro entorno periodístico actual, la cinta demuestra estar a tono con los tiempos.
El regreso de Miranda Priestly —interpretada nuevamente por Meryl Streep como si no hubiese pasado el tiempo— es, sin duda, la fuerza de la película. Su presencia magnética sigue siendo tan imponente como hace veinte años, pero ahora está matizada por una vulnerabilidad apenas insinuada que enriquece al personaje, demostrando los dolores de una mujer que puso su trabajo primero y que ya en su último capítulo en el mundo laboral, se da cuenta de sus errores, al dejar de lado la maternidad y la familia. En un mundo donde el periodismo impreso agoniza, Miranda ya no es solo la tirana elegante que dicta tendencias, sino también una líder enfrentada a la fragilidad de su propio imperio.
Andy Sachs (Anne Hathaway) regresa como una periodista exitosa, ganadora de premios, pero que es despedida junto a todo su equipo del medio en el que trabajan. Ese contraste es el que marca la cinta, y se presenta como punto de partida de la historia que se desarrolla en esta segunda entrega. Por mucho reconocimiento, trabajo y entrega, la situación laboral es compleja para los periodistas actualmente. En ese difícil contexto, a Andy le ofrecen volver a la revista que la vio nacer, Runway, con un cargo importante, pero siempre bajo la temida Miranda. Así, ambas figuras vuelven a encontrarse y a trabajar en dupla para lidiar con el desafío de sacar adelante a una revista de moda en plena crisis de los medios tradicionales.
El reencuentro con Emily Charlton (Emily Blunt) y Nigel Kipling (Stanley Tucci) suma dinamismo y humor, dos elementos que la película sabe explotar con eficacia. Blunt ahora trabaja en Dior, y mantiene esa ambición que la hizo destacar en la primera entrega. Tucci vuelve a aportar calidez en un entorno dominado por la ambición, con un rol relevante, siendo el que une las piezas que parecen no calzar.
En esta entrega aparecen personajes secundarios muy importantes; La asistente de Miranda, interpretada por la impecable Simone Ashley, funciona perfecto como una mujer que le pone límites a la directora de la revista sobre los códigos actuales, controlándola para que no se le escapen comentarios que ya no se permiten. El maltrato laboral, que en la primera entrega fue determinante en la trama, en esta oportunidad demuestra que está obsoleto. La sociedad ha cambiado, el lenguaje ya no es el mismo y se observa que en el año 2026 simplemente hay cosas no están permitidas.
Otro gran secundario es Justin Theroux, que se pone en la piel del excéntrico magnate Benji Barnes, logrando un personaje bastante llamativo, un millonario que quiere comprar la revista, pero que no tiene idea sobre el rubro de la moda ni el negocio de los medios. Lucy Liu interpreta a Sasha Barnes, una inalcanzable figura que es imposible de entrevistar, y que Andy Sachs lo logra, generando la confianza de Miranda. Kenneth Branagh es Stuart, un violinista, pareja de Miranda, que significa un apoyo importante y contención emocional para esta mujer despiadada.
Este desfile de famosos no se detiene ahí. Lady Gaga aparece actuando como ella, como una cantante famosa que es crucial para la trama y logra una impresionante performance que logra elevar más aún la sofisticación de la cinta.
Visualmente, la película cumple con creces: el vestuario a cargo de Molly Rogers vuelve a ser protagonista, desplegando un espectáculo que deslumbra, sobre todo a los amantes de la moda, con la presencia de prendas icónicas, como un clásico abrigo de Dios que luce Miranda, y otras piezas muy elegantes, con líneas finas, atemporales y siempre hermosas que lucen todos los personajes, cada uno con su propio estilo. Esta abundancia estética es una parte esencial de la cinta, lo que la hizo tan atractiva hace 20 años y que nos vuelve a deleitar con cada propuesta.
El diablo viste a la moda 2 es una secuela consciente de su legado. No intenta reinventar la historia, sino actualizarla. Jamás va a superar la primera, pero logra algo que parecía imposible; cautivar, sorprender y encantar de igual modo ofreciendo un reencuentro satisfactorio con personajes que, evidentemente, no han perdido su capacidad de fascinar. Para quienes les marcó la cinta original, la película funciona como un espejo del paso del tiempo: elegante, nostálgica y totalmente fascinante.
Ficha técnica
Título original: The Devil Wears Prada 2
Año: 2026
Duración: 120 min.
País: Estados Unidos
Dirección: David Frankel
Guion: Aline Brosh McKenna. Novela: Lauren Weisberger
Elenco: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Kenneth Branagh, Justin Theroux, Lucy Liu
Producción: Wendy Finerman
Producción ejecutiva: Michael Bederman, Karen Rosenfelt y Aline Brosh McKenna.
Distribución: Cinecolor
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