Crítica de cine “Santiago, Italia”: Relato íntimo de una historia universal

 

Por Paula Frederick

“Yo no soy imparcial”. Las palabras del grandísimo director italiano Nanni Moretti, dichas en una de sus pocas apariciones en cámara durante Santiago, Italia son una declaración de principios. Que no solo instalan una idea, sino también la esencia, a veces malentendida, de lo que es un documental. Porque al igual que el cine de ficción, se trata siempre de escoger el pedazo de la realidad que se quiere contar, dejando un poco del propio corazón y alma en la elección. Y escogiendo también el fragmento que quedará fuera de campo.

En la propuesta del cineasta italiano, que habla sobre el golpe de estado de 1973, el rol de la embajada de Italia como refugio para los chilenos perseguidos y el posterior viaje hacia una nueva vida en el país europeo, hay mucho de Moretti. De su cine, de la forma italiana de contar historias. A pesar de empeñarse en reconstruir el relato completo a través de testimonios ajenos e imágenes de archivo, cada fotograma, pregunta o comentario en off revela una voluntad irrefrenable de dejarse ver, de plasmar un modo de sentir. Incluso en la imagen del inicio, cuando el director mira desde las alturas la ciudad de Santiago, de espaldas, en silencio, como intentando captar la totalidad del espacio, el pulso de la historia pasada y presente, la dimensión suspendida que busca retratar, aunque solo se puedan rescatar fragmentos del ayer.

A pesar del peso histórico y social del relato, el documental es ante todo una selección de momentos íntimos, privados, piezas de un mismo rompecabezas que unidos hacen la fuerza. El material de archivo es usado de forma esencial, solo para contextualizar o acentuar ciertas ideas. Entonces, la voz gana terreno sobre la imagen, así como la emotividad del recuerdo contado en primera persona, que puede ser mucho más poderoso que la evidencia de la visualidad. Los hechos despiertan empatía e incredulidad: torturas, persecución, cientos de chilenos que saltan el muro de la embajada de Italia para permanecer ahí, hacinados, suspendidos, pero a salvo. Los rostros escogidos para contar su versión tienen mucho que ver con la imagen y la narración: los directores Miguel Littín, Patricio Guzmán y Carmen Castillo, la periodista y escritora Alejandra Matus, la abogada Carmen Hertz, voces reconocidas que se entrelazan con el testimonio de diplomáticos, académicos y trabajadores italianos, cuyas vidas de alguna u otra forma se cruzaron para siempre.

Como ya ocurría en sus últimas películas, Moretti se repliega y se hace parte de lo que filma, pero relega su voz y cuerpo cinematográfico a un fuera de campo pasivo-activo, alejándose de los tiempos en que él era el centro y pulso del relato, sello que marcó su cine en los años 80 y 90. Ahora, su voluntad es por sobre todo la de crear una conexión afectuosa con los protagonistas y el público, como única forma de conjugar la vida pública con la privada.  Además, como una manera de extender el concepto de “acogida” como sello de Italia, un país que salvó la vida de miles de chilenos para luego transformarse en su nuevo hogar. Hoy, los tiempos de Italia y Europa como territorio de acogida de inmigrantes y refugiados, cuyas vidas son amenazadas en su país de origen, parece diluirse. Quizás movido por esa inquietud, Moretti parece querer recordar la condición benevolente y humanitaria de una nación, que es en esencia la naturaleza de un pueblo, pero que a veces olvida y pierde su norte.

Santiago, Italia es una obra nostálgica, porque no solo se fija en el pasado sino en lo que pudimos haber sido y no fuimos. Es una obra simple, porque respira por sí sola, deja que los relatos y las imágenes se expresen en bruto, que fluyan y desplieguen todos sus matices y colores, porque confía en que la potencia de esa verdad, del dolor, la injusticia, lo inconcluso, es mucho más fuerte que cualquier discurso retórico. Es también una obra circular, cíclica, pues habla de los procesos humanos que van y vienen, que toman distintas formas, responden a circunstancias históricas y coyunturales, cuyos protagonistas cambian de nombre o rostro, pero en esencia son lo mismo. De los que sobreviven, los que luchan con la certeza de que más que perder, hay mucho que ganar. De la resiliencia humana, quizás lo más valioso que tenemos, y que el cine puede retratar y encuadrar para siempre en un fotograma.

Título original: Santiago, Italia
Dirección: Nanni Moretti
Guion: Nanni Moretti
Fotografía: Maura Morales Bergmann
Productora: Coproducción Italia-Francia-Chile; Sacher Film Rome
Año: 2018
Duración: 80 minutos
País: Italia

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*