Por Romina Burbano Pabst
¿De qué color es el olvido?
…hmm… azul estigio…
Un cuerpo que deja de recordar no queda vacío entonces ¿qué queda después del olvido? Se ha entendido como una ausencia que arrastra todo. Pero, Cabeza de Elefante, de la compañía Silencio Blanco propone una nueva reflexión entorno al olvido, no es desaparición sino un punto de encuentro. Un espacio dinámico donde todo converge y pierde forma al mismo tiempo, donde la calma se encuentra con el desborde, presencia y desorientación. Aquí el recuerdo no aparece como una acción de la mente, sino una insistencia del cuerpo.
Bajo la dirección de Santiago Tobar, la obra propone la contemplación del lenguaje visual y gestual. La marioneta encarna el olvido, sus gestos, sonidos, limitaciones. El olvido, no es la nada, es un cuerpo que está olvidando y no deja de sentir.
Hay una decisión de exponer el artificio, la marioneta, no está sola, es sostenida, intervenida, atravesada por otros cuerpos (intérpretes) que acompañan desde una forma casi omnipresente su tránsito. Las varillas de la marioneta no se ocultan, tampoco los intérpretes, no se borra la presencia de quienes movilizan ese cuerpo en olvido. Y aquí nace algo muy complejo y es que el olvido no ocurre en aislamiento. Se manifiesta en relación.
La marioneta se desorienta, camina, se sienta, cae, insiste; y aunque pareciera estar sola en el escenario, siempre hay manos que lo sostienen, lo guían, que parecen recordar por él. Es como si la memoria ya no habitara en un solo cuerpo, sino que se desplaza, se fragmenta hacia otros. Esa figura que olvida no está del todo perdido, algo en él continúa insistiendo, es el recuerdo que no se encuentra en la mente. En la obra la marioneta no trata solo de recordar, en el sentido habitual de la palabra, sino de habitar una especie de resonancia. Lo que aparece en escena es la sensación del olvido, ese que no se puede recuperar del todo y, sin embargo, no desaparece. Se transforma en gesto, en repetición, en sonido.
Es interesante cómo una sola marioneta y unas máscaras crean un espacio donde alguna vez habitó la memoria, una memoria que no se traduce en palabras, sino que persiste en el movimiento. Las máscaras desplazan el olvido, ya no es solo quien olvida sino quienes rodean a ese cuerpo que está olvidando. Aparecen como seres que contienen algo que se está difuminando: lo cotidiano y lo conocido. Es como si en ellas se guardara un trozo de esa vida que ya no logra reconocerse.
La obra ofrece un umbral: un lugar donde el olvido deja de ser relato y se convierte en experiencia sensible y difusa. El olvido persiste porque en él se superponen los restos de recuerdos que la mente no disipa.
Un cuerpo que olvida no deja de sentir. Al igual que el azul estigio, el olvido aparece y se desvanece. En escena, esa cualidad se materializa en los elementos artísticos. El diseño lumínico y sonoro componen una atmósfera persistente, luces tenues que vuelven la mirada hacia el detalle. Las luces aparecen y se desvanecen dentro de un paisaje sonoro que permite la inscripción de fragmentos, imágenes, espacios, sensaciones que emergen y se disuelven entre irrupciones y silencios. Es un aparecer y desaparecer que nunca termina por fijarse y es, en ese tránsito, donde el cuerpo se reafirma.
El personaje principal es un adulto mayor, algo que me parece sumamente importante e interesante. Hay en esta elección, poner en el centro a una figura de la vejez, una dimensión profundamente ética que viene desde el cuidado. Nace desde la sensibilidad, desde la capacidad de mirar, detenerse y acompañar. Desplaza el foco hacia un cuerpo que suele quedar al margen de las reflexiones. Aquí, no se trata de representar el olvido en la vejez sino de detenerse en ella, entender su ritmo, contemplar su fragilidad y sostener lo que persiste.
En una sociedad que tiende a apartar aquello que no sigue su ritmo acelerado, poner en el centro a un cuerpo lento que olvida es también un acto de resistencia y político. Quien olvida requiere ser visto y sostenido por otros.
Cabeza de Elefante es una obra maravillosa que no se agota en su propuesta estética, ni en la delicadeza de su lenguaje escénico. Lo que deja es más difícil de nombrar, quedan sensaciones, preguntas, inquietudes y una forma distinta de estar frente al olvido. Lo hace cercano y presente, como una experiencia real que posee nombre y apellido. En ese sentido, el montaje no solo abre a la reflexión, sino que va más allá. Nos acerca a aquello que, como sociedad, tendemos a ignorar: los cuerpos que olvidan, los cuerpos que ya no responden al ritmo productivo, los cuerpos que requieren ser sostenidos por otros.
Es quizás ahí donde radica la potencia de la obra, no en explicar el olvido, sino en volverlo cercano. Hacerlo presente.
¿De qué color es el olvido?
Ficha Técnica
Título: Cabeza de Elefante
País: Chile
Director Artístico: Santiago Tobar
Productora Creativa: Dominga Gutiérrez
Intérpretes: Camilo Yáñez, Marco Reyes, Karin Mayorinca, José Calderón
Diseño Sonoro y Compositor Musical: Ricardo Pacheco
Diseño de Iluminación: Paulo Letelier, Santiago Tobar
Realización de Marionetas: Santiago Tobar
Gestión: Dominga Gutiérrez, Camila Casanova
Comunicaciones: Francisca Yévenes – Loica Comunicación y Cultura
Diseño Gráfico: Daniel Hanselmann
Apoya Fira de Tilles de Lleida
Patrocina Centro Cultural Estación Mapocho
Coproducción GAM
La obra presenta lenguaje visual sin texto. Largos momentos de oscuridad y un ritmo pausado.
Duración: 50 min
Edad: +14
Coordenadas
Centro GAM
17 al 26 de Abril 2026
![]()

