Crítica de cine “En el camino”: Equilibrio entre crudeza y ternura

Por Juan Marín

El título En el camino establece una referencia evidente a On the Road, la célebre novela de Jack Kerouac. Al igual que los personajes de la Generación Beat, los protagonistas de David Pablos son seres fracturados, almas heridas que encuentran en el otro una posibilidad de refugio y redención. Kerouac escribió que “no teníamos dirección, nos limitábamos a avanzar porque el camino es la vida”, una idea que dialoga de manera precisa con esta extraordinaria película. Sin embargo, mientras que en la novela el viaje se vincula con la búsqueda de la libertad, la autenticidad y una experiencia casi espiritual de la existencia, inquietudes asociadas al desencanto de la juventud burguesa estadounidense de posguerra, en la obra de Pablos el desplazamiento por las carreteras mexicanas aparece marcado por la violencia estructural, la precariedad económica y la exclusión social. La película reinterpreta así el imaginario beatnik desde una realidad mexicana mucho más áspera, donde el movimiento deja de ser una elección romántica para convertirse en una condición de supervivencia.

A lo largo de su filmografía, David Pablos ha demostrado un interés constante por explorar realidades incómodas y espacios tradicionalmente invisibilizados. Ya lo había hecho con notable contundencia en Las elegidas, donde abordaba la trata de mujeres y la explotación sexual. Tanto allí como en En el camino, el director exhibe una notable capacidad para representar la violencia sin caer en su espectacularización. Su mirada privilegia la intimidad y el humanismo por encima del impacto fácil, apoyándose frecuentemente en el uso consciente del fuera de campo. Se trata de un cine profundamente arraigado en la realidad, pero en aquella realidad incómoda que muchas veces la sociedad preferiría no mirar. En ese sentido, su obra dialoga con una tradición fundamental del cine mexicano, aquella que va desde Los olvidados de Luis Buñuel hasta El lugar sin límites de Arturo Ripstein, películas que confrontan al espectador con los márgenes sociales y con las heridas históricas de México.

La trama sigue a Veneno, un joven errante que sobrevive vendiendo su cuerpo a camioneros en las carreteras del norte mexicano. Su encuentro con Muñeco, un camionero que pasa las noches recorriendo rutas interminables, dará origen a una relación tan inesperada como profunda. A medida que ambos avanzan por la carretera, los fantasmas del pasado de Veneno comienzan a emerger, amenazando con destruir el precario equilibrio que han construido.

Uno de los aspectos más fascinantes de la película es la forma en que deconstruye las representaciones tradicionales de la homosexualidad dentro de espacios hipermasculinizados. El universo de los camioneros, habitualmente asociado a códigos rígidos de masculinidad, se convierte aquí en un territorio donde deseo, vulnerabilidad y afecto pueden coexistir. Pablos evita presentar a sus personajes como cuerpos ajenos a esa cultura, por el contrario, forman parte integral de ella, comparten sus gestos, sus códigos y sus formas de habitar el mundo. La película pone en evidencia las tensiones homoeróticas latentes que muchas veces atraviesan estos entornos marcados por el machismo, pero lo hace desde una perspectiva empática y compleja, lejos de los estereotipos o simplificaciones que con frecuencia afectan a ciertas representaciones cinematográficas de la diversidad sexual.

Es, además, una película de una poderosa materialidad. Hay obras que parecen poder olerse, y esta es una de ellas. El polvo de las carreteras, el sudor acumulado tras jornadas interminables, el desgaste de la ropa, el olor a bencina, el sexo y el asfalto impregnan cada plano. La puesta en escena posee una cualidad casi táctil que trasciende la pantalla. Pablos construye una experiencia sensorial de enorme intensidad, donde la textura visual se funde con el paisaje físico y emocional del México rural.

Dentro de este registro predominantemente realista, la película incorpora momentos de carácter onírico que introducen una dimensión cercana al realismo mágico. Los recuerdos y los flashbacks irrumpen como fragmentos de memoria que suspenden momentáneamente la dureza del presente. En algunos pasajes resulta inevitable pensar en la atmósfera inquietante de Carretera perdida de David Lynch, mientras que en otros surgen ecos de obras como My Own Private Idaho de Gus Van Sant o Midnight Cowboy de John Schlesinger, películas que también exploran personajes inadaptados y afectos surgidos en los márgenes de la sociedad.

