Por Ana Catalina Castillo I.
En un famoso ensayo suyo, don Miguel de Unamuno declaraba: “Es obra de misericordia suprema despertar al dormido y sacudir al parado…”. Y aquello de despertar al dormido se puede vincular perfectamente con el sentido primigenio del género teatral, interpelar al público pasando por su cabeza hasta llegar a las emociones (o viceversa). Por otro lado, por allá por la primera mitad del siglo XX, el dramaturgo alemán Bertolt Brecht proponía, como una de las bases de su teatro narrativo, no sumergir al espectador en la ilusión de lo representado, sino provocarle un estado de plena conciencia.
Lo anterior implica una exigencia que, no obstante, encuentra su recompensa al verse totalmente conectado con un montaje no solo como forma de divertimento, sino además como una puerta abierta a la reflexión. Esta recepción atenta es lo que requiere el trabajo de la dramaturga y directora Millaray Lobos, quien vuelve la mirada a uno de los creadores más brillantes de la literatura universal, Samuel Beckett.
En No sé. Beckett, recurriendo al formato de programa radial como dispositivo escénico, rescata el espíritu de la creación beckettiana, una que “en nuevas formas para la novela y el drama, adquiere su máxima expresión en la miseria del hombre moderno”, como se expresaba en la motivación por parte de la Academia Sueca con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura en 1969.
Ahora bien, la elección del formato radial como disparador creativo es una decisión que emerge del propio quehacer del escritor dublinés, quien mantuvo una estrecha relación con ese medio. Entonces, la puesta en escena tiene como eje espacial y narrativo el estudio y de allí va conectando de manera orgánica con textos dramáticos de Beckett cuidadosamente escogidos como Pasos y No yo.
En el primero se asiste al deambular físico y emocional de May, quien establece una conversación fantasmática con su madre. En el segundo texto escogido, se escucha el monólogo de alguien de quien se destaca solo su rostro, como si su cuerpo no existiera o no importara, planteando la inquietud del no-ser. La puesta en escena de Millaray Lobos también incorpora textos beckettianos escritos para el medio radial; en este caso, fragmentos de Bosquejo radiofónico: Astracanada radiofónica 1. Tal vez estos últimos traslucen con mayor familiaridad para el público los rasgos más conocidos del teatro del absurdo por su insistencia en la incomunicación y cierto humor negro.
No sé. Beckett es una experiencia que transita por extremos emocionales: desde particulares momentos de humor hasta instantes íntimos, que a pesar de su fragmentación permiten que las palabras que parecen flotar en el aire golpeen nuestras propias experiencias. Esto ocurre, entre otras cosas, por la presencia de muchas voces y, si en el centro del teatro como género reside la palabra, como suele decirse, aquí la palabra logra vaciarse de sentido lógico y lo que adquiere relevancia es el canal.
De tal modo, las voces que percibimos –por momentos traslapadas– consiguen una atmósfera que el sólido elenco conformado por Paula Bravo, Paula Luchsinger, Héctor Morales y Camila Ortiz de Zárate sostiene en todo momento. Esto último es crucial para una pieza cuyo ritmo supone una alta exigencia. La solidez de la propuesta está presente también en aspectos parateatrales que enriquecen la experiencia, tales como la iluminación, crucial sobre todo en el pasaje de No yo.
En No sé. Beckett se hace patente la liquidez posmoderna de los lenguajes escénicos al incorporar a esta representación de podcast, monólogos, diálogos y unos sorprendentes momentos de danza que ponen el foco en los cuerpos en cuanto volumen y materia teatral concreta. Las canciones en francés que suenan durante los momentos de baile del actor y las actrices resultan una hermosa elección, pues podrían remitir al idioma que Samuel Beckett escogió para escribir, aunque no fuera su lengua nativa, pues según él le proporcionaba libertad de estilo.
Así, este nuevo montaje del Teatro Nacional Chileno funciona como una especie de homenaje a un dramaturgo que buscó, a través de diversos lenguajes, ahondar en temáticas existenciales como la fragmentación de la identidad y la degradación del ser humano, lo que en sus obras adquiere una dimensión de sombra o fantasma, insistiendo en las dinámicas absurdas con un mundo adverso, o al menos difícil de comprender.
Con todo, la importancia de esta producción del Teatro Nacional Chileno reside en poner en foco el genial esfuerzo estético de Samuel Beckett que, desarmando los lenguajes lógicos y tensionando todos los elementos de la estructura teatral canónica, no solo escarba brutalmente en la existencia absurda, sino que aun así logra iluminar la oscuridad para vislumbrar la esperanza, el Santo Grial de su poética. Y cabe, entonces, esperar.
Ficha artística
Título: No sé. Beckett.
Puesta en escena y dramaturgia: Millaray Lobos García
Textos de repertorio: Samuel Beckett
Elenco: Paula Bravo, Paula Luchsinger, Héctor Morales, Camila Ortiz de Zárate
Voces invitadas: Gloria Münchmeyer, Sergio Rojas, Nicolás Copano e Yves Citton
Asistente de dramaturgia: Sebastián Carez-Lorca
Diseño integral y afiche: Kristian Orellana
Sonido y arreglos musicales: Gonzalo Ramos
Asistencia de dirección: Catalina Rozas
Asistencia coreográfica: Fabián Leguizamón
Producción: Teatro Nacional Chileno (TNCH)
Coordenadas
Funciones hasta el 29 de agosto.
Miércoles a sábado a las 19:30 horas.
Teatro Nacional Chileno
Sala Antonio Varas, Morandé 25, Santiago (Metro Universidad de Chile).
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