Crítica de teatro “Impostoras”: Puesta en escena y artificios varios

 

Por Jorge Letelier

Dice el filósofo Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia, que: “El imperativo de la transparencia hace sospechoso todo lo que no se somete a la visibilidad. En eso consiste su violencia”. En tiempos de exhibicionismo patológico no solo se nos exige ser visibles, sino que somos evaluados por ello, dejando el misterio o lo singular en un espacio que lleva a una disolución pro gresiva de la identidad.

El mundo actual nos marca con la expresa necesidad de uniformarnos, de reducir la divergencia y la ruptura. En otras palabras, es necesario ser parecidos para evitar el rechazo y las “diversidades” aparecen más bien como dóciles exotismos de lo hegemónico. Pero ¿qué pasa si este afán por nivelarnos por la apariencia no solo relativiza nuestra identidad, sino que la niega conscientemente? En esas reflexiones en torno a construirnos en lo que no somos para sobrevivir, Impostoras se ubica como un espejo que refleja varios síntomas propios de estos tiempos.

La obra escrita y dirigida por Mariana Hausdorf dentro del Programa de Dirección Escénica de Fundación Teatro a Mil y Goethe Institut, recoge esta idea a través de casos reales (y célebres) en que tres mujeres fingieron ser y actuar lo que no son: una española que dice haber sobrevivido al ataque a las Torres Gemelas, una mujer blanca que se hizo pasar por afroamericana para ser activista de derechos civiles, y una polaca que se convirtió en la doble de la canciller alemana Angela Merkel.

Son varios los elementos que convierten a estas mujeres en personajes fascinantes. Esta pulsión por ser otros o personificar historias ajenas tienen que ver con esa coacción sistémica que menciona Han, esa negación a generar una ruptura para no alejarnos de lo que se considera correcto políticamente o de las figuras que simbolizan el poder. Esa violencia, como la describe el filósofo surcoreano, en que se van disolviendo progresivamente las nociones de identidad y singularidad (de libertad, al fin de cuentas), es un fenómeno que excede con mucho la moda de las fake news y la posverdad, y es más una descripción sociológica del ciudadano actual bajo condiciones de exposición extrema. Es, además, una idea bastante más atractiva que la mera oposición entre realidad y ficción, que es la forma en que la propia directora ha explicado su obra públicamente.

Los tres personajes se enfrentan al público a la manera de una entrevista en que van narrando cuál es su rol en esta “realidad” ficticia que han construido. Dialogan entre sí y sus relatos se apoyan en ingeniosos recursos visuales presentados en una pantalla, pero su interrelación no persigue una intención dramática convencional, sino que es solo expositiva. Esta decisión resulta relevante puesto que la idea de puesta en escena es una suerte de mediatización a través de dispositivos donde las actrices manejan el sonido y la iluminación de la obra, a través de controles expuestos ante el público, en un entramado técnico-expresivo que recuerda los trabajos de experimentación sonora de la dupla Marabolí-Piriz.

Esta idea de puesta en escena que se aleja de la idea de contar la historia para reflexionar sobre cómo impactan estos dispositivos en la representación, lleva a la obra a interrogar sobre la idea de apropiación que funciona tanto en el texto (lo que dicen los personajes) como en la forma en que lo reconstruyen desde el sonido y la luz (una manifestación clara de “artificialidad”). Si estos personajes simulan ser algo que no son (apelando, incluso, al engaño colectivo), el uso en escena de la luz, el sonido y la música incidental, desnuda, además, la construcción de esa ilusión de lo representado por los personajes, es decir, sus propias mentiras.

Este reconocimiento de la intencionalidad artificiosa de los dispositivos en la puesta en escena, resalta en esta obra de manera singular porque está en un contexto teatral que tiende a usar estos procedimientos dentro de la lógica de lo real y/o documental. De hecho, Impostoras va incluso más allá de lo trabajado por la dupla Marabolí-Piriz, en que los procedimientos sonoros sirven para generar una ambigüedad extra al relato, al prescindir de las imágenes visuales. Aquí, está al servicio de una idea de mediatización y reconstrucción “artificial” que le otorga capas muy interesantes al relato porque el uso de estos dispositivos y medios se integran a la idea dramática más que en su dimensión utilitaria.

Las tres actrices, por su parte (Heidrun Breier, Sol De Caso y Renata Puelma), se sitúan en un espacio que parece estar a medio camino entre la interpretación “convencional” y la performance sonora en vivo, donde incluso las inserciones publicitarias de algunos productos parodian la idea de un desplazamiento en la representación. En este punto, el que las actrices hablen en el idioma original de sus personajes (con acentos muy fidedignos) y cuyos subtítulos estén en una pantalla, contribuyen a marcar esta idea de mediatización y artificio que domina el montaje.

Hay pocos antecedentes en la escena local en que propuestas contemporáneas entrecrucen su forma y contenido de manera tan estrecha, en que dichos dispositivos son la puesta en escena y a la vez convierten al texto en un territorio de simulaciones. En ese escenario de exploraciones, Impostoras rehúye la anécdota y se instala en una interrogación permanente sobre lo visible y lo ilusorio, reflejando un síntoma social propio de estos tiempos.
*Esta crítica fue escrita gracias a la invitación hecha por la producción de la obra.

Impostoras
Teatro UC, sala Eugenio Dittborn
Dirección: Mariana Hausdorf Andrade
Elenco: Heidrun Breier Funk, Sol De Caso Gazmuri y Renata Puelma Müller
Diseño sonoro: Camilo Plaza Armijo
Diseño escenográfico y vestuario: Isidora Carriquiry Berner
Diseño y realización de iluminación: Benjamín Carriquiry Berner
Asistencia de dramaturgia: Andrés Kalawski Isla
Diseño gráfico: Fabián Flores Bernales y Nicole Fuentes Soto
Traducción inglés: Francisca Aguilera Osorio
Técnico subtítulos: Lukas Kalmar
La obra tiene la colaboración de Taller Compartido La Cisne Negro, Goethe Institut y Fundación Teatro a Mil.
Temporada: Del 2 al 12 de octubre.
Horarios: Miércoles a Sábado 20.30 hrs.

Valores: $10.000 general; $6.000 adulto mayor y Alumni UC; $7.000 súper jueves; $5000 estudiantes y miércoles popular; $4.000 Comunidad UC; 2×1 entrada general Club La Tercera; descuento especial Tarjeta Vecino Ñuñoa. Otros valores consultar en boletería.

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