Quizás uno de los mayores logros de la obra sea el delicado equilibrio que establece entre la crudeza y la ternura. A pesar de lo duro de las situaciones que retrata, la película nunca pierde de vista la humanidad de sus personajes. Más admirable aún es que evita caer tanto en el sensacionalismo como en la pornomiseria, un riesgo frecuente en ciertas representaciones contemporáneas de la marginalidad en el cine mexicano. Pablos observa estas realidades sin romantizar la violencia ni convertir el sufrimiento en espectáculo. Incluso en los momentos más hostiles siempre existe espacio para la intimidad, el afecto y la memoria.

Las escenas sexuales constituyen otro de los elementos centrales del relato. Aunque en numerosas ocasiones el sexo aparece como una actividad mecánica, sujetada por relaciones de poder y dominación, los encuentros entre Veneno y Muñeco adquieren una dimensión completamente distinta. Allí emerge una intimidad genuina, marcada por el cuidado mutuo y el aprecio. Filmadas con una honestidad poco habitual, estas secuencias poseen una intensidad física notable y resultan plenamente coherentes con el universo que la película construye. La sexualidad no funciona como un elemento accesorio, sino como un lenguaje emocional mediante el cual dos individuos profundamente solos intentan reparar sus heridas.

Las interpretaciones constituyen uno de los pilares fundamentales de la película. La química entre los actores que dan vida a Veneno y Muñeco resulta esencial para sostener la intensidad emocional del relato y dotar de verosimilitud a la relación que se construye entre ambos personajes. Mención especial merece el trabajo de Víctor Prieto Simental, quien realiza aquí su debut cinematográfico en el papel de Veneno. Su interpretación destaca por la naturalidad con la que combina vulnerabilidad, carisma y una notable entrega actoral, aportando profundidad a un personaje complejo y enfrentándose con seriedad a escenas de gran exigencia. Su presencia en pantalla revela un talento poco común y lo convierte, sin lugar a dudas, en una de las grandes revelaciones de la película.

Como road movie, En el camino subvierte muchas de las convenciones tradicionales del género. Aquí la carretera deja de ser un espacio de liberación existencial para convertirse en un territorio marcado por la amenaza constante. En el contexto del norte mexicano, las rutas aparecen marcadas por la violencia, el narcotráfico y la incertidumbre. El viaje ya no responde al deseo de descubrir el mundo, sino a la necesidad de sobrevivir en él. En ciertos momentos pueden percibirse similitudes de Y tu mamá también de Alfonso Cuarón, aunque desde una perspectiva considerablemente más provocadora, incómoda y radical.

Resulta especialmente valioso que una obra de estas características encuentre un espacio dentro del circuito comercial. Transgresora, conmovedora y emocionalmente devastadora, En el camino se erige como una de las propuestas más poderosas del cine latinoamericano reciente. Su impacto ha sido ampliamente reconocido: obtuvo el premio a Mejor Película en la sección Orizzonti del Festival de Venecia y también el Queer Lion, galardón que distingue a la mejor película con temática LGBTQIA+ presentada en el certamen.

La película forma parte del ciclo especial organizado por Cinépolis con motivo del Mes del Orgullo, compartiendo programación con títulos tan destacados como Happy Together de Wong Kar-Wai, la producción chilena La misteriosa mirada del flamenco y la cinta animada Lesbian Space Princess. Más allá de ser uno de los títulos imprescindibles de este ciclo, En el camino se posiciona como una de las películas más relevantes no solo del mes, sino también del año. Una obra de enorme sensibilidad y contundencia que confirma el excelente momento creativo en el que está el cine latinoamericano contemporáneo.

Ficha técnica:

Título original: En el camino 

Año: 2025

Duración: 93 min

País: México

Dirección: David Pablos

Guion: David Pablos

Reparto: Víctor Prieto, Osvaldo Sánchez

Distribución: Cinépolis

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