Crítica de teatro “Bru o el exilio de la memoria”: Con ganas de conocerla más

 

Por Galia Bogolasky

Bru o el exilio de la memoria es una obra de teatro documental creada por Amalá Saint-Pierre y dirigida por Héctor Noguera. La historia relata la vida de la artista catalana Roser Bru que llegó a Chile escapando de la guerra civil española, en el Winnipeg, la famosa embarcación que trajo a miles de catalanes a vivir a Chile, gestionado por Pablo Neruda en 1939.


La artista es una reconocida pintora que se ha destacado por su trabajo en nuestro país y que incluso la llevó a ganar el Premio Nacional de Arte el año 2015. Al poco tiempo sufrió un ataque cerebrovascular y hoy, a los 96 años, vive con algunos vagos recuerdos, los que su nieta ha tratado de rescatar para crear este montaje.

Lo primero que Amalá Saint-Pierre hizo fue recopilar mucha información para crear un libro-objeto con todo este increíble material de su abuela. Durante el proceso, se encontró con muchas cosas, los que evidentemente fueron el mayor desafío al llevar esta historia a escena.

Amalá se encuentra en escena con Francisco Paco López, miembro del colectivo Maquina Dos, quien es cocreador de la obra y juntos van explicando a través de proyecciones y de representaciones de escenas, los hechos que van sucediendo para entender la historia de la artista catalana.


Cuando uno quiere contar la historia de una persona que, además, está viva, el desafío no es menor. Toda una vida en una hora y tanto de montaje. ¿Qué contar? Debe ser la pregunta que se hicieron Amalá y Francisco.

Lo que Saint-Pierre tomó como punto de partida fue el exilio, tan presente en la vida de su familia. Su abuela tuvo dos exilios, el primero junto a su mamá, cuando se fueron a vivir a Francia durante la dictadura de Pinochet. En ese país se crio Amalá, quien se refiere a esa época brevemente en la obra.

Pero el gran hilo conductor del montaje es una obra de Roser Bru que desapareció para el golpe militar del 73, que había sido donada al Estado y exhibida en la UNCTAD III. Una patchwork enorme, de cuatro piezas, pero una de ellas nunca apareció. La búsqueda de esa parte faltante es la que genera el conflicto en la historia. ¿Qué pasó con esa pieza que desapareció? ¿Quién la tiene? ¿Quién se la robó? Esas son las grandes preguntas que se plantea el montaje y que generan que esta historia tenga un sentido específico.

Por lo tanto, esta no es una obra sobre la vida de la artista, ni de su relación con su nieta, lo que uno podría suponer al enfrentarse a esta propuesta, sino que la obra se trata de un episodio específico, sobre una búsqueda, sobre una pieza que falta en la historia del arte chileno.

La puesta en escena funciona muy bien, con pocos elementos, pero muy útiles; una mesa donde se encuentran documentos con la investigación, al otro extremo unos pisos con una mesita con café, un perchero, donde están colgados los abrigos que usan los actores para interpretar algunas escenas que retratan ciertos episodios en la vida de Bru. Pero lo mejor logrado es el trabajo de deconstrucción de una gran obra de arte, que la pintora creó incorporando elementos que marcaron su historia. La propuesta visual es fascinante, y ese trabajo está muy bien utilizado pensando que es la historia de una artista visual, por lo que la imagen es clave en esta puesta en escena.

Las interpretaciones de Amalá y Francisco pasan del relato y descripción de hechos a la actuación de escenas de episodios de la vida de la artista. Durante las escenas las actuaciones fluyen y uno puede transportarse a ese momento, pero durante los relatos de los hechos, la parte biográfica de la historia, ambos actores se notan un poco rígidos, se siente poco natural, lo que hace que la historia no tenga tanta fluidez.

Debido a que la obra se centra en la historia de exilio de Roser Bru, de su llegada en el Winnipeg y en la obra perdida, hay muchos elementos de la vida y de la obra de la artista que no llegamos a conocer y, justamente, porque su vida ha sido tan fascinante, la sensación que queda es que falta mucho por conocer de la vida de Bru.

Bru o el exilio de la memoria es una obra de teatro documental que podría haber funcionado mucho mejor si se hubieran incorporado más elementos de la vida de la artista. Los pocos recuerdos que conserva Bru no debieran ser un impedimento para contar una historia más emotiva y profunda, y enfocarse tanto en un hecho que llega a ser básicamente un evento criminal, dramático, por cierto, deja la sensación de que nos faltó más Roser, la mujer, la inmigrante, la artista, la abuela.

 

6 al 29 Sep. Ju a Do – 21 h. (*excepto 19 a 22 Sep.). Sala N1. 
Entradas: $5.000 Gral, $3.000 Est. y 3ed.
Una obra del Colectivo Mákina Dos | Dirección: Héctor Noguera | Idea original, dramaturgia y actuación: Amalá Saint-Pierre y Francisco Paco López | Asistente de dirección: David Meneses | Diseño de visuales y proyecciones: Delight Lab |Composición musical: Diego Noguera | Diseño de iluminación: Ricardo Romero | Producción de vestuario y utilería: Nicoletta Fuentealba | Realización de escenografía: Tommy López | Diseño gráfico: Carla Labra | Producción: Carolina Cabezas | Proyecto financiado por FONDART 2019..

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