Entrevista a codirectora de «Vuelvo donde nunca estuve» Constanza Vásquez: «El pueblo Selk’nam está vivo»

Por Patricio Robles

Los Estrenos en Red traen Vuelvo donde nunca estuve, documental dirigido por Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra. La película acompaña a Fernanda Olivares Molina, descendiente Selk’nam, en su regreso a Tierra del Fuego, territorio ancestral de su pueblo.

El largometraje cruza la experiencia actual de Fernanda que a través de documentos judiciales y material de archivo aborda el genocidio del pueblo ´Selk’nam, la separación de familias y la continuidad de una comunidad que durante décadas fue presentada como extinta. El documental se construye desde la historia familiar de su protagonista y su decisión de volver a habitar el territorio del que sus antepasados fueron desplazados.

Culturizarte conversó con la codirectora Constanza Vásquez Palau sobre el origen de Vuelvo donde nunca estuve, el trabajo creativo junto a Fernanda, la investigación histórica, las decisiones de montaje y el proceso de incorporar archivos al documental.

¿Cómo conociste a Fernanda? ¿Cómo llegaste a su historia y a la del pueblo Selk’nam?

Me encontraba en ese momento trabajando para una serie documental de pueblos originarios en Chile y me encontré en internet, en la investigación previa que uno hace, un ensayo hermoso de una mujer Selk’nam que narraba los sucesos que habían vivido sus ancestros en el contexto del genocidio, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, y cómo ahora seguían viviendo en la ignorancia de la sociedad. A mí me gusta pensarlo como que seguían viviendo un genocidio, pero ahora cultural. Ya no era con armas, con fusiles, sino desde el ser ignorados social y legalmente en ese momento. Y la verdad es que me pareció muy movilizador, muy desgarrador, porque además el tono de ese ensayo hablaba desde una humildad, desde una posición no vengativa, no apuntando a nadie con el dedo, sino solamente desde una solicitud de existir y de ser reconocido desde tu propia identidad.

Llamé a la autora del ensayo, que era Hema’ny Molina, la mamá de Fernanda, nuestra protagonista, y ella me dice en ese momento: “Sabes, estoy súper ocupada, no te puedo atender porque estamos haciendo los preparativos del viaje de mi hija, que va a ser la primera de nuestra comunidad que vuelve a vivir al territorio ancestral nuestro en Tierra del Fuego”. Y a mí casi se me cae el teléfono, porque ahí estaba toda la historia. Era una tremenda historia. Entonces siguieron las conversaciones, nos invitaron a tomar un tecito a su casa y ahí se fue confabulando todo para que se pudiera hacer esta historia.

Fernanda también participó creativamente en el documental como coguionista. ¿Cómo construyeron esa relación y qué participación tuvo en las decisiones sobre la historia?

Todas las decisiones importantes del documental se hicieron en conjunto con ella. También desde el rodaje, en los lugares que conversábamos previamente, en las personas que estábamos de acuerdo en incluir, los viajes que se hicieron. Sobre todo siendo nosotros realizadores no indígenas, siempre la intención ha sido durante todo el proyecto no hablar por ella, no hacer como un nuevo colonialismo de alguna manera, sino tratar de ser un canal lo más puro posible para que sea la voz de ella la que se exprese. Sobre todo, considerando lo delicadas que son las temáticas indígenas, siendo además uno un realizador no indígena, uno puede practicar la alteridad en lo máximo posible, pero se trata de que la voz de ella sea la que surja.

El título, Vuelvo donde nunca estuve, contiene una aparente contradicción: Fernanda regresa a un lugar en el que personalmente nunca había vivido. ¿Cómo surgió el título y qué significa ese “volver”?

El título fue algo difícil. El documental, de hecho, se llamó Territorio un montón de tiempo. Ese era nuestro título inicial, pero la palabra territorio, a pesar de lo potente que es, igual es ya casi un lugar común en algunas instancias o contextos. Entonces, el título nació de pingponeos dentro del equipo y tiene esa tensión interna de algo que es paradójico, porque uno no puede volver, uno vuelve a un lugar donde uno ya estuvo. Pero acá lo que nosotros tratamos de rescatar es que los ancestros de Fernanda salieron del territorio hace más de 120 años y ella es ahora la primera de su comunidad y de su familia que regresa luego de esa salida forzosa, porque es un lugar de donde nunca debieron haber salido.

