Crítica de “Nostalgia”: Descomponiendo a Chéjov en un tono (muy) oscuro

Crítica de Teatro

“Nostalgia”: Descomponiendo a Chéjov en un tono (muy) oscuro
Por Jorge Letelier

 

Quienes han seguido la personalísima carrera como director de Cristián Plana, habrán advertido la tendencia a alejarse de la estructura general de sus puestas en escena a través de repentinos cambios de tonos y sentido que buscan, en último término, extremar los límites de la representación teatral, cuestionarse las fronteras de la ficción y lo verosímil en ejercicios que lo acercan al género del terror y lo fantástico.
Esta tendencia se vio latente en su aplaudido montaje “Locutorio” -una pieza de Jorge Díaz presentada este año en GAM- sobre la fragilidad de la memoria en la tercera edad que se internó en inquietantes caminos para reflejar el extravío y la locura. En “Nostalgia”, su más reciente montaje estrenado en el Teatro Sidarte, Plana lleva esta preocupación un paso más allá al proponer una lectura completamente nueva del clásico de Antón Chéjov, “Las tres hermanas”, entendida como una especie de secuela que imagina una cierta continuación del relato.
Lo que hace el dramaturgo y director es tomar a dos de las hermanas, Olga e Irina, quienes se debaten en el deseo ya prácticamente irreal de regresar a Moscú. En la obra original, el padre ha muerto hace un año y las tres hermanas languidecen en una ciudad de provincias esperando el momento en que las condiciones les permitan regresar. Aquí, es de noche y el sueño sobresaltado vislumbra que ese deseo se ha transformado en cárcel. Los fantasmas del pasado acechan como pesadillas y ambas, acostadas en una cama estrecha, se lamentan de este presente en soledad. La oscuridad, un leitmotiv visual que se mantiene durante toda la obra parece guiar los pasos dubitativos de las hermanas. Con apenas una lámpara, las sombras y el horror se proyectan en la imaginación de los espectadores en unas escenas cargadas de simbolismo y con un uso notable del sonido a oscuras.
Para Cristián Plana, la nostalgia que mueve la pieza de Chéjov en busca de la felicidad perdida se ha convertido en una pesadilla donde se vislumbra pobreza, soledad y locura. Lejos de la vida apacible de provincias, un matrimonio opaco y el mundo militar que sirve de contexto a la decadencia de la familia Prozorov, Plana se sirve de los restos humeantes de ese mundo burgués en descomposición que el escritor ruso describió con extraordinaria minuciosidad, para mostrar en qué quedó ese fresco social e histórico. Un lugar encerrado, suerte de autoexilio monstruoso, con dos hermanas de equilibrio emocional precario que bailan extrañamente, gritan y se mueven en una especie de ritual.
Siempre cargado a la lógica onírica del relato, el director introduce elementos que confunden aún más la percepción de lo visto, a través del médico de la familia que se introduce desde un armario como una aparición y que reafirma la ilusa idea del retorno. Las constantes rupturas de sentido y los guiños hacia una cierta contemporaneidad (Irina viste una polera de los Ramones), refuerzan la idea de una evolución del relato original hacia un terreno fangoso que solo habla de incertezas.
Pero a diferencias de sus otras obras, en “Nostalgia” Plana parece no cerrar sus escenas con comodidad; esa zona en que abría puertas perceptivas distintas aquí parece quedar en esbozos de ideas no terminadas, en una suerte de especulación aún en nivel de borrador. Salvo el apropiado manejo sonoro en oscuridad y la tenue iluminación como factor dramático, el mínimo decorado poco aporta para reforzar el sentido del clima pesadillesco en que ubica a sus personajes, rasgo identificatorio en gran parte de su trabajo anterior.
El trabajo actoral también es disparejo, ya que mientras Daniela Ropert (habitual de Tryo Teatro Banda y quien encarna a Olga) entrega brío y mayor matiz dramático al personaje que lleva la acción, Valentina Jorquera en el rol de Irina se decanta por una gestualidad más cercana a la performance y que resulta artificioso.
Resulta interesante que en gran parte de su trabajo Cristián Plana ha logrado reversionar a clásicos teatrales generando lecturas contemporáneas en lo textual y arriesgadas en lo formal, con singular brillo para la creación de atmósferas e imágenes. En “Nostalgia” sigue ese camino pero quizás en su intento por “extraviarse” de Chéjov invisibiliza también sus virtudes esenciales, como las delicada construcción sicológica de sus protagonistas y esa fina e imperceptible decadencia social que aquí es reemplazado por un relato en los bordes de lo terrorífico.
“Nostalgia”
Teatro Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Bellavista.
Hasta el 25 de noviembre, jueves a sábado, 20:30 hrs.
$6.000 general, $4.000 est. y 3° edad. Jueves populares $3.000
Dirección: Cristián Plana
Elenco: Daniel Ropert y Valentina Jorquera
Diseño sonoro y música: Diego Noguera

Escenografía: Guillermo Cruz

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