Entrevista a director de “Los hijos (Ŋa Hinarere)», Leo Pakarati: “Cuando se nos pierde la memoria, se nos pierde una cultura entera”

Por Victoria Bustos Arancibia

Tras un primer acercamiento al cine documental con Te Kuhane o Te Tupuna, el realizador rapa nui Leonardo Pakarati ha ido consolidando una mirada autoral centrada en la memoria, el territorio y la identidad. Su trabajo busca unir historia documentada y las memorias vivas de su comunidad, explorando cómo el pasado no solo se recuerda, sino que se resignifica desde el presente.

Con Los hijos, su nuevo largometraje, el director vuelve sobre esas inquietudes a partir de un episodio clave en la historia de Rapa Nui: la expedición liderada por Thor Heyerdahl en 1955 y el proceso que llevó a la restauración del primer Moai erguido en la época moderna. A través del testimonio de quienes heredaron esa experiencia, la película reconstruye un minuto particular en que convergen mundos individuales. Más que una reconstrucción histórica, el documental se plantea como un viaje por los vínculos que llevaron a un nuevo camino como comunidad.

Conversamos con Leo Pakarati y esto fue lo que nos reveló.

En una nota de cuando se estaba produciendo el documental en 2023 se cuenta que gran parte de la historia parte desde los viajes de Thor Heyerdahl, pero finalmente, ahora nos encontramos no sólo con el hijo de este personaje, sino que también los hijos de muchos otros que se cruzaron con estas figuras en un momento en particular de la historia. ¿Qué tiene de especial la época en la que transcurre el documental?

Un documental, si bien es cierto que tiene un guion, el guion es más bien un derrotero, una especie de carta de navegación para no perderse lo que se va haciendo. Para mi gusto, en mi trabajo personal, el documental se cocina en la mesa de montaje y es ahí donde vamos probando distintas alternativas, fórmulas que nos llevan a, respetando mi punto de vista y mi manera de narrar las cosas, montar cómo montamos, un poquito ahí hablando el por qué está hecha de tal o cual forma la película.

La expedición Heyerdahl, que se llama en realidad Expedición Aku Aku, responde a un momento histórico muy particular, no solamente para el pueblo Rapa Nui sino para el mundo entero. Ya se habían acabado en ese momento las grandes exploraciones, Amundsen había llegado al Polo, ya se había cruzado el Pacífico por Heyerdahl en una balsa de troncos, no quedaban muchas cosas más por hacer. Y Heyerdhal, que venía haciendo una serie de exploraciones a través de sus teorías de navegación y de colonización del Pacífico, era bastante famoso. Él hacía despachos para la prensa internacional, él mismo escribía sus despachos y los mandaba como notas a distintos medios de comunicación. Eso último es muy importante en el consciente internacional del momento. Había ganado el Óscar con la película del documental Kon-Tiki (1950), el barco de la película que hizo, que en esa expedición había cruzado el Pacífico unos años antes de que vinieran a Rapa Nui. Además, es importante porque en Rapa Nui mismo se vivió un tiempo bastante cruel, la isla estaba administrada ya en ese momento por la Armada chilena; en el año 1952 se había ido la compañía ovejera que había encerrado a la gente en el pueblo pero la administración de la Armada fue peor: hubo tortura, violaciones, maltratos varios a la comunidad, se le prohibió a la gente salir de la isla y salir del pueblo Hanga Roa, se prohibió hablar el idioma rapa nui y eso conllevó a una serie de problemas sociales y culturales que se van a ver reflejados muchos años después. Y paralelamente a este momento histórico aparece este noruego super famoso en el mundo, con una expedición donde venían verdaderos arqueólogos. Ya no era solamente él el que venía, sino que venían verdaderos arqueólogos, con instrumentos que nadie había traído instrumentos, y se instalan en la isla prácticamente un año a investigar y paralelamente estaba este otro mundo. Entonces, no hubo ninguna forma de que esta gente no se cruzara, se encontraron en este pequeño territorio con ideas distintas, pero se encuentran en un momento que para mi gusto está retratado en la puesta en pie del primer Moai de la época histórica de la isla, el Moai Ahu Ature Huke, ahí en la playa Anakena que es el lugar fundacional.

Cuando Heyerdahl se va de expedición se instala en el lugar donde el rey Hotomatua, nuestro primer gran jefe, una especie de héroe colonizador griego que no solamente sabe cosas, sino que además desciende de los dioses, tiene un montón de adjetivos, y Heyerdahl va y se instala en ese lugar. En ese lugar además se pone de pie el primer gran Moai de la época histórica. Entonces todo eso hace que la fecha sea importante porque desata un montón de cosas. Entre otras cosas, vuelve a la isla popular en el mundo en general, ya no en el mundo académico, los arqueólogos, los científicos que conocían algo de este sitio, sino que ahora la envuelven en este manto de misterio, los misterios de la Isla de Pascua, y vende su libro Aku-Aku: El secreto de la Isla de Pascua que se traduce a un montón de idiomas.

¿En algún momento se pensó en otro periodo de la historia o enfoque, o siempre se partió con la idea de los descendientes?   

