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sábado, abril 17, 2021

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Crítica literaria “En el pueblo hay una casa pequeña y oscura”: La memoria nos salvará

Por Ana Catalina Castillo

Desde los epígrafes con que comienza En el pueblo hay una casa pequeña y oscura, el libro que inaugura la colección Surcos del territorio de editorial La Pollera, se tiene la sensación de entrar a un mundo que anuncia tanto dolor como belleza. Vladimir Rivera Órdenes, guionista y profesor, nos permite acompañarlo en este ejercicio catártico, donde se cruzan todas las voces interiores que lo habitan. Así es como se suceden y traslapan los susurros y los gritos del hombre, el niño, el padre y el hijo que es o ha sido.

Estructurado en tres capítulos, que apuntan a las vivencias de tres décadas, su crónica literaria nos lleva a Parral, donde un chico de pueblo intuye temprano cuál era su posición en el micromundo que habitaba: “Mi calle, Francisco Belmar, era una calle de niños solos, sin excepción, una pequeña banda aparte”.

Imposible resulta no pensar en Pedro Páramo, buscando a su padre en Comala. De hecho, el primer capítulo nos guía por esa senda y tal como en la novela de Rulfo, Rivera vuelve a su pueblo de infancia. Lo hace a través de la memoria, que se lo devuelve como un sitio donde campean el olvido, el silencio impuesto por las circunstancias, la soledad exacerbada por la falta de justicia: “Los árboles eran sombras monstruosas, el viento, la lluvia de septiembre. El horror de tantos muertos que dejó este pueblo de mierda, una Alameda come sueños, con árboles milenarios que te recuerdan una y otra vez que siempre fuimos o esclavos o espectros”.

Lejos del tópico literario que idealiza el campo en menosprecio de la ciudad, las crónicas de Vladimir Rivera muestran en clave íntima varios hechos vividos durante la dictadura en un pedazo de sur adverso, que desconoce hasta a sus hijos más ilustres. Estos últimos forman parte del variopinto mosaico de semblanzas de personajes que Vladimir evoca porque los conoció de cerca o de lejos; compañeros de andanzas, vecinos, políticos, poetas.

Como un atenuante del dolor causado por una herida que está lejos de cicatrizar, por las páginas de En el pueblo hay una casa pequeña y oscura –162 que se leen raudas–, fluyen todos los reinos y refugios del autor construidos a base de retazos de las películas vistas y de los libros leídos. No por nada afirma en uno de sus pasajes, “la ficción ha sido lo único que me ha permitido soportar esta terrible levedad”.

En consecuencia, sus evocaciones y recuerdos van apareciendo ante el lector, quien logra comprender cómo sus emociones y percepciones de la realidad conectan con personajes e historias, alusiones cinematográficas y todo el entramado de la imaginación que entendemos contuvo al niño y al adolescente que buscaba al padre detenido en un pueblo olvidado.

Aun así, más allá del dolor del niño despojado del padre y de la rabia del adolescente que veía desmoronarse los ideales de un país más justo, se impone una rara esperanza. El viaje a los infiernos que resulta este ejercicio de la memoria, termina aplacando de algún modo la oscuridad y los fantasmas, porque logran alzarse la vida y el amor de otro padre y otro hijo. Y la ansiedad de la búsqueda tal vez será más leve.

Título: En el pueblo hay una casa pequeña y oscura

Autor: Vladimir Rivera Órdenes

Año: 2021

Páginas: 162

Editorial: La Pollera

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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