Crítica de serie ‘’Gambito de dama’’: Irresistible genialidad


Por Vanessa Vidal Durán

The Queen’s Gambit, título original de la miniserie de 7 capítulos estrenada en octubre en Netflix, basada en la novela homónima de Walter Tevis, publicada en la década de los 80 ‘s, logró con apenas 28 días de estreno ser la miniserie más vista en la plataforma hasta la fecha. Protagonizada por Anya Taylor-Joy (The Witch, Split, Emma, Peaky Blinders) actriz estadounidense de origen argentino-británico, quien interpreta a Elizabeth Harmon.

Beth es una niña prodigio en ajedrez que queda huérfana a sus cortos 9 años de edad. Pasa seis años en el Orfanato de niñas Methuen, donde sus grandes compañías son su amiga Jolene (Moses Ingram), el señor Shaibel (Bill Camp) conserje que le enseña todos sus conocimientos de ajedrez en el sótano, y su adicción a tranquilizantes. A los 15 es adoptada por un matrimonio y es con su madre adoptiva Alma Wheatley (Marielle Heller) con quien comienza una relación de complicidad y apoyo. A lo largo de sus campeonatos, conoce a diversos contrincantes que se suman luego a su vida, algunos son Harry Beltik (Harry Melling), Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster) y Townes (Jacob Fortune-Lloyd). Mientras estudia y persevera para ser la mejor jugadora de ajedrez y la acompañamos en muchas de sus primeras veces, lidia con sus problemas emocionales, traumas y adicciones.

Beth es talentosa, introvertida, perspicaz y sumamente inteligente. La pérdida y el abandono está en constante presencia en su vida, pero tiene también un montón de apoyo y compañía, sin embargo suele aislarse regularmente. A temprana edad comenzó con una adicción a fármacos relajantes, sumando también el alcohol. Con todo esto, y su juventud a cuestas, es en el campeonato que se inscribe, la mejor, pero su meta es ser la mejor jugadora de ajedrez profesional en el mundo. No busca que se le destaque especialmente por ser una de las pocas o la única mujer en el juego, sino por su talento, sus jugadas y que el señor Shaibel, tenga reconocimiento por ser su maestro. Su mirada logra atravesar la pantalla, atravesándonos a nosotros. Beth quiere ser la mejor y quien principalmente interfiere en su camino es ella misma. Transita constantemente en la pugna de la autodestrucción y su meta. Debe luego de convivir con sus demonios, enfrentarse a ellos.

El ajedrez es motivo de constante estudio para Harmer. No hay pausas. Además de la competencia que implica, ella logra encontrar su belleza. La personificación del ajedrez es un elemento clave en la miniserie, donde las partidas tienen emoción pero también vida. Poseen un ritmo envolvente en la cinematografía y edición. Se da información del juego como nombres de aperturas, jugadores, entre otros. No es algo anecdótico en la narración, sino un elemento siempre latente. Inclusive, la puesta en escena siempre tiene elementos claros desde el diseño de vestuario, ropa de cama, estructuras, papel mural como si fuesen tableros, y estructuras como piezas. Pareciera que esta historia ambientada en los 50’s y 60’s estuviera en sepia, por los colores café. Cuando Beth sale al mundo hay más colores y nuevos diseños. Sobre todo en la casa de sus nuevos padres, donde más es más. La vida es una partida de ajedrez.  Su evolución interior está explícitamente relacionada con su imagen y su entorno.

La banda sonora es exquisita. Su riqueza radica en que nos sumerge en la autodestrucción de Beth, su dolor, su alegría, sus partidas, sus triunfos y derrotas de todo tipo. Elementos tales como el tic tac, el piano, son parte de la atmósfera musical de The Queen’s Gambit.

Los efectos visuales, cuyo fin práctico implica el diseño de fachadas y vistas, se utilizan de igual manera para estas increíbles piezas de ajedrez que proyecta de su mente Beth, en el techo.

Distintos personajes marcan la vida de la joven Beth y ella, muchas otras. No sólo a nivel profesional sino personal. Tienen un desarrollo, profundización e identidad suficiente como para que la audiencia los identifique, conozca y diferencie en sus distintos niveles, gracias por supuesto a sus sobresalientes interpretaciones. El guion fomenta esto, uniendo un mundo íntimo, social  y la presencia que posee el ajedrez; mezclando adicciones, amores, sueños, pérdidas, mundos oníricos dentro de 7 capítulos que equilibra, junto con flashback, la construcción de no solo la historia, sino de Beth, quien es interpretada por tres actrices en distintas etapas etarias de su vida (Isla Johnston, Beth de 9 años y Annabeth Kelly Beth de 5 años). El final es suficiente en cuanto a lo que necesitábamos, queriendo más, pero cierra este viaje de forma maestra, donde un cúmulo de tópicos que fueron explorados.

Gambito de dama es una de las mejores cosas que nos dejó el 2020

Título original: The Queen’s Gambit

Creado por: Scott Frank, Allan Scott

Basado en: The Queen’s Gambit de Walter Tevis

Escrito por: Scott Frank, Allan Scott

Director: Scott Frank

Elenco: Anya Taylor-Joy, Bill Camp, Marielle Heller, Thomas Brodie-Sangster, Moses Ingram, Harry Melling, Marcin Dorociński, Christiane Seidel, Isla Johnston, Jacob Fortune-Lloyd, Chloe Pirrie

Compositor: Carlos Rafael Rivera
Productores ejecutivos: Scott Frank, William Horberg, Allan Scott

Productores: Mick Aniceto, Marcus Loges

Cinematografía: Steven Meizler

Editor: Michelle Tesoro
Compositor: Carlos Rafael Rivera

Empresas productoras: Flitcraft, Wonderful films, Netflix

Género: Drama
País: Estados Unidos

Idioma: Inglés
Año: 2020

Temporada: 1
Capítulos: 7

Plataforma: Netflix

 

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