Crítica de teatro “Irán #3037”: El teatro como documento histórico y ejercicio sobre la memoria

 

Por Carla Alonso

Irán #3037 es la dirección de una casa en Macul, Santiago, que durante la dictadura fue utilizada como centro de detención y tortura de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Se llamaba Venda Sexy y era conocida como “la discoteque”: cuando funcionaba la casa, al interior de esta la música estaba a todo volumen para tapar los ruidos producidos durante las torturas a las que se sometía a hombres y mujeres, los que eran ingresados con los ojos vendados.
Según información del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile (CMN), fue uno de los primeros cuarteles de la DINA. “Funcionó entre junio de 1974 y marzo de 1975, concentrando sus operaciones entre agosto y octubre de 1974. Sus acciones las centró en la detención de estudiantes universitarios del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y del Partido Socialista. Se caracterizó por ser un centro de detención al que llegaban detenidos que serían asesinados y/o desaparecidos con posterioridad, llevando al límite la capacidad de castigar e infligir daño, efectuando diversos tipos de torturas sexuales, algunas con animales”, dice la web del CMN.
Hoy ese sitio con una altísima carga histórica da nombre, Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura], a la obra de teatro dirigida por Patricia Artés, con dramaturgia de Tomás Henríquez y con las actuaciones de Carolina Jullian, Valentina Mora, Nicole Vidal y Cristián Lagreze. El punto de partida es una investigación realizada en torno al ex centro de tortura, que da origen al montaje que se presentó en Matucana 100, como parte de la programación del Festival Santiago Off 2020.
En la ficción de la obra, la historia es protagonizada por una familia compuesta por unos padres conservadores, aspiracionales y de look ochentero, y la hija de ambos, Valentina. Ellos viven en una vivienda ubicada en Irán #3037, que fue un centro de tortura. Pero la adolescente ignora el pasado reciente del lugar donde desayuna todas las mañanas con sus padres, o hace sus tareas junto a su compañera Selva. Es justamente una investigación para una tarea del colegio la que la lleva a descubrir, y enfrentar, una incómoda verdad que había sido ocultada hasta ese momento. Valentina, de 17 años, averigua que el lugar donde fue criada funcionó como centro de tortura donde se cometía violencia física y sexual. El hecho de conocer ese pasado sobre los espacios que habita, la lleva a conocer también su propia historia.
“La dictadura está en esta casa”, dirá la protagonista tras enfrentar a sus progenitores.
A esta altura del montaje, las actuaciones del matrimonio se han transformado a una suerte de caricatura y están relegadas a un segundo plano. La acción la lleva adelante Valentina y su amiga Selva, quienes se acompañan y contienen. “El miedo, cuando se comparte, se transforma”, le dice Selva a Valentina, luego de que esta última confesara que había sido abusada por su abuelo. Las colegialas se abrazan en un largo beso y comienzan a quitarse la ropa.
Este giro repentino que da la obra -la escena lésbica entre las amigas- aparece como algo un poco gratuito y suma una nueva arista que, a ojos del espectador, no termina de desarrollarse del todo. Tampoco resulta creíble: son como dos niñas dándose un beso rígido, desprovisto de sensualidad, que no se sabe bien por qué sucede dentro del montaje ni a dónde conduce.
Lo mismo sucede con la confesión sobre el abuso de su abuelo que realiza Valentina. No se vuelve sobre ello durante la obra y parece estar ahí de forma un poco antojadiza. En este sentido, un punto débil de Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura] es querer abarcar demasiado desde el punto de vista del texto, en circunstancias que la trama central es suficientemente potente y redonda.
Lo más llamativo de la obra es el modo en que la ficción y la realidad -el relato histórico sobre Venda Sexy- se cruzan: retratos e imágenes de archivo de mujeres que pasaron por “la discoteque”; nombres de las víctimas; proyecciones del sótano -donde eran llevadas las prisioneras-, entre otros, se alternan con las actuaciones de Valentina y Selva. El maping que dibuja el plano de la Venda Sexy sobre el escenario sorprende y da ritmo al montaje. De hecho, hacia el final de Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura], la atención está más centrada en estos recursos narrativos, que en las actuaciones de las intérpretes.
En un relato documentado y emotivo, para quién no conoce la historia de la Venda Sexy, la verdad se le es revelada al tiempo que lo descubre la protagonista. Y cada vez queremos saber más sobre ese oscuro capítulo de la historia del país.
Casi al final de la obra aparece un dato clave: a diferencia de otros centros de tortura que hoy están convertidos en sitios de memoria, Irán #3037 fue hasta hace poco el hogar de una familia. Esto, pese a ser declarada como monumento nacional en 2016. Tres años más tarde, la casa fue vendida a una inmobiliaria, encendiendo las alarmas de distintos grupos feministas y de derechos humanos. Actualmente existe una campaña de visibilización sobre la vivienda y su pasado -de la Brigada Lumi Videla- que busca recuperarla y que se transforme en un centro de memoria feminista.
El montaje parece haber llegado a su fin, cuando Valentina y Selva aparecen con megáfonos pidiendo justicia.

Titulo: Irán #3037 [violencia político sexual en dictadura].

Dirección: Patricia Artés

Dramaturgia: Tomás Henríquez

Elenco: Carolina Jullian, Valentina Mora, Nicole Vidal, Cristián Lagreze

Diseño integral: Tamara Figueroa y Claus da Silva

Composición musical: Alejandro Miranda

Fotografías y registro audiovisual: Macarena Rodríguez

Producción general: Andrea Vera

Prensa: Marcela Piña, Francisca Palma

Asistente de arte y operador de escena: Roberto Mancilla-Cruz

Look: Camilo Saavedra

 

 

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