Crítica de teatro “Hamlet-multitud”: A donde vamos a parar

Por Álvaro Guerrero

Un clásico incuestionablemente universal en su esencia, puede verse enfrentado durante toda su larga trayectoria de siglos, para el caso de Hamlet, a las necesidades simbólicas del presente, y en el mismo sentido a la urgencia que cada época reclama no para mantenerlo vigente, sino como instrumento flexible en su misma universalidad. Nuestro siglo veintiuno, en plena crisis social, de identidad, política, económica y ecológica, es particularmente aguda en plantear la necesidad de la adaptación. La respuesta que propone Hamlet-Multitud, montaje dirigido por Claudia Echeñique en el Teatro UC, no busca la «zona de confort» de la mirada conservadora a ultranza, ni el mero esteticismo. Por el contrario, el montaje se instala en la tensión  entre la tradición isabelina y la pulsión social, aportando al dilema existencial del príncipe de Dinamarca un síntoma de algo colectivo y atingente a las crisis y las respuestas a ellas.

​La propuesta desplaza con lucidez el eje dramático tradicional. Ahora la indecisión intelectual de Hamlet ya no es un asunto estrictamente filial o metafísico, es el reflejo de una comunidad desbordada y fragmentada que exige justicia frente a una institucionalidad que hoy y ayer hace sentir su «mal olor». El palacio donde se escenifica el drama parece tan fantasmal como el espectro del padre, allí donde parece jugarse con la idea de memoria, y en realidad de la ecuación muy perenne y cara a Chile entre hipocresía y olvido rápido, incluso institucionalizado.

​En términos de dirección se expresa una visible madurez para ensamblar con fluidez una escenografía con elementos mínimos de simbolismo, que operan más a nivel de lo que su ausencia sugiere, junto al texto clásico y las intermitentes inclusiones de diálogo que apuntan a problemáticas del presente de Chile. La puesta en escena transita desde la solemnidad trágica hacia la deconstrucción crítica y el humor corrosivo, a veces situado muy a nivel de contingencia, rompiendo la distancia de la platea mediante un uso inteligente de recursos musicales, con la banda situada a un costado de la acción dramática y su música en vivo que le otorgan al montaje un ritmo vertiginoso.

​El diseño escénico es un pilar fundamental en la construcción de esta atmósfera de desolación y urgencia. La escenografía renuncia al ornamento palaciego clásico en favor de un espacio muy austero, de líneas industriales y texturas lisas, frías, evocando una Dinamarca que opera como un espacio identitario vaciado de su humanidad. A su vez, el diseño de iluminación se ensambla con esto último mediante contrastes expresionistas muy marcados, claroscuros cortantes, logrando fragmentar el espacio y aislar los cuerpos, en un progresivo acentuamiento de la opresión psicológica de los personajes y la naturaleza espectral del relato.

​En lo que respecta al elenco, el montaje sostiene un diálogo generacional. Vicente Almuna entrega un Hamlet de teatro muy físico, eléctrico y desbordado, a la altura de la angustia de su Hamlet, un joven al que crecientemente se le considera «loco», y cuya actitud externa e interna de probar los límites humanos de la verbalidad desesperada, a veces violentamente honesta, se entiende como una lucidez intolerable para el poder establecido. A su lado, la presencia de Julio Milostich inyecta una densidad dramática importante como el espectro del rey asesinado, enriqueciendo la tensión escénica. Ximena Rivas dota a Gertrudis de un dramatismo entroncado con las actuales batallas permanentes del feminismo. También es una reina atrapada entre la culpa y la sobrevivencia política, mientras que Gonzalo Robles compone un Polonio cuya locuacidad toma forma en las formas de hablar coloquiales en Chile y muy asociadas a los roles de comedia que ha interpretado a través de su carrera, algo que conecta bien con el cinismo reconocible en su personaje.

Hamlet-Multitud es un ejercicio teatral que busca alcanzar algo del aroma ambiente crispado de allá afuera de la sala de teatro. Lo logra a ratos, siempre tocando temáticas contemporáneas diversas, que aunque no profundiza en cada caso, si puede sostenerse sin que el drama de Shakespeare se quiebre o relativice. Esto sigue siendo muy Hamlet. En suma, una montaje tremendamente ágil, donde lo clásico no se ve perturbado sino asimilado a la música presente y sobre todo a los comentarios introducidos que pueden alivianar la densidad propia de la obra, haciéndola más lúdica, entretenida e irónica.

Ficha técnica

Título: Hamlet-Multitud

Autor: William Shakespeare

Dirección: Claudia Echeñique   

Elenco: Gonzalo Robles, Ximena Rivas, Julio Milotich, Vicente Almuna, Ignacio Galarce, Consuelo Carreño, Camilo Carmona, Valentina Nassar, Eduardo Vial.

Asistencia de dirección: Eduardo Vial

Coro ciudadano: Sofía Sagal, Fabián Fica, Constanza Gonzales, Álvaro Valdebenito.

Adaptación y textos: Jonathan Aravena y Claudia Echeñique.

Producción general: Trinidad Urzua

Música: Benjamín del Rio, José Tomas Celis. 

Diseño escénico integral: Cristóbal Ramos, Daniela Portillo.  

Asistente de diseño: Eduardo Huanchicay

Jefe técnico: Vicente Christian

Realización de vestuario: Sergio Aravena

Realización cortinajes: Daniela Espinoza

Realización escenográfica: Tobías Díaz

Coreografía de combate: Eral Meyer, Centro Mauna Kalari

Edad recomendada: + 14 años

Duración: 110 minutos

Coordenadas

Teatro UC: Jorge Washington

Sala Ana González / 1er piso: Sí cuenta con acceso para personas con movilidad reducida y silla de ruedas.

Del 8 al 30 de mayo 

Jueves a sábado 19:30 horas

Durante la obra se utiliza humo inocuo

Entradas disponibles en Ticket Plus 

 

Loading

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *