Por Florencia Ponce Allende
Hay historias tan importantes y significativas que merecen ser contadas y aún más, escuchadas, sobretodo en tiempos álgidos donde las circunstancias ponen en riesgo nuestras creencias y fortaleza. Tal tipo de historia es la que nos trae la directora y guionista Julia Jackman, quien toma la premisa original de la novela gráfica Las 100 noches del deseo de Isabel Greenberg, para introducirnos en las profundidades de un mundo onírico de fantasía, que a través de la metáfora y el simbolismo nos cuenta una historia que trasciende el tiempo y el espacio.
La historia sigue a Cherry (Maika Monroe), una esposa perfecta, símbolo de pureza y virtud, que mantiene una estrecha relación con su criada Hero (Emma Corrin), una mujer meticulosa y astuta que acompaña a Cherry en su infeliz vida de casada. Esto, dada la imposibilidad de engendrar un heredero, hecho por el cual es culpada, poniendo su vida en peligro. Sin embargo, la culpa es de su esposo quien no presenta ningún interés por comprometerse al ejercicio nupcial, con ella o con cualquier mujer. Es en ese escenario que aparece el personaje interpretado por Nicholas Galitzine, Manfred, un seductor hombre y amigo del esposo de Cherry, que pide asilo en su castillo, amenazando la virtud de ella a partir de una frívola apuesta. Confundida y escandalizada por las insinuaciones de Manfred, Cherry pode ayuda a su leal criada, para evitar incurrir en algún acto indecoroso, para lo cual Hero ofrece contar una historia cada vez que ella se sienta incómoda en la presencia del varón. Es así que transcurren 100 confusas noches. Noches que develaran secretos y deseos ocultos e inesperados.
Es a partir de esta historia, entretenida y dinámica, narrada en código de fábula y con una cuidadísima puesta en escena y propuesta estética, que se nos empiezan a desvelar conceptos cruciales para entender el fondo de la historia. En primer lugar, la idea del compañerismo femenino, la lealtad y la incondicionalidad, y cómo la transparencia de estos vínculos puede generar un cambio en nuestro entorno, sobre todo cuando surgen desde la adversidad y la persecución. Esto ya que las mujeres en este mundo medieval de fantasía, son constantemente juzgadas como un elemento que genera desconfianza y recelo, a las cuales se subestima y mantiene reprimidas, disponibles para ser culpadas de cualquier infortunio. Es así que son blanco de todos los “castigos divinos”, que envía un dios claramente construido según códigos masculinos, al cual llaman “Birdman”. Pero, a pesar de esto, se encarna en la relación de Hero y Cherry una solidaridad implacable, que las lleva a unirse incluso de forma más profunda, llegando incluso a formar, hacia el final del largometraje, una relación romántica.
Esta unión se puede interpretar mucho más allá de los códigos simplistas de relaciones representadas en el cine. Y es que una vez terminada la película, y habiendo procesado los hechos retratados podemos entender que, más allá de todo deseo carnal y las ganas de experimentar de Cherry, existe un trasfondo que profundiza en los sentimientos fuertes que despierta Hero en ella, ya que es la única persona alrededor de Cherry que realmente la considera y le ofrece dimensión a su vida, motivándola a explorar la vida más allá de lo establecido, acompañándola en todo el proceso desde una lealtad propia femenina.
Siguiendo la idea de lo “propio femenino” deviene el siguiente concepto y el más central en todo el film, las historias. Las historias como un elemento vivo, que se teje y se transmite de mujer en mujer, a través de la narración. Y es que desde tiempos inmemoriales las mujeres hemos aprendido de nuestra naturaleza, no necesariamente desde la ciencia o la religión, sino a partir de otras mujeres de nuestra vida. Específicamente a partir de las historias que nos han compartido y desde las cuales hemos supeditado, en mayor o menor medida, nuestra propia vida. Tal es el caso de Hero, heredera de un conocimiento atesorado de generación en generación, que humildemente transmite posteriormente a Cherry.
Finalmente, el detalle más valorable de la película es la forma en la que nos plantean la conexión, entre el saber leer y escribir con la brujería. Y es que claramente el conocimiento nos libera, y ha permitido a lo largo de los años la emancipación femenina. Sin embargo, en esta historia se nos presenta de forma cómica la manera en la que este conocimiento afecta al varón de la narración. Manfred, al escuchar las historias de Hero noche tras noche, comienza a perderse en el espacio y el tiempo, sin poder llevar un registro de los días que han pasado, como preso de un hechizo que ha afectado su psiquis. Pero nunca sabemos si realmente estás mujeres narradoras poseen habilidades ocultas, hasta donde sabemos, solo cuentan historias, escriben y leen, ávidas de conocimiento. Entonces es interesante ver como a través de estos elementos propios de la historia narrada, podemos observar algo que, como mujeres, hemos experimentado muchas veces; la forma en la que algunos hombres se ven disminuidos y confundidos, incluso espiritualmente, cuando una mujer demuestra libremente su astucia e intelecto.
Definitivamente Las 100 noches del deseo, es una historia que a través del código de la fábula y de una belleza cinematográfica, casi teatral, nos adentra en un mundo de fantasía con mucho potencial inexplorado en esta ocasión. Presentándonos razonamientos muy atingentes a nuestro contexto actual, de una forma liviana y cómica, sin necesidad de profundizar mucho y dejando hartos elementos incompletos, para ser completados por los espectadores.
Ficha Técnica
Título Original: 100 Nights of Hero
Dirección: Julia Jackman
Guion: Isabel Greenberg, Julia Jackman
Reparto: Emma Corrin, Maika Monroe, Nicholas Galitzine
Año: 2025
Duración: 91 min
Distribuidora: BF distribution
Estreno en salas: 11 de junio, 2026
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