Por Romina Burbano Pabst
Su pelo rizado, anaranjado, voluminoso desprende luz. Me siento junto a ella, a su izquierda. Observo cómo la sala iluminada se va llenando: espectador, espectador, espectador, intérprete, espectador, espectador… Los cuerpos eligen dónde caer, dónde mirar.
En ese tránsito siento su respiración cercana. Escucho el sonido de su lengua rozando la boca, un sonido húmedo que se presentaba en un gesto mínimo. Ahí parece comenzar todo: la boca, la lengua, el sonido son manifestaciones de algo que está gestándose en el cuerpo de cada intérprete.
Agitadores es la segunda obra con la que Plataforma Mono celebra sus diez años de trayectoria explorando la danza y el movimiento. Esta práctica escénica propone cohabitar el deseo colectivo, llevando al espectador por un camino de transformación, resistencia, denuncia y desborde. Conocidos por propuestas que traen de vuelta las raíces, los ritos y la animalidad; convocan en el escenario el pasado, presente y futuro. La compañía sugiere una danza que nace de un gesto mínimo y compartido, la boca, gesto que se desplaza: pasa al movimiento, se extiende en el cuerpo y se expande al exterior.
En ese tránsito, los cuerpos pasan de moverse de manera aislada a sumergirse en una energía que circula entre ellos, que insiste y se agita en relación al otro. Lo que comenzó siendo un gesto individual, se vuelve compartido, y el deseo (ese movimiento incesante) se expande hasta reunirlos al centro del escenario. Es porque los cuerpos comparten un deseo común que se produce el encuentro, y la danza es la manifestación del deseo, es lo que incita al cuerpo a relacionarse con el otro.
Plataforma Mono nos abre hacia otra perspectiva del deseo. No como un anhelo de una falta, sino como un pulso, una motivación que se activa en la proximidad, en el roce, en la mirada de otro. El deseo no es idéntico, así como sus danzas son únicos y reconocibles. Es así que en el escenario se presentan cuerpos deseosos, cuyo movimiento se amplifica, se tensiona, se sostiene como si ese deseo fuese una energía que se entrega y devuelve constantemente. En ese ir y venir, la danza encarna el deseo y lo reproduce: lo vuelve visible en la relación, en ese -entre- donde los cuerpos se mueven ante una misma insistencia.
Lo que parecía en un inicio un gesto individual se vuelve común, y el deseo (que al inicio apenas se asoma) se expande hasta impregnar todos lo cuerpos de la sala. En este punto el diseño sonoro adquiere un rol fundamental, ya que está a cargo de guiar a los espectadores por las mismas capas sensibles que exploran los bailarines. La música se vuelve deseo también, se manifiesta en un pulso íntimo y se comparte, por momentos éramos varios del público moviendo la cabeza al son de la música. Aquí el deseo aparece como una experiencia compartida que se construye a tiempo real, nacida de un gesto que poco a poco deja de pertenecer a alguien en particular.
Agitadores son los cuerpos cuya energía no se interrumpe, se intensifica. Son cuerpos que convergen, que se desorientan, que buscan, se chocan, se sostienen en tensiones precisas. Hay caídas y saltos, pesos y elevaciones donde hay un constante intercambio de energía. Fuerzas que se sostienen en el escenario donde mantienen el movimiento en un estado sumamente dinámico.
Mientras observo los cuerpos que persisten en un estado de agitación, mi cuerpo no es indiferente. Se siente y acompaña el tránsito de los intérpretes, aparece una insistencia que convoca a observar sin distancia, a dejarse llevar por los momentos de desorientación, de no saber dónde fijar la atención. Y, sin embargo, hay algo que nos mueve a seguir observando.
Hay una cercanía distinta a otras obras, la posición del espectador se vuelve inestable. Ya no se trata solo de contemplar, sino de estar implicado en una experiencia que también atraviesa el propio cuerpo. El acto ya no es solo contemplativo, sino que también de atención, reflexión, duda y cuidado. Nuestros cuerpos expectantes se enfrentan a estímulos nuevos que no son solamente visuales, sino también sonoros, rítmicos, casi palpables.
Es así como la danza crea un espacio compartido donde los límites entre intérpretes y público se vuelven porosos. Aquí la percepción deja de ser individual y se vuelve una práctica colectiva, un estar-con-otros que se construye en la atención compartida. Esta relación pone en valor tanto al cuerpo manifestante, como al cuerpo que observa y más allá de observar, acompaña: el espectador ya no ocupa un lugar pasivo, se vuelve parte de la escena desde su propia sensibilidad, desde su propio deseo.
Es interesante cómo Agitadores crea una dinámica relacional donde ambos roles se afectan mutuamente, donde la experiencia de la danza no reside únicamente en la acción, sino también, en las sensaciones y pensamientos que emergen cuando varios cuerpos cohabitan un mismo acontecimiento. Son los cuerpos inquietos (de los intérpretes y los nuestros) que, junto al diseño sonoro y lumínico, articulan un espacio cargado de imágenes en constante transformación.
Sus cuerpos agotados, que no han dejado de moverse desde que empezó la obra. Persisten en un salto infinito, el cansancio no los detiene, los empuja a continuar, se vuelve fuerza y estabilidad cuando el mensaje no quiere desvanecerse. Hay algo que insiste más allá del agotamiento, y el movimiento es la forma que tiene para ser sostenido. El pulso inicial, que había comenzado en la boca y la lengua con un sonido claro y húmedo, ahora se manifiesta en una respiración agitada, el sonido de la entrada y salida del aire una y otra vez que con cada salto se profundiza. Y es en esa insistencia final donde algo se mantiene vivo, circulando entre los cuerpos, conectando el interior con el exterior, negándose a desaparecer.
Agitadores es una experiencia visceral, que nos invita a dejarnos llevar por lo que ocurre en el momento. No organiza ni embellece el movimiento para ser comprendido, ni recurre a objetos o subtítulos que traduzcan la experiencia. Es una danza que no pretende explicación, se atraviesa. Propone una energía desbordante para el intérprete, que insiste hasta llevar al cuerpo a su límite, donde el deseo deja de ser propio y se exterioriza para compartirse, agitándose entre unos y otros.
Ficha Técnica
Título: Agitadores
País: Chile
Dirección: Pita Torres
Elenco: Javier Muñoz, Daniela Guajardo, Gabriela Suazo, Fernando Núñez, Francisca Wastavino, Jorge Olivera, Andrés Salas y Flor Violeta
Intérprete y Producción General: Alicia Pizarro
Jefe Técnico: Matías Segura
Diseñador de Iluminación: Nicolás Jofré
Duración: 53 min
Todo espectador
Coordenadas
Centro Cultural Matucana 100
Teatro Principal
Del 9 al 11 de Abril 2026
Sala Patricio Bunster
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