¿Cómo se filma la sensación de pertenecer a un territorio que se conoce principalmente a través de la memoria familiar y de historias transmitidas entre generaciones?

Yo creo que nosotros tuvimos la suerte de poder filmar con ella cuando verdaderamente se mudó a vivir a Tierra del Fuego. Vivimos con ella muchas primeras veces. Su primera vez en volver a vivir al territorio, la primera vez que ella fue a un bosque en Tierra del Fuego. Yo creo que lo genuino de esas vivencias se traspasó en la película. De hecho, la filmación que hicimos en el bosque, que es la parte final del documental, fue casi una experiencia en la que la acompañamos en éxtasis. Porque ella había soñado en su infancia con este bosque. Y entrar con ella, por primera vez, a un bosque que reconocía, que era como el de sus sueños, lo genuino, lo honesto de esa experiencia. Fue muy impactante.

Cuando Fernanda llegó a Tierra del Fuego, ¿ocurrió algo que ustedes no habían anticipado antes del viaje?

Ella no conocía el lugar donde iba a vivir, tampoco sabía cómo iba a ser su experiencia o su sensación dentro del bosque. Quizás, dentro de las sorpresas mayores, puede ser que haya sido el embarazo de ella, que haya conocido a una pareja y que haya venido su bebé. Pero salió todo más o menos dentro de lo esperado.

En el documental incorporan textos históricos relacionados con lo ocurrido al pueblo Selk’nam. ¿Cómo encontraron ese material y cómo decidieron qué información incluir sin convertir la película en un documental puramente explicativo?

Nosotros tuvimos la suerte de poder acceder a este documento judicial, que fue un sumario que se hizo en esa época, en 1895, que se llamó Sumario sobre vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego, donde, a partir de lo terrible de los sucesos que había generado la repartición de niños indígenas que se hizo en Punta Arenas en ese año, desde Santiago se instruyó al Tribunal de Letras de Magallanes hacer este sumario para investigar los sucesos que habían pasado.

Para nosotros este documento se convirtió en una fuente riquísima de testimonios que nos permitieron casi poder entrevistar a gente que falleció hace más de 100 años, pero que testificó en el contexto de este sumario. Entonces nos pudo dar vivencias directas de personas. No es como leer un documento escrito por un historiador o por alguien que hizo un procesamiento de los acontecimientos, sino que aquí gente nos dio sus cuñas, por así decirlo, en forma directa. Es un documento muy valioso. Ahora, tiene una particularidad, porque piensa que en la época se hizo un proceso judicial para esclarecer sucesos sufridos por indígenas pertenecientes al pueblo Selk’nam y no testificó ningún Selk’nam.

Precisamente existe un desequilibrio en las fuentes históricas, porque gran parte de los registros fueron producidos por personas ajenas al pueblo selk’nam. ¿Cómo enfrentaron ese problema?

Por un lado, nos asesoramos con una historiadora experta en este documento, que se llama Leonor Riesco, porque, como es un documento judicial, uno igual tiene que tener ciertos cuidados al acercarse a ese tipo de fuente. Y por otro lado también yo creo que ese equilibrio está dado por, en conjunto con Fernanda, la protagonista, haber decidido incorporar este documento, sabiendo ella y conociéndolo muy bien, porque su bisabuelo fue uno de los niños que fueron repartidos en estos remates de niños indígenas. Entonces sabíamos qué teníamos entre manos, sabíamos con qué tipo de documento estábamos tratando y ella sí estuvo de acuerdo en incorporarlo.

¿Hubo partes de esos documentos que decidieron dejar fuera del documental?

Sí. El documento original es larguísimo, tiene, si mal no recuerdo, como 300 páginas dentro de lo que está transcrito en computador, porque el original es manuscrito. Y entiendo que la Universidad de Magallanes fue quien hizo el trabajo de transcribirlo, lo cual es un aporte gigante, porque acercarse a un documento manuscrito puede ser una tarea bastante ardua. Entonces imagínate la cantidad que omitimos. Más bien fue al revés, fue seleccionar las mínimas partes, porque es un documento gigante y riquísimo, y que narra con mucho más contexto y complejidad esos sucesos. Y sí, omitimos, por ejemplo, algunas citas del diario El Chileno, que son parte de ese sumario, porque también ese diario tenía fama en la época de ser un poco sensacionalista. Entonces, por ejemplo, esas las dejamos afuera.

