Crítica Literaria “Calcio en la mirada de la noche”: Hasta aquí me has traído

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Por Jaime Ahumada Ruiz

No pueden limitarse los sentires; la energía que recorre el cuerpo con cada emoción y sensación es inapropiable por las palabras, completamente opaca para la razón. Hemos aprendido, eso sí, a identificarlas y nombrarlas, buscando darle un cauce a su corriente que busca desparramarnos por todos lados. Un sólo nombre no es capaz de expresar lo que las diferentes impresiones contienen, cada afecto es tan único que resulta completamente intraducible. Sus movimientos y alcances escapan incluso de quien les siente: la alegría puede llegar salpicada de miedo mientras la pena suele acarrear alivio. Sin pretensiones de pureza, cada sentir nace mestizo.

La poesía de Lucas Costa en Calcio en la mirada de la noche —su más reciente libro, publicado por Komorebi Ediciones— expresa, quizás paradójicamente, la imposibilidad de la transparencia de la emoción, utilizando espacios silentes que establecen ambientes desbordados en significancias. Esta mixtura propia del sentir y el poema, es presentada a su vez desde el mestizaje entre letra y visualidad; el juego de composición poética no se encuentra únicamente en el campo de la lengua, sino también en el de la página y en como se dispone el texto en esta. Costa no solo está plenamente consciente de esto, sino que lo utiliza hábilmente para revestir al poema de nuevas capas de sentido por develar.

La colección de 61 poemas se inmiscuye en la experiencia de Costa con la paternidad: La espera y llegada de su hija, así como también toda la evocación que nace de este proceso. La paternidad, inevitablemente, se construye de forma complementaria y en contraposición al lazo primigenio de la maternidad; mientras la línea que une a la madre con su cría es directa, carnal y alimenticia, la del padre a ratos parece estar puntuada, ser meramente contingente frente a la esencialidad maternal. Si bien esto no merma las ansias ni el amor del hablante por su hija, sí salpica las raíces de su sentir. De esta manera se presenta un rol de padre lejano a la idealización sacrificial y amorosa —bajo la que suele leerse la relación para con las/os hijos/as, sobre todo durante la primera infancia—, sin por eso evitar el cariño y la preocupación propia de las labores de cuidado y desarrollo de la hija.

En los poemas presentados constantemente aparecen y se desvanecen distintos espectros que acechan al autor, creando una atmósfera de cuestionamiento que se abre frente a la incertidumbre; las certezas como punto de llegada se deshacen para permitir que la escritura ronde y explore los territorios, deambulando con facilidad entre lo material y lo abstracto; los aspectos contingentes que se muestran saltan al aire para flotar entre pasado, presente y futuro, volviendo al cuerpo un puente entre las temporalidades. La abstracción, por su parte, aterriza sin problemas para echar manos a la tierra, en imágenes que serpentean entre el cotidiano y la naturaleza, utilizando los meandros entre verso y verso para establecer sugestivas relaciones entre ambos.

El libro se encuentra dividido en tres apartados, en dónde la temática se presenta de distintas formas compositivas y visuales. En la primera de estas, Ciencia horizontal de la espera, el poema es presentado en su forma más tradicional, con una verticalidad ordenada en donde la secuencialidad narrativa predomina por sobre la intersticialidad de las imágenes que crea. Sin embargo, estos siguen allí, abriendo a las palabras a diversas potencialidades. La incertidumbre y la certeza aparecen guiadas, domesticadas, buscando transmitirse; se encuentran conformadas y enmarcadas por límites por los que busca asomarse, sin necesariamente atreverse a superarlos.

Luego, en El futuro de la piel, los cauces por los que la sensibilidad y el pensamiento corrían se abren para permitirse volver a conformarse. El devenir de las ideas se presenta sin pausas pero otorgándose el espacio necesario para que estas puedan establecer relaciones no secuenciales entre sí; el poema se presenta como una red de relaciones con una propuesta clara, pero que se permite unirse libremente, estableciendo una porosidad que le permite expandirse y contraerse, respirando como un ser vivo. Pareciera ser una etapa primordial de la elaboración del sentir-pensamiento que deriva en el poema, en la gestación de un nuevo ser.

Con El color de la leche, el último apartado del libro, Costa libera a las pulsiones sensibles para que tomen una forma fluida y libre; lo que en el primer apartado se encontraba limitado y fue liberado en el segundo, en este último adoptan una forma propia, en donde incluso las dudas y los espacios grises de la relación y proceso de paternidad son afrontados con seguridad, como una necesaria contingencia a cruzar y sentir. Es una forma de aceptar gustosamente la senda que se recorre, la cual no existe de forma previa al propio andar. Es, sin duda, el apartado superior del texto, en donde la voz del hablante pareciera mostrarse finalmente liberada de pretensiones.

Lo que Lucas Costa realiza con Calcio en la mirada de la noche es un ejercicio en donde lo externo se construye desde la introspección del hablante, donde los ciclos psicológicos se entretejen y confunden con los procesos biológicos propios de los cuerpos y la naturaleza vegetal. Así, deja que la mirada de la trascendencia, expresada por manifestaciones naturales, se introduzca en la suya, permitiéndole ver el reflejo de su propia contingencia en esta. El sitio, espacial y psicológico, en el que se encuentra es reconocido como fruto de la relación interior-exterior, reconociendo a su vez que aquel es el lugar desde el que ahora se mueve.

FICHA TÉCNICA

Título: Calcio en la mirada de la noche

Autor: Lucas Costa

País: Chile

Año de publicación: 2022.

Género: Poesía.

Editorial: Komorebi.

Páginas: 100

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