Por Victoria Bustos Arancibia
En 2010, Toy Story 3 parecía haber escrito el punto final perfecto para una de las sagas más importantes de la historia del cine animado. Nueve años después, la compañía del ratón abría de nuevo la caja de juguetes más rentable entre sus productos, y se proponía mover el cierre con otra especie de epílogo. Aunque el corazón de la franquicia no se hubiera perdido, había algo en ese movimiento forzado que nunca sentó bien con la audiencia. Y por eso, el anuncio de una quinta entrega generaba una pregunta inevitable: ¿Qué más queda por contar?
Así, Toy Story 5 llega consciente de algunas de sus limitaciones, partiendo con que ya no intenta volver a dar cierres generales, en cambio, mira hacia el presente con las propiedades intelectuales con las que cuenta, y a partir de allí juega con uno de los mayores conflictos de la infancia actual. En ese contexto, Jessie toma las riendas, y se enfrenta a una nueva crisis de identidad cuando Bonnie deja a sus juguetes de lado para sumergirse en el mundo digital con Lilypad, una tablet con diseño especial para niños que monopoliza toda su atención.
Una de las mayores fortalezas de la película está en usar, como hilo conductor, la idea de que la tecnología digital es una herramienta que no necesariamente va a poder cubrir todas las necesidades cognitivas y emocionales de los niños, ni como algo que se ajusta a los estilos de aprendizaje y desarrollo de todos por igual.
Es verdad que estratégicamente no deja de ser una secuela producida únicamente porque la marca aún tiene fuerza en la taquilla, pero la exploración de un tema de genuina importancia le da el peso a esta cinta para existir cómodamente. Además, el desarrollo de la trama logra sugerir la meditación adulta sobre el asunto y, a la vez, se cuida de no entrar en debates pesados respecto a los algoritmos, la extrema individualización y otras tantas aristas que suscita el mundo de las aplicaciones y las pantallas táctiles, de manera que se mantiene cierta ingenuidad familiar del relato.
También, nos encontramos con una continuidad visual del estilo pero con una clara evolución tecnológica que suma y potencia el universo que ya todos conocemos y amamos. Pixar vuelve a demostrar por qué es un referente en animación digital, con mayor riqueza en las texturas, iluminación y gestualidad de los personajes. La cinta incorpora una nueva estética para los momentos que ilustran la imaginación infantil, contrastando perfectamente con el resto de las vidas de los juguetes en el mundo real, y trayendo de vuelta los descansos de fantasía que ya habíamos visto en el pasado cuando pertenecían al joven Andy.
Aún así, Toy Story 5 falla por incluir subtramas innecesarias, un nivel exigente de servicio a los fanáticos para poder conectar con uno de los conflictos principales, y la entrega de un relato más bien predecible de principio a fin. Aunque su estructura funciona y su ritmo es efectivo, a menudo recurre a la reutilización de recursos dramáticos y la mera ampliación de arcos emotivos ya conocidos, restándole frescura a la historia. Se suma que algunos personajes, como Woody, parecen cumplir funciones más simbólicas que realmente aportar de manera significativa. Y a pesar de que es entendible el tiempo necesario para sacar adelante una producción de esta magnitud y precisión, el situar los eventos en un mundo contemporáneo pero contextualizados en la infancia de Bonnie, la cual ya viene durando más de 15 años en el mundo real, queda extraño y anacrónico.
De todas maneras, la narración cumple con esconder estas falencias a primera vista, y entonces la magia del cine se encarga de envolverte con un nuevo capítulo, autoconcluyente, pero uno que cuida de dejar al menos una puerta abierta a la próxima vez que el conglomerado decida estirar de nuevo el chicle al infinito y más allá.
Así, Toy Story 5 entiende que el tiempo ha pasado y que las infancias de ahora representan nuevos retos que valen más la pena abordarse que mantenerse en la lógica de la línea temporal. Es finalmente, una película sólida y emotiva, y considerablemente más inspirada que su predecesora inmediata, incluso si nunca termina por sentirse indispensable. Está construida con la elegancia y el oficio que se espera de Pixar, sabe exactamente qué botones emocionales presionar y consigue más de una sonrisa, y más de una lágrima. En definitiva, entrega un mensaje esperanzador al reafirmar la importancia de una imaginación propia y los juguetes tradicionales como catalizador de ello, a pesar de que la humanidad se mueve a una sociedad cada vez más digital. Sin duda, una cinta que merece ser vista en familia.
Ficha técnica
Título original: “Toy Story 5”
Dirección: Andrew Stanton
Guion: Andrew Stanton, McKenna Harris
Animación: Matt Aspbury, Jean-Claude Kalache
Montaje: Jennifer Neysa Jew
Música: Randy Newman
Producción: Pixar Animation Studios, Walt Disney Pictures
Reparto de voz en inglés: Joan Cusack, Tim Allen, Tom Hanks, Greta Lee, Conan O’brien
Reparto de voz en español latino: Irán Castillo, José Luis Orozco, Arturo Mercado Jr, Belinda, Roberto Carrillo
País: Estados Unidos
Año: 2026
Duración: 102 minutos
Género: Animación; Familiar; Aventuras
Distribuidora: Cinecolor Chile
Estreno en salas de cine: 18 de junio de 2026
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