Por Ignacia Pezoa
No puedo imaginar un mejor momento que éste para estrenar Insaciable (Saccharine en su idioma original) en el que los cuerpos flacos hasta los huesos son tan deseados y celebrados. Si bien hace menos de una década el discurso era en torno al body positive y a aceptarse a una misma tal cual es, el poder pagar “ser delgada” se impuso por sobre toda la poética del cuerpo real.
La cultura de la dieta y los métodos “trampa” para adelgazar no son nuevos, de hecho, el término heroin chic surgió en los noventa para hablar de cuerpos tan delgados – pálidos y ojerosos también – que simulaban un consumo problemático de drogas. Sin embargo, la llegada del Ozempic hace un par de años cambió el juego para siempre. Insaciable se instala en este panorama y lo vuelve en una increíble producción para las amantes del body horror y los primerísimos primeros planos grotescos.
Escrita y dirigida por Natalie Erika James, la historia sigue a Hana, una joven estudiante de medicina que está obsesionada con su imagen y que tiene un trastorno de la conducta alimenticia que afecta por completo su día a día. En la búsqueda de métodos para bajar de peso, se encuentra con una amiga que la persuade para seguir el mismo tratamiento que ella con unas pastillas costosas de dudosa procedencia que en poco tiempo van a lograr una transformación brutal.
Hana le recibe las pastillas y decide analizarlas para descubrir un macabro secreto: el medicamento está, en su mayoría, compuesto por cenizas humanas. Su obsesión por tener un cuerpo delgado le nubla el juicio completamente y para continuar con el tratamiento, pero sin pagar su elevado costo, comienza a fabricarlas ella misma con un cuerpo real que tienen en su facultad para realizar autopsias.
Este cuerpo tiene una particularidad, eso sí. Es de una mujer obesa. Hana consume las cenizas de los huesos robados de esta mujer y al poco tiempo comienza a sentir su presencia de manera siniestra, como un fantasma encarnado en el cuerpo de la mujer obesa. Así, cada vez que Hana siente hambre, la atormenta esta aparición y la obliga a comer hasta que desaparezca.
El fantasma es buenísimo, no solo porque es primera vez que veo una aparición fantasmagórica obesa en la pantalla, sino porque aparece sólo en reflejos convexos (como una cuchara o la tetera) y sigue completamente la idea de la comida y los utensilios que se usan para prepararla y comerla. Además de ese detalle, los efectos especiales son asombrosos y provocan verdadero asco al ver tanto las tripas como la comida. Es un revoltijo de guata asegurado.
Sin embargo, la película se va llenando de metáforas que no logran cerrarse del todo y se demora mucho en llegar al clímax, y mucho más en llegar al final. Buscando la mejor analogía con la comida, el filme es un gran festín de ideas interesantes que se van acumulando y después no da tiempo para digerirla, hay que tragar todo de una sola vez porque ya se acaba la hora de almuerzo.
Da la sensación de que, aunque haya una clara crítica – o al menos una fuerte exposición en contra – hacia los métodos “trampa” para bajar drásticamente de peso, la postura en cuanto al gran problema de fondo no está tan marcada. Quiero decir, hay un castigo constante por parte de su entorno (familia, amigas) hacia la protagonista por querer bajar de peso y por no bajar de peso al mismo tiempo; la única persona que está feliz con su cuerpo gordo resulta ser una especie de comic relief para la historia; cuando se habla de body positive siempre es en un tono sarcástico. Una postura más marcada hubiese hecho la diferencia con estas metáforas que no logran desarrollarse por completo.
Cabe señalar que no es casualidad que esta cinta recuerde a otras películas como La Sustancia (2024), Titane (2021) o Raw (2016), que también retratan de manera grotesca la experiencia femenina desde la mirada de directoras mujeres. Natalie Erika James se suma a directoras como Coralie Fargeat y Julia Ducournau en esta nueva ola del body horror que denuncia la violencia estética y las presiones patriarcales a través de la mutación o destrucción del cuerpo.
Es interesante ver en tiempo real ver hacia dónde está dirigiéndose el horror social y cómo aborda temáticas que cada vez parecen más urgentes de exponer y discutir. Insaciable es una película que llega a posicionarse como una de las producciones que le está dando forma a este creciente género y que, a pesar de no tener una postura tan definida, logra exponer una problemática actual de la manera en que más disfrutan los amantes del terror: siendo visceral y perturbadora.
Ficha técnica
Título original: “Saccharine”
Dirección: Natalie Erika James
Guion: Natalie Erika James
Montaje: Sean Lahiff
Música: Hannah Peel
Producción: Natalie Erika James, Anna McLeish, Sarah Shaw
Reparto: Midori Francis, Madeleine Madden, Danielle Macdonald
País: Australia, Finlandia
Año: 2026
Duración: 113 minutos
Género: Terror
Distribución: Diamond Films
Estreno en Chile 27 de agosto
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