Yo creo que ese documento da para un documental por sí solo. Es tan rico, porque además tiene otras subhistorias. Por ejemplo, hasta incluye investigaciones de las armas y balas que pasaban de Punta Arenas a la isla. Yo me lo leí entero y es muy interesante, y da para hacer muchos documentales de ese puro documento.

En 2023, Chile reconoció legalmente al pueblo Selk’nam. ¿Ese reconocimiento modificó la película o la manera en que entendían lo que estaban registrando?

Mientras estábamos en rodaje, el tema del reconocimiento legal siempre nos acompañaba por el lado, porque a veces era como que si había posibilidades de que ocurriera, después no, después sí, después no. Yo creo que tuvimos mucha suerte de que, mientras todavía estábamos con el rodaje abierto, se diera este reconocimiento, porque si bien Fernanda no fue tan activa en el trabajo político para lograrlo, sino que fueron más bien otras personas de su comunidad, sí se cerraba lo que nos movilizó a hacer el documental. Era esta comunidad que había sufrido tremendas vejaciones a sus ancestros hace más de 100 años y que ahora seguía perpetuándose, de alguna manera, este genocidio cultural. Y ahora nos dio un muy buen cierre en ese sentido. Como realizadores nos quedó el alma tranquila. No ha sido un cierre para nada completo, porque ha venido todo un tema con las acreditaciones de calidad indígena, pero sí para nosotros funcionó como un cierre.

Tú eres periodista y Andrés Morales es cineasta y arquitecto. ¿Cómo llegaron a trabajar juntos y de qué manera esas distintas formaciones influyeron en el documental?

Nos conocimos un poco de tiempo antes de empezar este proyecto por una amiga en común, pero no por contexto de cine o algo así, sino que simplemente por amistad. Yo creo que en este caso las diferencias de nuestras profesiones fueron un complemento. Yo creo que cada uno aportó bastante desde sus conocimientos y también de sus impulsos. A mí, como periodista, toda la parte del sumario y el rescate de ese documento fue algo, por ejemplo, que yo llevé más, porque desde mi propia pasión me interesaba y me movilizaba.

Andrés llevó la parte de las calles y las edificaciones en Punta Arenas que están orientadas y que llevan hasta el día de hoy el nombre de los actores del genocidio, como la familia Menéndez y la familia Braun. Esa parte es súper motivación de Andrés, pero acogimos mutuamente nuestras motivaciones y, por suerte, tuvimos mucha fluidez en todas las partes de las decisiones estéticas, en las decisiones sobre estructura. Tenemos algo como una base que nos hizo fluir bastante en esa conversación y en toda la toma de decisiones como lo que significa el color y la música.

¿Qué ocurría cuando tenían diferencias respecto de alguna decisión?

Las relaciones humanas nunca son fáciles. Yo creo que siempre fue desde la conversación, desde el respeto, pero nunca hubo conflicto o algo que nos opusiéramos así férreamente. Además, todo lo resolvimos en la mesa de montaje y nuestro montajista, Daniel Ferreira, fue un aporte impresionante a todo lo que fue la estructura definitiva del documental y del tratamiento de todas las escenas. Él también nos ayudaba en las situaciones en que se producía diferencia de opinión, era un gran árbitro y también orientador, porque Daniel tiene mucha experiencia, ha sido montajista de muchas películas, y esta era nuestra ópera prima. Entonces también lo escuchamos un montón a él y nos orientó un montón. Así que no era de a dos, era de a tres, en realidad.

Durante el Festival de Cine Chileno recibieron una asesoría de Andrea Chignoli. ¿En qué momento estaba la película y qué cambió a partir de esa asesoría?

El documental cambió mucho a partir de la asesoría de Andrea. Nosotros, cuando llegamos a esa instancia, teníamos un primer corte en que no incluíamos, por ejemplo, imágenes de archivo, porque nosotros pensábamos que, por un lado, las imágenes de archivo que hay sobre el pueblo Selk’nam están muy usadas; en segundo lugar, fueron tomadas con técnicas antropológicas de la época que hoy día están súper cuestionadas; y también era como volver a victimizar y estábamos revictimizando a personas que ya habían sido víctimas de muchos atropellos. Entonces, nosotros estábamos con la idea firme en ese momento de no incluir material de archivo, pero Andrea, con su experiencia y todos sus conocimientos, nos invitó a reevaluar eso. Yo creo que a mí me costó un poquitito más, pero creo que fue un cambio, entre otros, que fue un gran aporte para la película. Yo le agradezco mucho a Andrea por esa decisión.

