QUBIT Crítica de cine “Tres colores” de Krzysztof Kieslowski: El amor como salvavidas

 

Por Eduardo Taylor

La trilogía Tres colores del director polaco Krzysztof Kieslowski, disponible en la plataforma Qubit, es un retrato de la condición humana y sus contradicciones inherentes. En Azul (1993), Blanco (1994) y Rojo (1994), tituladas así por los colores de la Revolución francesa (los que simbolizan libertad, igualdad y fraternidad), abundan sucesos y narrativas vinculadas por su sentido y apronta existencial.

En Azul tenemos a Julie, interpretada por Juliette Binoche, una compositora que en un accidente de auto pierde a su esposo e hija. Intenta suicidarse, pero no puede. Decide liberarse del duelo y seguir con su vida: “Ahora me he dado cuenta de que solo voy a hacer una cosa: nada. Ni más posesiones, ni más recuerdos, ni amores o amigos, ni ataduras. No son más que trampas” dice ella muy segura, pero pareciera ser imposible no estar atado a algo.  Bien lo dice el director de la película: “Puedes decir ‘Quiero ser libre’, pero ¿cómo te liberas de tus propios sentimientos, tus propios recuerdos, tus propios deseos? Quizás no podamos funcionar sin ellos, lo que automáticamente significa que no somos libres, que somos prisioneros de nuestras propias emociones” dijo Kieslowski al The Guardian en 1993, poco después de su estreno.

No se puede ser libre de uno mismo. Julie apuesta por reprimir sus emociones, dejar de sentir, porque sentir duele, sentir no es funcional para la lógica productiva que nos gobierna. Schopenhauer dijo que: “un hombre puede querer lo que quiere, pero no puede querer lo que desea”. Esto significa que no podemos controlar lo que deseamos a voluntad, el deseo nos gobierna a nosotros y no nosotros al deseo. Tal vez podemos reprimirlo, pero mientras más lo reprimimos, con más fuerza estallan las emociones de las que no nos hicimos cargo.

Así vemos a Julie teniendo fobias a las ratas, raspando sus puños contra una muralla hasta sacarse sangre, cerrando su corazón frente a Olivier Benoit (Benoît Régent) compositor que la ama y la admira: “Está bien todo lo que has hecho por mí, pero ya vez, soy como cualquier mujer. También sudo, toso, tengo caries. No me echaras de menos. Seguro ya te has dado cuenta” le dice ella antes de desaparecer de su vida sin dejar huella.

Julie transita por la vida reprimiendo el duelo, un mecanismo de defensa que le causa apatía social y baja pulsión de vida, pero un día descubre que su marido le era infiel con una joven abogada que esperaba un hijo de él. Esta noticia la obliga a enfrentar el pasado: su marido no era un gran hombre, de hecho, le plagiaba a Julie sus composiciones. Un vuelco en la imagen ideal del marido, es más fácil transitar por el duelo. Julie puede volver a nacer, busca a Oliver y llora lo que no pudo llorar junto a él.

Cuando Julie va a buscar a la amante de su marido en los tribunales de justicia escuchamos la voz de Carol (Zbigniew Zamachowski) el protagonista de Blanco, quien exige igualdad ante el tribunal. Su esposa Dominique (Julie Delpy) le está pidiendo el divorcio debido a que él no logra consumar el matrimonio ya que es impotente.

Carol queda en la calle, su esposa le quita todo, y sabiendo poco y nada de francés se dedica a mendigar hasta que otro emigrante polaco lo ayuda a volver a Polonia dentro de una maleta.  Si el blanco es el color de la igualdad, aquí presenciamos todo el contrario, la discriminación que viven a diario las personas emigrantes en Francia.

Una vez en Polonia, aprovecha la crisis económica de la caída del comunismo para inmiscuirse dentro de algunas mafias, y logra hacerse millonario. El color blanco se apodera de la pantalla, tanto en el paisaje invernal polaco} como en los sueños de Carol que evocan la memoria de su exesposa a la que sigue amando.

Carol se siente muy humillado no sólo legalmente, sino moralmente, así que para recuperar a su esposa e igualar la balanza, lleva su amor al límite, redacta un testamento donde le deja todos sus bienes y finge su muerte. Su mujer llega al funeral, llora sobre su tumba, pero al poco rato Carol la sorprende en su hotel.

