Crítica de “El Dylan”: “Un montaje impecable que juega con lo que sale a la luz y lo que está escondido”

Crítica de Teatro
El Dylan: “Un montaje impecable que juega con lo que sale a la luz y lo que está escondid
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Por Galia Bogolasky

“El Dylan” es una obra realizada por la compañía “La Mala Clase” con la dirección de la siempre impecable Aliocha de la Sotta y el talentosísimo dramaturgo chileno Bosco Cayo.
La obra es basada en una historia real de un chico transgénero llamado “El Dylan”, que en su proceso de ser mujer es asesinado a cuadras de su casa en la población La Ligua.
Con una escenografía sencilla,  pero con un gran chaleco tejido de fondo, nos contextualiza en el lugar dónde estamos. Es el barrio famoso por los tejidos.

Cinco actores en escena. Ninguno es “El Dylan”  pero todos hablas de él. Todos con el mismo vestido en distintos cortes, con zapatos de charol y chaquetas negras. Todos combinados, todos simbióticos.

Hay una pareja mayor que son los vecinos de El Dylan, está la madre del joven, una amiga del circo y también un conductor de televisión que también hace otros personajes.

El montaje va intercalando distintos episodios y situaciones que viven, presencian o cuentan estos personajes, sobre “El Dylan”, este enigmático joven quien sufre por discriminación y homofobia, mientras está construyendo su camino para ser feliz, como lo relatan sus seres queridos en la obra.

Los personajes se van dibujando a medida que va avanzando el relato, ya que en un comienzo no queda claro quién es quién, pero es parte de la estructura que el dramaturgo quiso utilizar para contar esta historia.

Dentro del drama de la historia, hay varios momentos de comedia, algunos un tanto exagerados, dónde habían personas del público que reían a carcajadas, pero que a mi me costó sumergirme en ese humor porque el contexto era demasiado dramático.

Las mejores escenas creo que fueron cuando los personajes van contando una historia y este relato se difumina a un movimiento de labios y el personaje de fondo continúa el relato, haciendo combinar la cara iluminada de uno con la voz del otro. Eso creo que es un elemento de la dirección muy bien logrado artísticamente.

También creo que la introducción con la canción “I want to break free” de Queen, mal cantada y pronunciada de fondo le da un toque bien especial, bien desde el concepto del artista haciendo une esfuerzo por liberarse y por hacer un gran espectáculo, como lo quería hacer “La Dylan” en el circo, como relata su amiga. Luego al final vuelve esta canción tan literal como necesaria.

Cabe destacar el uso de la iluminación para crear un montaje impecable, que juega con lo que sale a la luz y lo que está escondido, con lo que se ve y lo que no se ve, con lo que destaca versus lo que hay que mantener en secreto. Es un elemento muy enriquecedor para la obra, que le da un sentido a la historia.

En una época donde, lamentablemente, cada vez más se cometen crímenes contra homosexuales y transgéneros, a pesar de la Ley Zamudio, estas historias se están haciendo cada vez más presentes en nuestras artes, ya sea en cine, televisión o teatro. Lo que destaca de esta obra es la manera como presentan un tema que ya hemos visto, de manera distinta. Lo convierten en algo bien logrado en el escenario, con algunas actuaciones destacadas, y con la interacción de la música, la escenografía, el vestuario y la iluminación.
Ficha Artística
Dramaturgia: Bosco Cayo.
Dirección: Aliocha de la Sotta.
Compañía: Teatro La Mala Clase.
Elenco: Juan Pablo Fuentes, Paulina Giglio, Guilherme Sepúlveda, Jaime Leiva y Mónica Rios.
Diseño de iluminación y escenografía: Rodrigo Leal.
Diseño vestuario: Felipe Olivares.
Realización escenográfica: Macarena Ahumada y Equipo Checoslovaquia. Realización vestuario: Susana Arce.
Música: Fernando Milagros.
Producción: Francesca Ceccotti.

Gráfica: Javier Pañella
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