Crítica de Cine “La balada de Buster Scruggs”: Mantiene el estilo característico de los Coen: El humor negro, un guión consistente y personajes taciturnos que nos regalan líneas memorables.

Por Karina Solórzano

Llama la atención la forma en la que está cambiando la distribución de las películas, en los últimos meses varias de las más sonadas se pueden encontrar en la plataforma de Netflix (como el caso de “Roma” o “Happy as lazzaro”) esto es algo que tal vez moleste a los puristas, pero sin duda abre la posibilidad de encontrar nuevas formas de interacción por parte de nosotros como espectadores (como el interesante capítulo de la serie “Black Mirror”: “Bandersnatch”). La nueva película de los hermanos Coen es otro de los títulos que se distribuyeron de manera exclusiva en la plataforma, se trata de “La balada de Buster Scruggs” conformada de seis historias ambientadas en el Viejo Oeste.

“La balada de Buster Scruggs”, mantiene el estilo característico de los Coen: el humor negro, un guion consistente y personajes taciturnos que nos regalan líneas memorables. Si en “Miller’s Crossing” (1990) exploraban el género del cine negro para reinterpretarlo, en “La balada…” toman el western clásico, ese que tan bien explotó Sergio Leone, para mostrar el lado salvaje de sus personajes. En la película hay violencia, ambición, muerte y crueldad, pero también se divisa la aparición del azar, un elemento que es indispensable para el humor negro.

En su aspecto visual la película tiene unos planos generales muy bellos, con paisajes de lugares como Nebraska, Nuevo México y Colorado, este elemento, unido a la ambientación y elección de color es uno de los grandes logros que ha resaltado la crítica por encima de la coherencia de sus historias, en efecto, algunas son más ágiles que otras, pero para mí no es un defecto del guión sino una manera de adecuar la trama a la edición.

De esta forma, “La balada…” puede pasar de la violencia y el humor de la primera historia con la que comparte el nombre a la lúgubre mala pasada del capítulo “Meal Ticket” en donde un empresario y su artista, un joven sin piernas ni brazos que recita textos clásicos en una presentación nocturna, van de pueblo con la mala fortuna de recaudar cada vez menos dinero. En este capítulo se pone muy de manifiesto una de las citas que se mencionan al interior de la película: “ninguna muerte es accidental” para hacer hincapié en ese absurdo que permea toda elección humana y que demuestra que la idea libertad es una ilusión, de ahí que se le reconozca la influencia de filósofos como Albert Camus.

Al final, la película como las historias de los filósofos existencialistas (para retomar la comparación) no se limita a ser complaciente con una moraleja, sino que crea un todo estado de ánimo: en algunos puede ser pesadumbre, en otra satisfacción. Pero siempre acorde con esa sensación que nos recuerda la figura del cowboy: un hombre solitario frente a las solitarias y llanas arenas.

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