Crítica de cine “Historia de mi nombre”: El dolor de la memoria

 

Por Valentina Gilabert

Es un día nublado y frío cuando la casa se incendia. Karin y su familia alcanzan a salir antes de que el fuego lo consuma todo. Los recuerdos se pierden entre el humo y las cenizas, pero con ello aparecen otras cosas. Preguntas, inquietudes, la evocación de una foto que se conecta con alguien del pasado. Karin Eitel, una mujer torturada en dictadura, es a quien la directora del documental le debe su nombre. Es gracias a ella y lo que su imagen representa que comienza a construir este ejercicio de memoria y develamiento tan personal y colectivo a la vez.

Historia de mi nombre es la ópera prima de la cineasta y productora chilena Karin Cuyul. Su participación en los rodajes del cortometraje La Isla, de Dominga Sotomayor y Katarzyna Klimkiewicz, y La Visita, de Mauricio López Fernández, junto a otras experiencias internacionales, le ayudan a cimentar el camino para co-fundar en 2016 Pequén Producciones junto a Joséphine Schroeder. Historia de mi nombre es el primer estreno de la productora y tuvo su premiere mundial en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam 2019 donde se le otorga la mención especial del jurado Bright Future. Actualmente se encuentra disponibe para ver en Red Salas Cine Chile.

“Todo se vuelve confuso en esta parte. Las imágenes no son claras”, dice la voz de Karin al recordar el incendio, pero lo que afirma no tiene que ver solo con ese momento. Tal efecto de lo difuso aparece y no se va, al menos hasta que ella comienza a buscar respuestas. Lo complejo es encontrarlas cuando quienes pueden hablar de aquello no quieren hacerlo. Los padres de Karin guardan silencio porque así lo prefieren, o quizás porque el ejercicio de la memoria es doloroso, tanto que muchas veces lo vivido no se quiere asumir. Es en ese escenario que Karin comienza a revisar archivos ajenos, buscando algo sin saber bien qué. Videos de viajes, reuniones, encuentros escolares, incluso cartas. Todo lo que pueda servir para traer de regreso su historia. “No estoy segura si esto es un recuerdo o un relato aprendido de memoria”, dice en algún momento, como si su pasado estuviera encriptado, como si de alguna forma no le perteneciera.

En esta búsqueda Karin recorre Chile y viaja a la Antofagasta de sus primeros años buscando encontrarse. Por eso va a su antiguo colegio, a las calles que recorría cuando chica y se acerca al mar que tanto ama con la esperanza de que existiesen recuerdos de sí misma. También visita lugares deshabitados, como si eso la ayudara a estar más cerca de su pasado. “No sé qué estoy haciendo buscado en ruinas que no me dicen nada”, asegura, pero lo cierto es que en ese viaje no solo revisa su historia, sino también la historia de un país, que permanece y persiste en ese paisaje desértico que no se muere. Porque lo quiera o no, ese pasado atestado de dolor también está en su memoria.

Karin Eitel es arrestada, interrogada y torturada durante la dictadura chilena y, como si fuera poco, expuesta bajo estas condiciones en televisión abierta poco antes del plebiscito de 1988. Los padres de Cuyul se enteran por una revista opositora de lo que había ocurrido. Su madre no lo piensa dos veces y decide que su hija debe llamarse de la misma forma. Años después, en un viaje familiar, se encuentran en el camino con un hombre mayor y conversando con él sus padres se emocionan. Antes de irse, el señor pide tomarle una foto a la niña, y en ese entonces la pequeña Karin se entera que el nombre que lleva se lo debe a la hija de ese señor. “A veces pienso que no hubiéramos encontrado al papá de Karin Eitel ese día en Agoní, yo no estaría buscando nada”, recuerda.

Lo complejo es que sus vidas, las de esas dos Karin, están más conectadas de lo que pareciera. De ahí deviene el silencio de sus padres, en especial de su madre negada a recordar. Cada vez que Karin parece descubrir algo, ella le hace saber que no va por el camino correcto. Pero ¿existe realmente ese camino cuando nos enfrentamos a nosotros mismos? Asumir la vida que se lleva y las decisiones que se toman en el pasado no es fácil, y menos aun cuando ello ha traído tanto dolor. Por eso es entendible que su madre reaccione de esa manera, porque dado un punto hay cosas que no quiere o no necesita recordar. A pesar de eso, Karin no se rinde en esa búsqueda y viaja. Recorre Chile de norte a sur para recuperar esos pedacitos de su historia, recopilando en ese ejercicio imágenes que entrelaza desordenadas, como los recuerdos mismos, como la historia de su familia y de su propio nombre.

Historia de mi nombre es un documental honesto y delicado que se construye desde un deseo muy genuino y una pregunta que de seguro más de alguien se ha hecho: ¿cuál es mi historia? Conocer la historia familiar, reconocerse en ella, es fundamental para comprender de una manera lo que se es en el presente, lo que apasiona a cada persona y lo que le provoca dolor. Por eso el trabajo de Karin Cuyul es tan destacable. Porque a pesar de no cerrar o desarrollar todos los temas que aborda, permite al espectador entrar en una espacio de intimidad que se proyecta como reflejo de una historia que es personal, pero que innegablemente se acerca mucho a la historia de un país.

Título: Historia de mi nombre

Género: documental

País: Chile/Brasil

Año: 2019

Duración: 78 minutos

Director: Karin Cuyul

Producción: Ana Alice de Morais, Dominga Sotomayor, Joséphine Schroeder

Casa productora: Cinestación, Pequén Producciones, 3 Moinhos (Brasil)

 

 

 

 

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