Crítica de cine “Like someone in love”: Un reflejo en la soledad

Por Valentina Gilabert

Casi una década ha pasado desde el estreno de Like Someone in Love en el Festival de Cannes, tiempo suficiente para que el trabajo del director iraní Abbas Kiarostami (Copia Certificada, El Sabor de las Cerezas) ingresara al salón de aquellas películas que tienes que ver. Si bien, desde su primera exhibición ha ganado algunos detractores, nadie podría negar lo que el filme provoca: un sentimiento apacible que al mismo tiempo convive con la nostalgia y la soledad.

Akiko (Rin Takanashi) es una joven estudiante de sociología que trabaja como prostituta en Tokio para pagar sus estudios. Su novio, extremadamente posesivo y celoso, no lo sabe. Su familia tampoco. Un día cualquiera, su jefe le dice que tiene que ir a ver a un cliente que para él es muy importante. Akiko no quiere hacerlo, pero accede de igual manera. Entonces conoce a Takashi Watanabe (Tadashi Okuno), un profesor universitario que trabaja como traductor, con quien inmediatamente iniciará una relación cercana y familiar.

“No hay día en que pase sin que me digan que me parezco a alguien”, le dice Akiko a Watanabe cuando se conocen. La conversación surge a raíz de un cuadro que el profesor tiene colgado en el living de su casa. La joven se parece a la protagonista del cuadro, pero también a la hija y esposa del hombre que fue a visitar. Lo sabe por las fotos que ocupan lugar en los muebles de la casa. También por la forma en que él la mira, con cierta nostalgia e incluso cariño. Entre esas cuatro paredes, Akiko le cuenta que su tío le dijo de pequeña que él había pintado ese retrato para ella, que era la protagonista del cuadro. Akiko se da cuenta de la mentira al toparse con el original, años después, en un museo de la ciudad y entonces deja de ser esa otra persona, la del cuadro, la joven que en realidad nunca fue.

Este juego de apariencias es clave para la forma en que Kiarostami desarrolla la historia. Los reflejos son protagonistas de varias de las escenas, como una manera de mostrar siempre las dos caras de una misma moneda. El reflejo de una intimidad, pero también de una sociedad. Los protagonistas se mueven en un Tokio lleno de luces y movimiento que, a la vez, se contradice con su melancolía y carencia. Que el director iraní haya decidido desarrollar esta historia en Tokio no es casualidad. Recorrerla desde esa dualidad permite que el viaje sea una belleza, sobre todo cuando el tránsito ocurre de noche. El reflejo de las calles repleta de colores en el vidrio del auto y una mirada que lo dice todo. Transmite más emociones de las que se puedan sentir. Lo mismo ocurre en una película que parece haber inspirado estas escenas de tránsito. En Lost In Translation (Sofia Coppola, 2003) Charlotte y Bob, protagonizados por Scarlett Johansson y Bill Murray, viajan por Tokio arriba de un taxi. Mientras Bob descansa en el vaivén, Charlotte mira y aprecia cada movimiento que ve allá afuera. Lo hace con cierta emoción, pero también con la vista perdida porque, se quiera o no, ese es el sentimiento que la ciudad genera.

La nostalgia que provoca también está en la historia personal de Akiko y Watanabe. Ambos personajes se sienten, de una u otra forma, abatidos por la soledad, porque como sea que sus vidas ocurran, se sienten solos. Watanabe quedó viudo y tras eso su hija no ha regresado para visitarlo. En el caso de Akiko, se encuentra atrapada en una relación violenta donde la mentira se ha vuelto una constante, su única forma de escapar. Esa mentira, que también se replica en términos familiares, ha provocado esa carencia, falta de cariño, y por eso la presencia de Watanabe se transforma en algo tan importante en su vida. Por fin se siente protegida y, precisamente, por alguien que busca hacerlo.

Like Someone in Love habla de la soledad porque es un tema necesario de hablar. Lo fue en 2012 cuando la película fue estrenada y lo sigue siendo ahora. Basta pensar en El Agente Topo de la directora Maite Alberdi (El Salvavidas, La Once), película que ya ha ganado varios premios y que entró en la carrera por los Oscar. El documental, que trata de un hombre de 83 años que es contratado como espía para vivir en una residencia de adultos mayores y así investigar sobre un posible maltrato de una de las residentes, es de una u otra forma el perfecto retrato del abandono hacia la tercera edad. Con un tono esperanzador la película muestra cómo se acompañan mutuamente, sin embargo queda en evidencia la soledad en la que viven.

¿Cómo es morir en soledad? Japón es un país donde cada vez se replica más el abandono, sobre todo en la ancianidad. Los hijos ya no visitan a sus padres y estos fallecen en completa soledad. Nadie los echa de menos, nadie reclama sus cuerpos al morir. Kodokushi es el fenómeno que se viene replicando en el país oriental hacia ya varios años y que Kiarostami desarrolla solapadamente en su película. Curiosamente, fue la última producción del director iraní antes de morir en 2016.

Watanabe busca compañía, eso es todo, y Akiko es una joven encantadora, curiosa y muy risueña dispuesta a acompañarlo. Es en ese vínculo que la historia cobra sentido. ¿Qué vemos en el otro? ¿Qué esperamos del otro? La película se plantea esas interrogantes entre tantas otras, porque en todo su desarrollo trabaja desde la pregunta, desde la expectación. Es completamente comprensible el agotamiento de ese recurso, porque entusiasma y no entrega todo lo que promete. Sin embargo, Like Someone in Love es una producción llena de detalles que enganchan. Los planos fijos, las secuencias largas, las conversaciones que a veces parecieran no tener sentido, son en realidad pistas que permiten al espectador conectar con la historia y enamorarse de ella, o al menos sentirse como si lo estuviera.

 

Título: Like Someone in Love
Escrito y dirigido: Abbas Kiarostami
Género: Drama
Año: 2012
País: Japón
Duración: 109 minutos
Elenco
Rin Takanashi, Tadashi Okuno, Ryo Kase
Fotografía: Katsumi Yanagishima
Productora: Co-production Japón-Francia

Plataforma:  Centroartealameda.tv

 

 

 

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