Hasta ese momento era un documental que entrelazaba en su estructura dos historias que corrían en paralelo. Era la historia actual de Fernanda, volviendo a vivir a su territorio. Otra que era la historia que se narraba a partir de las citas del sumario que te comentaba. Ahora era una tercera historia de Fernanda enfrentándose al material de archivo. Entonces fue un desafío grande, pero muy bonito e interesante. Yo creo que fue un aporte total al documental haber incluido el material de archivo.

Ahí también tuvimos un tema importante, porque nosotros tratamos de acceder al material de Martín Gusinde, que es el que más se conoce, el de los selk’nam con los cuerpos pintados, retratando a los espíritus. Pero no fue posible, ya que la editorial dueña de esas fotos nos cobraba sumas que para nosotros eran inalcanzables para poder usar esas fotos. Así que decidimos dejarlo de lado y usar el material de otro sacerdote de la época, que se llama Alberto María de Agostini. Y otras fotografías que no son tan llamativas como las de Martín Gusinde, pero nos ayudaron a cumplir esa parte de la historia.

¿Les preocupa que el público termine entendiendo la película únicamente como una historia sobre el genocidio y no sobre un pueblo que existe actualmente?

Yo creo que ambas cosas. Yo creo que incluso una supone la otra. Pero para mí lo prioritario es que se sepa que hay descendientes del pueblo Selk’nam que están vivos, que están presentes en su territorio, y que si están en esas situaciones es porque sobrevivieron de alguna manera a un genocidio. Este documental igual aborda la perspectiva de la historia reciente del pueblo Selk’nam, pero siempre desde los ojos de Fernanda, porque también existen otras comunidades Selk’nam que han vivido otras trayectorias y otras historias diferentes.

Entonces no pretendemos hablar por todo el pueblo Selk’nam, sino que, a través de la vivencia de Fernanda, las personas puedan acercarse un poquito más a la historia. Y tratar de contarle a la gente, a la sociedad, que el pueblo Selk’nam está vivo, está presente en su territorio, están haciendo cosas, están desarrollando proyectos, revitalizando el lenguaje, cuidando las turberas de Tierra del Fuego y emprendiendo acciones medioambientales en su territorio.

Después de acompañar a Fernanda en su regreso a Tierra del Fuego, ¿Qué significa para ti ahora la palabra “regreso”?

Qué buena pregunta, qué difícil pregunta más bien. Yo no sé si tengo una respuesta en forma personal de mi vida, porque yo creo que también pasa a veces como periodista, que uno vive en torno a la historia de la otra persona y no contempla que también está haciendo parte de esa reflexión hacia mi propia vida.

Yo creo que es admirable. Yo creo que admiro profundamente, sobre todo en la vida que la mayoría de la gente llevamos, que está muy volcada a lo práctico, dejar a los niños en el colegio, pagar las cuentas a fin de mes. Yo creo que muchos más bien sobrevivimos a las cosas del día a día, más que movernos por nuestros valores de alguna manera. Porque Fernanda vuelve a su territorio por un valor que tiene que ver con, como dice su mamá al inicio del documental, reivindicar sus raíces Selk’nam, llevar bien puesto el nombre de ella y de su comunidad, hacer presencia en el territorio y volver a limpiar la pena que está impregnada en esa tierra. Y eso, en el fondo, te estás moviendo por cosas más superiores y más valóricas, y que tienen que ver con una misión, con una meta, con una visión de lo que tú quieres para ti y para tu vida.

Ficha técnica:

Título: Vuelvo donde nunca estuve

Dirección: Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra

País: Chile

Año: 2026

Duración: 72 minutos

Guion: Fernanda Olivares Molina, Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra

Producción ejecutiva: Alejandra Rosas Castillo y Magdalena Ponce Valenzuela

Productora asociada: Fernanda Olivares Molina

Dirección de fotografía: Diego Avello Martínez

Montaje: Daniel Ferreira Vigueras

Música original: Beto Peña

Casas productoras: Tonina Sur Films y Quetro Producciones

Estreno en salas: 8 de octubre de 2026

Distribución: Red de Salas

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