Crítica de cine “Wildwood: El bosque salvaje”: Aprendiendo a habitar nuestro bosque

Por Florencia Ponce Allende

Luego de dieciséis años de desarrollo y cinco años de producción, el estudio LAIKA vuelve con una propuesta que podría ser la película de stop motion más ambiciosa y colosal de la que se tenga memoria, y probablemente sea así por muchos años más.

Wildwood: El bosque salvaje, basada en la novela infantil Las crónicas de Wildwood de Colin Meloy nos adentra en la historia de Prue McKeel (Peyton Elizabeth Lee), una joven preadolescente de la ciudad de Portland, que debe llevar a cabo una misión de rescate, luego de que su pequeño hermano de tan solo un año de edad fuera secuestrado sorpresivamente por una bandada de cuervos. En esta misión deberá adentrarse al corazón de “el bosque impenetrable” un lugar misterioso a las afueras de su ciudad, cuyos secretos ira develando con la ayuda de su compañero improvisado, Curtis (Jacob Tremblay). Juntos se encontrarán con criaturas y situaciones sumamente desafiantes e impensadas.

Desde los primeros segundos en pantalla, ya somos capaces de al menos sospechar la magnitud de lo que estamos a punto de experimentar durante dos horas y veinte minutos aproximadamente, siendo así la película rodada en stop motion más larga. Y es que de inmediato LAIKA nos entrega una secuencia del bosque y su hiedra, cuyos detalles y movimientos hoja por hoja, rápidamente sientan las bases del nivel de perfeccionismo y calidad. Sin embargo, nada nos prepara para la forma en la que la historia, de por sí bella, se convierte en una obra de arte, gracias al lenguaje cinematográfico, expresado en la animación en volumen, pues todo se logra volver aún más épico, vivo y con muchísimo más corazón.

Y no se puede esperar menos de una producción que realiza a mano cada muñeco, vestuario y escenario, realizando las animaciones cuadro por cuadro, como un verdadero trabajo de artesanía. Creando un diseño de personajes impecable, con texturas sumamente detalladas, y orgánicas frente al mundo que se construye. Creando al menos cuatro códigos de vestimenta y estéticas diferentes, con el fin de potenciar la identidad y esencia de cada clan que habita el bosque. Lo que demuestra un completo entendimiento e internalización de la historia que se quiere contar. Generando una perfecta sinergia con el trabajo tecnológico, que permite darle a estos personajes movimiento, y finalmente, vida. Tal es el caso de la creación del personaje de La General (Angela Bassett), cuya construcción logra emular el movimiento real de la especie de águila en la que está basada. Siendo la marioneta más grande creada en LAIKA y las primeras alas completamente articuladas del estudio.

Todo esto, nos lleva a pensar, que esta película es un proyecto profundamente internalizado en la mente de sus realizadores, puesto que se reconocieron desde un principio, en 2011, las dificultades y desafíos que suponía, lo que llevó a la producción tardarse todos estos años, con el fin de estar completamente preparados para la aventura en la que se estaban embarcando. Y como espectadores no podemos más que agradecer por la gestión de ansiedad y la humildad para entender que faltaba desarrollo de habilidades y tecnologías, para poder entregar un producto que supera cualquier expectativa.

Sin embargo, más allá de la técnica y habilidades impresionantes que desvela esta historia. También es importante, darnos cuenta de la importancia de contar una historia como esta en estos tiempos. Y es que, a partir de una crudeza visual, pocas veces explorada en este tipo de películas, la historia nos pone frente a frente con una historia sumamente humana, a pesar de la magia y el surrealismo de su naturaleza.

En primer lugar, tenemos la idea del “forastero”, palabra usada para denominar constantemente a la protagonista, pero que también entra en juego cuando nos damos cuenta que entre los clanes y los habitantes de este bosque salvaje existe un desacuerdo latente, que se va intensificando a medida que avanza la historia. La disputa constante de un territorio, las ganas de hacer con él lo que parece más correcto según los principios de cada cual, son situaciones que nos llevan a reflexionar sobre nuestra realidad actual. El despojo de sus tierras a los pueblos nativos u originarios, es algo que está inscrito en el ADN de nuestra raza, como humanos. Sin embargo, dentro de la historia se le da una resolución ideal, que resulta bella y algo inspiradora. Y es que el darse cuenta que no solo es importante luchar las batallas que nos atañen directamente, si no luchar cada batalla que sea justa, con empatía y convicción es algo que necesitamos recordar como miembros de una comunidad global.

Por otra parte, y creo que lo que generó personalmente un movimiento emocional más potente, es la idea de la dicotomía entre el madurar y la existencia de la magia. Todo el tiempo la historia nos muestra un mundo mágico, bello e irreal, con situaciones oscuras y desconcertantes, con formas de actuar de los personajes que están muy lejos de lo ideal. Mostrándonos, como mencionaba antes, una crudeza que va todo el tiempo haciendo contrapunto con la belleza visual de este mundo encantado, donde todo es posible. Y como dueña de este contrapunto está Prue, nuestra protagonista, quien, a pesar de solo tener trece años, lo que más quiere es crecer, madurar y ser tomada como una adulta. Ella busca la seriedad, incluso en una familia que resulta ser puro color y naturaleza, ella busca la estabilidad que le podría dar la madurez, buscando alejarse de los cuentos, y la fantasía de la magia, y rechazando constantemente la compañía, y luego la ayuda y el apoyo, de su amigo más “inmaduro” Curtis. Personaje que nos ayuda a mantener la cordura de la maravilla, mientras exploramos con ellos este mundo tan bello, pero a la vez tan imperfecto.

La forma en la que se resuelve esta dicotomía es realmente bella, y es que la historia a través de la voz de distintos personajes, nos dice constantemente que crecer no significa dejar de creer en la magia, puesto que ella no te deja, si no que entender que incluso la magia tiene matices, que tanto como construye sueños hermosos, también puede crear las peores pesadillas. Lo cual lo encarna por completo el personaje de Alexandra (Carey Mulligan), nuestra villana, quien engloba el matiz más oscuro de la magia y de la vida al mismo tiempo. Una mujer que lo pierde todo, y su único refugio es la venganza, a través del uso oscuro de la magia, pero es a través del enfrentamiento con la realidad de ella, que finalmente provocará el mayor gesto de crecimiento y madurez en Prue, ya que, dejando la rabia o el resentimiento, logra entender los motivos que llevaron Alexandra a actuar de ese modo y empatiza profundamente con ella. En el fondo eso es madurar, la capacidad de poder enfrentarnos, a la decepción, al dolor, al miedo e incluso a la muerte, pero sin dejar de creer en la magia. Entender que podemos compartir nuestras batallas, que, aunque podemos cometer errores graves y derrumbarnos, siempre podemos elegir creer, porque la magia no nos abandonara, vive en nosotros.

Wildwood es una película maravillosa, que invita a asombrarse con la capacidad que aún nos queda de crear arte a mano de forma artesanal y meticulosa. Y el poder que el arte tiene de ayudarnos a mirar y a reflexionar profundamente sobre nuestras vidas, nuestras luces y nuestras sombras, como seres humanos individuales y colectivos.

Ficha Técnica

Título Original: Wildwood

Dirección: Travis Knight

Guion: Chris Butler

Producción: LAIKA

Distribuidora: Imagem Films Chile

Reparto: Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett

Año: 2026

Duración: 132 min.

Estreno en salas: 29 de octubre, 2026

 

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