Crítica de teatro “Pedro y el lobo”: Marionetas al servicio de la música

Por Jorge Letelier

Luego de Feos, una obra de muñecos de orientación realista, escrita por Guillermo Calderón, se podría haber supuesto que el camino emprendido por Teatro y su doble, el colectivo liderado por Aline Kuppenheim, iba a entrar definitivamente en un camino de temáticas adultas o transversales no exploradas comúnmente por quienes se definen bajo el paragua del teatro familiar.

Porque en sus tres obras (El capote, Sobre la cuerda floja y Feos), la compañía había maravillado con una artesanía prolija, una poética cotidiana y por pulsar teclas más bien sombrías: la muerte, la pobreza, la discriminación o la fealdad. Con esa estética su trabajo había logrado un altísimo nivel que sin duda se ha correspondido con otras compañías que desarrollan una labor significativa en el teatro con marionetas: Viaje Inmóvil, Silencio blanco, Maleza. Desde ahí puede ser sorpresivo el giro dado en Pedro y el lobo, su cuarta obra, pensada exclusivamente para el público infantil.

La obra está adaptada del cuento o poema musical compuesto por el ruso Serguei Prokofiev, en 1936, la que es sin duda la composición infantil más célebre de la historia. Creada para desarrollar el gusto musical en niños desde una temprana infancia, tiene dos características muy marcadas: fue la primera obra musical en que los instrumentos se asociaron directamente a los personajes, y a diferencia de lo que se hace habitualmente en obras infantiles, los animales no están humanizados, sino que están presentados como ellos mismos.

La labor de Teatro y su doble fue adaptar casi literalmente la partitura del compositor ruso. Por ello su duración es de 35 minutos, formato en desuso para una obra escénica. Siguiendo la línea impuesta en sus obras anteriores, la acción se sitúa en un petit theatre, un escenario de dimensiones reducidas para que los actores/manipuladores puedan operar con comodidad. En este formato, el diseño escenográfico puede lucir con todo detalle sus costuras, y acá logran con pocos elementos situar la acción: un bosque, una hermosa proyección de contornos indefinidos, un árbol, la casa.

La anécdota es simple: Pedro vive con su abuelo en perfecta comunión con el bosque y los animales. Juega con su loro, trepa el árbol y recorre el bosque. Un día se queda solo y su abuelo le advierte que no entre al bosque y eso es justamente lo que hace, encontrándose con un lobo que atemoriza al pueblo. Pedro atrapa al lobo, lo captura y luego este es llevado a un zoológico. Desde una lectura actual, lo que hace la obra de Prokofiev es restituir el equilibrio y los espacios que corresponden tanto a animales como a humanos, a través de la lección que Pedro aprende del “animal salvaje”, el lobo.

La manufactura de las marionetas humanas es de gran expresividad y los animales tienen una gracia en sus movimientos que es una maravilla. Logran gran sincronización con la música, parecen danzar y ejecutar movimientos que parecen reales, preocupados hasta del más mínimo detalle. Si desde lo específico del lenguaje de marionetas es un avance en relación a sus trabajos anteriores, el mayor problema está en brevedad de la anécdota relatada que no permite profundizar en las acciones.

Esto se produce porque la dramaturgia se somete a la composición musical, y eso presenta el problema que tienen desarrollos distintos. Lo que la música “pinta” con un par de énfasis, en el texto dramático requiere una justificación, como el momento en que Pedro libera al lobo. ¿Por qué lo hace? ¿Cómo llega a entender y valorar la libertad de un animal salvaje?

La decisión de orientarse a un público específicamente infantil reduce, en este caso concreto, la profundidad de las ideas expuestas en sus obras anteriores, aunque en la difusión previa de la obra se ha explicado que se busca conectar la sensibilidad por la naturaleza y el respeto a la vida animal, detalle que queda a medio camino por la brevedad y poca profundidad de las acciones.

Teatro y su doble ha sido uno de los mejores ejemplos recientes de cómo trabajar ideas y tratamientos adultos para un público transversal, pero en esta, su primera obra infantil, quedan dudas pese a la belleza formal, el virtuosismo de la ejecución y la artesanía teatral.

Funciones en Teatro UC, hasta el 13 de julio.

Obra: Pedro y el lobo

Autor: Serguei Prokofiev

Compañía: Teatro y su Doble

Dirección y diseño general: Aline Kuppenheim

Elenco y manipuladores: Loreto Moya, Ignacio Mancilla, Catalina Bize, Ricardo Parraguez y Camila Vega

Producción: Loreto Moya

Ilustraciones: Daniel Blanco

Coproducción: Fundación Teatro a Mil

 

 

 

 

 

 

 

Please follow and like us:
error

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*