Por Ana Catalina Castillo I.
Acreedores, la icónica obra del escritor sueco August Strindberg, retoma sus funciones en el Teatro Finis Terrae en la adaptación y dirección del destacado dramaturgo Alexis Moreno, después de mantenerse con éxito en cartelera en 2025. En esta temporada se incorpora la actriz Trinidad González al elenco conformado por Francisco Reyes y Mario Horton.
La obra se centra en un triángulo amoroso compuesto por Tecla (Trinidad González), su primer marido, Gustavo (Francisco Reyes) y su segundo esposo, Adolfo (Mario Horton). La obra, en un solo acto, sitúa la acción en un balneario el día en que Tecla regresa al hotel tras haberse ausentado después de una fuerte pelea con Adolfo. Durante su ausencia, este ha conocido a Gustavo, sin sospechar su verdadera identidad. A partir de este encuentro, la obra despliega una serie de disquisiciones sobre la institución del matrimonio: primero entre los dos hombres y luego con la irrupción de Tecla, quien enciende aún más el conflicto.
Aunque Acreedores fue escrita a fines del siglo XIX, sus diálogos descarnados, agudos y de notable complejidad psicológica no parecen envejecer. Por lo mismo, no es casual que los estudios literarios sitúen a August Strindberg como uno de los precursores del teatro moderno. Basta constatar cómo en esta pieza el lenguaje no solo vehicula la acción, sino que es el arma esgrimida en un campo de batalla donde se ponen en juego estrategias de poder y manipulación emocional.
La adaptación de Alexis Moreno se apega bastante al escrito de 1888, pero también hay elementos clave que lo actualizan, como atenuar la visión mujer-vampiro que predomina en la obra original, haciendo foco en que en las crisis se comparten culpas. Por otra parte, el personaje femenino se muestra más seguro y consciente de su valor. Un tercer aspecto que le da todavía más vigencia es el cambio en el origen de la vulnerabilidad física de Adolfo; si casi 130 años atrás se mencionaba el nerviosismo vinculado a sus ataques de epilepsia, en 2026 cobra muchísimo sentido que sus problemas sean de salud mental; en este caso, la depresión.
El corazón de la obra pone en tensión no solo el contrato matrimonial, sino también las relaciones afectivas en su dimensión más cruda: su desgaste, sus motivaciones ocultas y las asimetrías de poder que las atraviesan. Aquí se manifiesta con claridad el ideario naturalista de Strindberg, ya que los personajes actúan condicionados por su historia, sus deseos y sus heridas. Amar, y sobre todo dar, como le dice Adolfo a Tecla, se vuelve una forma de confrontación donde siempre hay algo en juego y, por consiguiente, alguien que termina perdiendo. De ahí el nombre de la obra: sobre todos nosotros pesa la sombra de algún acreedor; alguien que exige de vuelta parte de la transacción en la que ha invertido tiempo, entrega emocional, postergación de los sueños o proyectos propios.
Definida en el texto original como “tragicomedia en un acto”, la obra ya anuncia su tono. La fusión entre tragedia y sarcasmo intensifica la incomodidad. La dramaturgia se caracteriza por una tensión sostenida, con escasos momentos de distensión, donde los personajes operan como portadores de una tesis: las relaciones amorosas, por más que pretendan serlo, difícilmente son horizontales.
Esta perspectiva no surge de manera aislada. En Casados (1884-1886) Strindberg ya había desarrollado una crítica incisiva al matrimonio burgués. En esos relatos, el vínculo conyugal aparece como un espacio de conflicto permanente, atravesado por resentimientos, luchas de poder y tensiones de género. Acreedores retoma esa exploración, funcionando casi como una cristalización dramática de esa especie de bitácora de guerra de los sexos. Asunto este que conecta –como tantas veces– arte y vida. El mismo Strindberg padecía una obsesión por las relaciones conflictivas entre hombre y mujer, como lo revelan datos biográficos escabrosos de su tres matrimonios.
En la puesta en escena de Alexis Moreno, la escenografía con dos puntos focales enmarca el movimiento físico e interno de los personajes. En ese tránsito, de alta exigencia física, el elenco ofrece una actuación equilibrada, si bien algunos de sus desplazamientos en el escenario resultan dubitativos. Aunque también podrían entenderse por esa sensación que provoca reconocer la presencia de lo ominoso en los espacios privados e íntimos. Con una iluminación coherente con la propuesta, llama favorablemente la atención la naturalidad con que fluye, en uno de los cambios de escena, una versión instrumental del éxito pop, Toxic de Britney Spears. Desde nuestra perspectiva, funciona como un recordatorio de que, aunque el vestuario de época diga otra cosa, lo que estamos presenciando está lejos de resultar obsoleto.
Celebramos el reestreno de Acreedores, sobre todo cuando la vuelta de un clásico, adecuadamente tratado con una mirada nueva, deja instalada la perturbadora idea de que la mente humana continúa siendo inescrutable y que los seres vivientes conservan su fragilidad. Cuando el teatro nos pone delante de los ojos la pequeñez y los aspectos humanos más oscuros, consigue reflexiones profundas que validan el arte en toda su potencia.
Ficha artística
Título: Acreedores
Dramaturgia: August Strindberg
Dirección y adaptación dramatúrgica: Alexis Moreno
Elenco: Francisco Reyes, Mario Horton y Trinidad González
Diseño escenografía y vestuario: Andrea Contreras
Diseño iluminación y jefatura técnica: Francisco Herrera
Realización escenográfica: Francisco Sandoval
Realización de vestuario: José Vergara
Asistente de producción: Paula Galleguillos
Producción general: Alessandra Massardo
Coproducción de Teatro Nacional Chileno y Teatro a Mil
Duración: 85 min
Coordenadas
Teatro Finis Terrae
Av. Pocuro 1935, Providencia
9 al 25 abril.
Jueves y viernes, 20.30 h; sábados y domingos, 19 h.
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