Crítica literaria “Pura pasión”: “Annie Ernaux expone su pasión”

 

Por Nicolás Poblete Pardo

La francesa Annie Ernaux (1940) está viviendo un momento de mucha actividad editorial, gracias a la traducción de su obra a distintos idiomas y a los premios que han impulsado dicha energía. La editorial Tusquets se está haciendo cargo de editar su obra narrativa en castellano y Pura pasión es una de las entregas recientemente aparecidas.

Esta nouvelle nos da luces respecto a la revolución que ha significado la voz de Ernaux en el panorama actual: su particular estilo, que mezcla confesión autobiográfica y reflexión ensayística produce una narración donde la domesticidad alcanza niveles de iluminación existencial. Pura pasión comienza con el descubrimiento de la pornografía por parte de la protagonista. Después de ver porno, la voz narrativa lanza la pertinente y útil analogía para su proyecto artístico: “Me ha parecido que la escritura debería tender a eso, a esta impresión que provoca la escena del acto sexual, a esta angustia y a este estupor, a una suspensión del juicio moral”.

La suspensión del juicio moral, esa orden, es necesaria para leer este libro, precisamente porque es en la esfera de lo moral donde transcurre este relato. De hecho, la historia no puede ser más sencilla, incluso trillada: una mujer adulta, de clase media, liberada y atrapada en un affaire de lo más burgués. Pero, naturalmente, la profundidad de la narración no está depositada en la historia, sino en las revelaciones que esta autoriza. La voz reconoce que no siente retraimiento por tomar nota de cada una de sus sensaciones: “No siento ninguna vergüenza por anotar este tipo de cosas, y ello se debe al lapso que media entre el momento en que se escriben, cuando soy la única que las ve, y el momento en que la gente las leerá, y que, me da la impresión, no llegará jamás […] Gracias a este lapso puedo escribir ahora, más o menos como cuando, a los dieciséis años, me exponía al sol abrasador durante un día entero, o como cuando a los veinte hacía el amor sin anticonceptivos: sin pensar en las consecuencias”.

La protagonista revela tener hijos, a los cuales les pide que avisen si irán a visitarla, pues no quiere un encuentro entre estos y su amante. Este, por su parte, es un hombre casado que tampoco manifiesta ninguna aprensión por su adulterio. Todo transcurre de un modo bien francés, con aristas dirigidas hacia la gran Marguerite Duras. (No es casualidad que Ernaux haya sido galardonada con el premio literario que lleva el nombre de la Duras). Es la novela El amante la que actúa como poderoso intertexto de esta breve narración. En ella, vemos la explosiva relación entre una joven francesa (de quince años) con un acaudalado chino-vietnamita (de veintisiete años). Duras publicó tardíamente esta novela, cuando tenía setenta años, precisamente por lo autobiográfico del relato. Medio siglo después de su real relación, Duras saca a la luz su galardonada novela, adaptada al cine, para compartir la historia, pero no la identidad del hombre chino con el que tuvo dicha relación. Así, la narración de Ernaux se asemeja a este modelo, en el que impera un tono que linda en lo pragmático.

Esta comparación también nos acerca a otro enigma: el acercamiento hacia un “otro”. Si en Duras tenemos al chino-vietnamita como ese otro difícil de aprehender, en Pura pasión ese otro toma la forma del enviado del este, una Europa que aún carga cierto exotismo dentro del mismo continente (a pesar de que la narradora lo compara físicamente al emblema de belleza masculina francés, Alain Delon): “Él no sabía palabras obscenas en francés”, leemos. Luego viene el duelo por la partida de “A” a su refugio en aquel este europeo. Los párrafos que siguen a la partida están llenos de especulaciones de la voz, que intenta lidiar con la ausencia de la mejor y peor manera posible: “Una noche, se me ocurrió someterme a la prueba del sida: ‘Por lo menos me habría dejado eso’”, confiesa.

El estado de abstinencia en el que entra le permite dar rienda suelta a abstracciones respecto al tiempo y la escritura que, asimismo, nos hablan de un contexto histórico real y complejo: “Me resulta imposible relacionar la escritura de una página concreta con un fuerte chaparrón o con cualquiera de los acontecimientos que se han producido en el mundo en los últimos cinco meses, la caída del muro de Berlín o la ejecución del matrimonio Ceausescu. El tiempo de la escritura nada tiene que ver con el de la pasión”. El estado de hechizo en el que permanece la voz comienza a desmoronarse hacia el final, cuando la fantasmática presencia autoral nos recuerda que sí hay un contexto histórico, y que la narración ha acontecido en un suspenso onírico, dislocado.

La escritura ingresa en el magma de la esperanza, incluso de la superstición. La narradora compara el hacer juegos de solitario o dar limosna a un pordiosero, a la vez que pide un deseo, al acto creativo: “Quien sabe, tal vez, en el fondo, la escritura forme parte de este tipo de recursos”. En otro momento revela que algo le hace retornar al barrio donde se hizo un aborto, veinte años atrás. Y comenta: “Buscaba la diferencia entre aquella realidad pasada y una ficción, o tal vez sencillamente buscaba ese sentimiento de incredulidad por haber estado allí un día, porque no lo habría experimentado frente a un personaje de novela”.

Este verdadero duelo la hace transitar por un sinfín de emociones, a medida que ejercita una coherencia entre sus percepciones y el acto creativo: “De aquel texto vivo, este tan solo es el residuo, la débil huella”. Es la escritura, con sus limitaciones y reducciones, la que, sin embargo, le permite dar cuenta de su experiencia: “A la inversa de la vida, nada puedo esperar de la escritura, donde solo sucede lo que uno pone”. Y, hacia el final, el duelo parece haber tomado la forma de la conciencia, quizá un tipo de resignación: “Cuando empiece a escribir este texto a máquina, cuando se me aparezca en letras de molde, mi inocencia se habrá terminado”.

Pura pasión es una narración que nos muestra un estado de conciencia particular. Es posible preguntarse por esa pasión como posesión, como obsesión, por ejemplo, cuando confiesa: “Él me obsequia con su deseo” o: “La única verdad indiscutible se apreciaba mirando su sexo”. Sin embargo, lo que consigue Ernaux en tan pocas páginas, es plantear la pregunta sobre la posibilidad de convertir las emociones a través de la escritura; sobre cómo opera la traducción de las sensaciones y emociones en su trayecto hacia las palabras, para conseguir el tejido iconográfico que va conformando un cuerpo textual, que se plantea así: “No quiero explicar mi pasión […] sino sencillamente exponerla”. Vivir versus escribir, el abismo entre estas dimensiones, es el proyecto detrás de esta historia de pasiones.

 

Título: Pura pasión

Autor: Annie Ernaux

Año de publicación: 2019

Páginas: 74

Editorial: Tusquets

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