Ellos vuelven a amarse, ya no hay impotencia, están en igualdad de condiciones gracias al dinero que hizo Carol como mafioso. Pero él desaparece, debe vivir para siempre en la marginalidad y Dominique es acusada de haberlo asesinado y termina en la cárcel. Finalmente, vemos a Carol observando desde unos prismáticos la ventana de Dominique en la cárcel, ella al verlo le pregunta en lenguaje de señas si se quiere volver a casar con él, a lo que Carol responde que sí con lágrimas en los ojos.

¿Quién en su sano juicio haría algo así? El amor es pura contradicción, Carol no pudo reprimir su deseo de recuperar a Dominique. Kieslowski dijo que: “Cuando las necesidades humanas están en conflicto, la vida no tiene opciones fáciles. El hombre no elige entre el bien y el mal. Él elige entre el mal mayor y el menor”. Tal vez para Carol el mal menor era fingir su muerte y recuperar a su esposa, dentro de su sistema de valores era mejor que aceptar la idea de perderla.

Finalmente, en Rojo, última película que hizo Kieslowski antes de morir, tenemos a Valentine (Iréne Jacob), una joven estudiante y modelo, que por accidente atropella a una perra. El dueño resulta ser un frio y solitario juez retirado (Jean-Louis Trintignant) que no siente ninguna afinidad por su mascota y se dedica a escuchar las llamadas telefónicas de sus vecinos en secreto.

El juez no entiende la bondad de Valentine, no le cabe en su cabeza que haya llevado a su perra al veterinario. Del mismo modo, Valentine se sorprende por la frialdad del juez, frialdad producto de una infidelidad amorosa que no pudo superar cuando joven.  Al mismo tiempo somos testigos de una trama paralela, en el mismo universo temporal y situacional, de un estudiante de derecho al que le ocurren las mismas cuitas amorosas que le ocurrieron al juez, resultando ser una espacie de alter ego.

El juez y Valentine se complementan, se hacen buenos amigos al tiempo de que ella sin saberlo se va cruzando una y otra ve con el alter ego del juez durante todo el fin, en los almacenes, la acera, un club de bolos, etc. Lo que potencia la idea del destino en la trama. El juez le entrega experiencia y ella lo hace amar la vida. Un día Valentine decide tomar un barco a Inglaterra en busca de mejores oportunidades laborales, se despide de su amigo, pero el barco se hunde en una tormenta en el canal de la Mancha.

Muchas veces cuando estamos exhaustos con la vida soñamos que el mar se nos viene encima, son tantas las emociones contenidas por el estrés cotidiano que algo se desborda. Kieslowski nos angustia, sus personajes habitan en la fragilidad y el desgarro, con poca o ninguna esperanza de salir adelante. En Rojo nos dicen que la mayoría de los pasajeros murieron, y que quedaron sólo seis sobrevivientes en ese barco: Julie, Oliver, Carol, Dominque y Valentine junto al joven estudiante de derecho. El amor de alguna forma los salvó de hundirse, los salvó del duelo, la perdida y la soledad.

Título: Trois Couleurs: Bleu (Azul)

Año: 1993

Duración: 98 minutos

País: Francia, Polonia, Suiza

Dirección:   Krzysztof  Kieslowski

Elenco: Juliette Binoche, Benoît Régent, Charlotte Very, Emmanuelle Riva, Florence Pernel.

Género: Drama

Disponible en Qubit.tv

 

Título: Trois Couleurs: Blanc (Blanco)

Año: 1994

Duración: 88 minutos

País: Francia, Polonia

Dirección: Krzysztof  Kieslowski 

Elenco: Zbigniew Zamachowski, Julie Delpy, Janusz Gajos, Jerzy Stuhr

Género: Drama

Disponible en Qubit.tv

 

Título: Trois Couleurs: Rouge (Rojo)

Año: 1994

Duración: 99 minutos

País: Francia, Polonia, Suiza

Dirección: Krzysztof  Kieslowski 

Elenco: Irène Jacob, Jean-Louis Trintignant, Jean-Pierre Lorit, Frederique Feder

Género: Drama

Disponible en Qubit.tv

 

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