Crítica de teatro “Re-ligare” Donde la identidad encuentra su reflejo y destino.

 

Por Fernando Garrido Riquelme

Abre la tarde el miércoles pasado con un aire otoñal que invita a recorrer este Santiago hermoso y despreciado. Pero los árboles del Forestal anuncian con un silencioso gesto que no es el otoño el que nos cobija, sino la medianía de un agosto seco e infértil, que en su calma nos avisa que el vergel metropolitano, de ahora en adelante, no será más que un recuerdo en un futuro que solo promete presentes desérticos. A mi izquierda el Mapocho y las sombras anónimas que lo habitan se resguardan bajo el puente junto al fuego; delante de mí, el teatro, unos metros más allá, desde el oriente, fina, de una alba y menuda belleza, Bárbara.

Las luces se apagan, se cierran las puertas, comienza el espectáculo. En un escenario central, cuatro jóvenes se mueven y contonean cacareantes y sensuales, al ritmo de una música tan molesta como invasiva. Provistas de apretados trajes, cada una de ellas se esfuerza estirando el gesto hasta hacer de él una mueca de la sensualidad estereotipada, desde el exotismo moreno, la muñeca infantil o el salvaje arrojo. Cualquiera sea el ángulo de mirada, los espectadores estamos sujetos a ser eso, los ojos y la presencia de una necesidad de atención que al poco rato se muestra absurda.

De vez en cuando, poseído por un nervio que combina la ansiedad de comentar, así como el cerciorarme de que está gozando el espectáculo, me domina. La veo concentrada, su rictus es sereno, no percibo en ella incomodidad; tampoco está sobrecogida, ni perturbada o emocionalmente desbordada. Sólo está ahí, junto a mí, en el asiento de al lado. A veces nota que la miro y sonríe como diciendo “está todo bien, ojos al frente”.

El cuadro poco a poco comienza su transformación cuando entra en escena una mujer que ha cruzado la cincuentena, ciega, de la cual penden un sinnúmero de pantimedias y una que otra prenda indeterminada. Conforme avanza, la presencia de esta ciega y el relato de sus experiencias, rompe con la neurótica necesidad de atención de las jóvenes, despertando de la conformidad de ser el reflejo de los deseos de los otros, haciendo que del relato de cada una de ellas vaya emergiendo el rostro de un verdadero yo, el cual las desnuda y conecta con ese espacio blando y tormentoso, donde la identidad encuentra su reflejo y destino.

Es en la propia experiencia, en la memoria del color de un padre ausente que define su huella sobre la piel, o los miedos o ansiedades por no corresponder al ideal de éxito, equilibrio u orden donde hallan la verdad que las habita, y esa verdad pareciera que tiene destino para ser vivida y soportada, en común. Es en el descubrimiento y exposición del yo profundo, en el cual se reencuentran como un sujeto colectivo que se necesita y nutre. Como si el destino de lo uno, fuese fundirse en lo otro, haciendo de cada una de ellas un cauce que desemboca en un mismo mar.

En Re-ligare nada es claro, directo, ni estanco. Aunque no hay osadía en señalar cierta linealidad en la dramaturgia propuesta. El proyecto experimental de artes escénicas Cuerpos sin Borde, que reúne a dos colectivos de mujeres artistas que problematizan la imagen social de la mujer: Desbordar (Chile) y Synecdoque escena (España), juega sus cartas en otras arenas, en donde si bien la espectacularidad es indesligable del ejercicio performativo, pareciera que su fin está más próximo a la concreción de los símbolos. Ciertamente, la propuesta nos hace cómplices de un viaje, en el cual el auto examen y la remembranza juegan un rol central. Pero Re-ligare es también la vuelta, el retorno a la atención de los cultos, los cuales están presentes, guían y precipitan las conclusiones del ejercicio escénico. Esta mezcla, si bien resulta efectiva y coherente con la propuesta, anquilosa la puesta en escena, volviéndola reiterativa y extensa.

Re-ligare termina, se encienden las luces. Los asistentes toman sus cosas y salen de la sala. Detrás de nosotros alguien avanza hacia el escenario y recoge los elementos de vestuario y ornamentos que han quedado en el suelo. Miro a Bárbara, está liando con calma un cigarro. Cuando termina, salimos a la calle. Caminamos hasta Pio Nono y comentamos la obra. La noche está agradable para caminar. Al llegar al puente un cartel indica que ese bandejón que bordea el Mapocho se llama Vicente Huidobro. Pienso en lo cagón del homenaje que le ha destinado esta ciudad. Seguimos caminando y se lo comento, pero esa ya es otra historia.

Funciones del 14 al 22 de agosto los martes, miércoles y jueves a las 20:00 horas en el Teatro del Puente.

Co-directoras: Teresa Salas e Itahisa Borges
Coreógrafa: Valentina Menz
Diseñadora escénica: Gabriela Santibañez
Performers y co-creadoras: Pamela Alárcón, Catalina Moya, Valentina Menz y Teresa Salas
Musicalizador: Gustavo Guzman
Propuesta dramatúrgica: Itahisa Borges
Diseño gráfico: Antonia Isaacson
Producción: Juan Pablo Corvalán
Prensa: Pamela Alarcón y Valentina Menz
Valores: $6.000 entrada general, $4.000 tercera edad y $3.000 estudiantes
PREVENTA: $3.000 (hasta el 9 de agosto)
Boletería del teatro abierta 1 hora antes de cada función

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