Critica de serie “Los Durrell” en el lugar dónde poder crecer

SID GENTLE FILMS Ltd THE DURRELLS SERIES 4 Episode 1 Pictured: KEELEY HAWES as Louisa Durrell, DAISY WATERSTONE as Margo,MILO PARKER as Gerry,JOSH O'CONNOR as Larry and CALLUM WOODHOUSE as Leslie. This photograph must not be syndicated to any other company, publication or website, or permanently archived, without the express written permission of ITV Picture Desk. Full Terms and conditions are available on www.itv.com/presscentre/itvpictures/terms Copyright: ITV,SID GENTLE PRODUCTIONS For further information please contact: Patrick.smith@itv.com 0207 1573044

 

Por Noelia Barrientos

La plataforma online Filmin nos regala para estos días de encierro primaveral lo que, por qué no, podría ser considerada una obra maestra: la serie The Durrells. Un relato mediterráneo, luminoso, exquisito y basado en hechos reales que narra los cuatro años que la familia Durrell, compuesta por una madre viuda y sus cuatro hijos, pasó en la isla griega de Corfú, en los años que precedieron a la II Guerra Mundial.

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La historia es relatada por el pequeño de la familia, Gerald Durrell, en el libro Mi familia y otros animales, uno de los tres que completan la trilogía en la que está basada esta historia: “Ya estaba bien de lluvia en Gran Bretaña y que la familia haría muy bien en sobrevivir en clima más tolerante: por ejemplo, Corfú”. Completan la colección de libros Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses.

No obstante, cuesta imaginarse una madre de principios del siglo XX, más bien de cualquier época que se nos ocurra, capaz de abandonar la bien tradicional senda de la vida, en este caso en la lluviosa Bournemouth en Inglaterra, para proveer a sus hijos, Lawrence, Leslie, Margo y Gerry, de una experiencia vital tan maravillosa.

Como si pareciera imposible, los cinco personajes toman un barco e innumerables trenes para atravesar el continente y aterrizar en una isla, a la que no se le acaba el sol ni la exoticidad, para caminar por un proceso maravilloso de adaptación a la vida griega. Jugando con un tan característico humor inglés y, sin caricaturizar nada, transitar por esa etapa de luz junto a la familia Durrell se antoja un placer de lo más exquisito.

Sin un desarrollo dramático ambicioso, esta serie se digiere a fuego lento, con tranquilidad. Cada capítulo de las cuatro temporadas, se consume como si fuera una obra de arte, un paraíso trasladado a la realidad, excentricidades y adaptaciones de guión aparte, convirtiéndose en una muestra fehaciente de que los mayores retos  son superables, y se convierten en nuestras mejores medallas.

No hay que olvidar, sin embargo, que la familia Durrell es especial, el descarado y elocuente hijo mayor, Larry Durrell, fue uno de los novelistas más aclamados del siglo XX, reconocido por sus novelas subidas de tono, algunas escritas en su etapa en Corfú, su amistad legendaria con Henry Miller o su paso por los servicios de inteligencia británicos durante la II Guerra Mundial.

Fue un ser escurridizo, independiente y resuelto, talentoso e inspirado, que guía en muchas ocasiones a su madre por esa aventura griega, empujándola a disfrutar de todo, incluso del amor: “¿Cómo podemos tus hijos desarrollar un sano complejo de Edipo sin un padre al que odiar? ¿Cómo puede Margot odiarte bien si no tiene un padre del que enamorarse? Estás haciendo que nos convirtamos en monstruos de depravación. ¡Como madre, tienes el deber de volverte a casar!”.

Fue Larry, ya al final de su vida y después de haber deambulado por varios países, cuando llega a la campiña francesa y recapacita: “Me he refugiado en esta isla con algunos libros y el hijo de Melissa. Me pregunto por qué he escrito la palabra refugiado. Las gentes de aquí dicen de broma que hace falta estar enfermo para venir a recuperarse en un rincón perdido como éste. Pues bien. Así sea. Digamos que he venido aquí para intentar curarme”.

Puede que sea, precisamente ahora, cuando estamos todos refugiados en nuestras casas cuando podemos y debemos echar la vista algo más allá de la ventana y soñar con un país lejano que nos refugie, que nos rescate de la desazón de una rutina con sabor a mascarilla.

Y es que como explicaba Gerry en su libro: “Lo que todos necesitamos es sol, un lugar donde poder crecer”.

 

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