Crítica de teatro “Druk”: Cuando otra ronda nunca es suficiente

 

Por Galia Bogolasky

Druk es la adaptación teatral de la excelente película Otra Ronda de Thomas Vinterberg, que aborda los dramas que surgen en la vida adulta y las soluciones extremas a las que se puede llegar por evadir la realidad. Bajo la dirección de Álvaro Viguera, la obra se centra en la historia de cuatro profesores que deciden experimentar con la teoría de mantener un nivel constante de alcohol en la sangre y la transforma en una mirada aguda sobre la amistad, la masculinidad y el desgaste emocional.

La obra se centra en cuatro profesores: Nicolás, (Jaime Omeñaca), Tomás, (Ricardo Fernández), Martín, (Álvaro Espinoza), y Pedro (Luis Cerda). Ellos trabajan en un colegio, tienen vidas monótonas, relaciones quebradas y se sienten poco motivados. Cuando se reúnen para celebrar el cumpleaños número 60 de Nicolás (Jaime Omeñaca) los cuatro amigos y colegas deciden realizar una “investigación” que consiste en tomar 0,5 grados de alcohol, que es déficit con el que nace el cuerpo humano.

El desafío que se imponen es tomar todos los días un consumo diario de ese 0,5% y de esa manera poder evidenciar los efectos que el alcohol produce en los seres humanos. Según esta investigación en la que se basan, las personas mejoran sus habilidades profesionales, sociales e intelectuales tomando alcohol. Su teoría se sustenta en que todos los genios tomaban, incluso algunos lo necesitaban para poder crear, como Hemingway y Tchaikovsky.

La obra incorpora muchas citas a los grandes genios e íconos de la historia. Por ejemplo, dicen: “La vida sólo se puede entender para atrás, pero hay que vivirla hacia adelante” y eso lo toman como punto de partida para iniciar este “experimento” y ver qué consecuencias les pueden traer.

La obra incorpora al púbico y lo hace participar. Los profesores, mientras comienzan con el consumo del alcohol, demuestran que sus clases se vuelven más interesantes, motivantes y que los estudiantes están aprendiendo más. Martín (Espinoza), el profesor de Historia, hace que el público vote sobre descripciones de personajes de la historia, Pedro, el profesor de música hace que el público aplauda y cante al ritmo de la música, y Tomás, el profesor de deporte sube al escenario a un par de hombres a jugar a la pelota. Todas estas dinámicas hacen que la obra se vuelva dinámica e hilarante.

A medida que avanza el montaje y el nivel de alcohol aumenta, podemos evidenciar el efecto que va generando en los personajes. Mientras que para algunos el alcohol efectivamente les sirve para sincerar sus relaciones y cambiar sus estilos de vida, para otros este consumo los lleva al límite, lo que pone en cuestión los niveles éticos y morales que se plantean en la obra.

A pesar de la extensa duración del montaje, hay elementos que no se logran desarrollar en su totalidad, sobre todo el análisis sobre las consecuencias graves que puede provocar el consumo excesivo de alcohol. De hecho, llega a ciertos límites que sobrepasan la instancia del cuestionamiento.La obra queda al debe en la reflexión más profunda sobre los aspectos morales que conlleva el consumo desmedido de alcohol, ya que es utilizado como detonante dramático para abordar los conflictos de estos hombres en una etapa de sus vidas en las se cuestionan muchas cosas trascendentales.

Álvaro Viguera apuesta por un montaje incorporando un lenguaje escénico contemporáneo, con una escenografía sencilla, y elementos como pantallas, juegos de luces y música que funcionan bien para darle dinamismo a la historia. Sin embargo, la proporción de los elementos en escena no funcionan del todo. La mesa es muy pequeña para cuatro personas, las copas y la comida se ve atiborrados, y como que se van a caer en cualquier momento, incluso al comienzo de la obra, cuando todavía no están borrachos.

La obra fluye de manera dinámica entre la comedia y el drama. Esa fluidez permite que la narración avance con ritmo, ya que el movimiento de los actores en escena y la rapidez del texto, permite que no se sientan las 2 horas de extensión.

El elenco, integrado por Ricardo Fernández, Álvaro Espinoza, Jaime Omeñaca y Luis Cerda, sostiene la obra desde una química que hace creíble la complicidad de estos amigos y colegas. Cada personaje representa una forma distinta la frustración, construyendo un retrato coral que evita caricaturizar la crisis masculina y privilegia una aproximación más humana y vulnerable.

Uno de los principales aciertos de la adaptación parece residir en trasladar una historia de resonancia universal hacia un contexto reconocible para el público chileno, como por ejemplo mencionando que el vino proviene de una viña del Valle de Colchagua.

Sin perder el espíritu de la película de Thomas Vinterberg, la versión encuentra un lenguaje propio para hablar de una generación marcada por la exigencia permanente de rendir, producir y responder a expectativas que muchas veces dejan poco espacio para preguntarse por el sentido de la propia existencia.

El humor funciona como un mecanismo de alivio, pero también como una herramienta para exponer contradicciones profundas. La obra encuentra un delicado equilibrio entre la ironía y la melancolía, permitiendo que la risa conviva con momentos de auténtica fragilidad emocional.

Druk nos permite abrir una conversación sobre los límites morales del consumo excesivo del alcohol, sobre la evasión a través del consumo, y sobre las complejidades de la vida adulta. Con una premisa tan provocadora como engañosa, la adaptación demuestra que el alcohol constituye un mecanismo para evadir los verdaderos dramas, y que, si no se puede poner límites, simplemente no es el camino. Esa permanente búsqueda por recuperar la intensidad de vivir simplemente no se soluciona evadiendo a través del alcohol, sino que, haciéndose cargo de los verdaderos problemas, y esta obra nos abre la puerta para abordar muchos temas que emergen de esa premisa.

Ficha técnica

Título: Druk

Dirección: Álvaro Viguera

Asistente de dirección: Pascale Zelaya

Elenco: Jaime Omeñaca, Ricardo Fernández, Álvaro Espinoza y Luis Cerda

Diseño integral: Daniela Fresard

Producción general: Alessandra Massardo

Duración: 90 minutos

Edad recomendada: +14 años

Coordenadas

Funciones: Desde el 2 de julio

Jueves a sábado | 20:00 horas

Lugar: Teatro Mori Parque Arauco

Entradas: Ticketmaster y boleterías Teatro Mori

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