No, la idea siempre fue trabajar con los Hinarere, con los descendientes, hijos de personas relevantes que participaron en la expedición, y esto, porque son las personas de mi infancia, son la gente de mi pasado a los que uno también les preguntaba cosas junto con los propios viejos de Rapa Nui.

Yo a Thor Heyerdahl, el famoso explorador, lo vi, no recuerdo cuántas veces en la vida acá en la isla. La última vez cuando vino a despedir a un español que se llamaba Kitín Muñoz, que trató de cruzar el Pacífico en una balsa de totora, y por supuesto fracasó porque la totora no es para cruzar el Pacífico. Pero me gustó mucho encontrarme con su hijo, que tenía 15 años, 16 años cuando se viene a vivir a la isla durante la expedición por un año, y vivió solo en Orongo, en un lugar ahí en el borde del volcán Rano Kau, entre el mar y el cielo. Era un tipo de una generosidad enorme. Lamentablemente no llegó a ver la película terminada, murió antes pero sí tenemos buenos vínculos con él y con la familia Heyerdahl que manejan el museo Kon Tiki en Oslo, en Noruega, y gracias a ellos tenemos acceso a unas imágenes de archivo buenísimas que nos permiten también contar esta historia.

¿Cuánto tiempo les tomó más o menos entre que parte la investigación, la preproducción, y que tienen terminada la película?

Esto fue larguísimo especialmente porque también nos pilló entre medio la pandemia, y acá en Rapa Nui estuvimos un año y medio encerrados a cero, sin ningún tipo de vuelo ni posibilidad de salir de la isla. Nosotros las primeras, no la investigación, pero las primeras entrevistas, ya pensando en la película, que la investigación parte de toda la vida, uno siempre está aprendiendo, preguntando, tratando de conocer cosas sobre de la isla, y en un momento es cosa de ordenarla y tienes ok esto, los arqueólogos, los músicos, y podía echar mano rápidamente a eso. También tengo un archivo de películas sobre Rapa Nui, que desde que era niño coleccionaba todo lo que me llegaba a las manos, y con eso también se puede contar la historia de la isla, Más que la investigación, haciendo la película propiamente tal, partimos el año 2019 con un primer viaje al museo Kon Tiki a entrevistar a Thor Heyerdhal Jr, y a otras personas que no aparecen en la película, que llevó a la gente del museo de quién necesitábamos mayor información y ahí se hace una investigación doble, algo previo. En el 2019 también fuimos a Viña del Mar y le hicimos la primera entrevista a Enrique Baeza, hijo de un profesor que muere durante la expedición Heyerdhal en la isla. Para mi gusto es un personaje muy importante porque tiene una visión súper clara de lo que pasaba en la isla, y lo que va a ser la isla hoy, a pesar de no haber vuelto en 60 años o más. Ahí partimos, y luego tuvimos todo este tiempo de pandemia, logramos ganarnos el Fondo Audiovisual en ese tiempo, lo que permitió que una vez terminada la pandemia ya pudiéramos comenzar de nuevo o retomar las entrevistas. Faltaba ir a Hawái para la película, fuimos una vez, sin embargo ya habíamos ido dos o tres veces antes para otro proyecto y ahí aprovechamos también de conversar con Brigid Mulloy, la hija del doctor Mulloy, que es el arqueólogo que restauró prácticamente todo lo que se ve en pie hoy día en la isla, y lo que no restauró Mulloy lo restauraron sus alumnos. Entonces es un tipo que fue súper importante, además su familia se mezcla con familia de Rapa Nui y hay descendientes de los Mulloy en la isla.

A mí me interesaba que estas personas, que fueron las personas importantes de mi infancia, contaran el cómo lo vivieron ellos acá con sus propias palabras, no de segunda mano, cómo ellos lo vivieron. Si bien es cierto lo político, el colonialismo y todos aquellos temas que tocamos en una capa de la película es importante, y algo que traemos de nuestros trabajos anteriores, y de los trabajos que vienen que se van a seguir haciendo allá, aquí a mí me gustó detenerme un poco más en las relaciones entre padres e hijos, porque yo mismo tuve un papá que se arrancó de la isla de 9 años de edad en un bote que se hizo con su hermano de 11.

Esa anécdota sale en la película, de hecho.

Claro, y recorre 4.000 kilómetros y le pasaron las mismas cosas que a Heyerdahl, como que no tenían qué comer, pero había peces voladores arriba de la cubierta y se los comían. Entonces yo voy contando esta historia apoyada por imágenes de la expedición Kontiki de Heyerdahl, porque relatamos prácticamente lo mismo en dos expediciones distintas. Para mi padre la medida de lo difícil tenía que ver con eso, entonces decirle cosas como “tengo hambre” y “hambre tenía yo cuando llevaba tres semanas flotando en el océano Pacífico inmenso”, “viejo que está difícil la universidad” y “difícil fue conseguir clavos para hacer el bote” y bla, bla, bla. Entonces era agotador, no se le podía ganar por ningún lado, jamás. Tú podías hacer algo que el individuo dijera “vale, está monstruo”, porque no, no, porque él había hecho algo que era tan épico, tan grande que era imposible. Imagínate el papá de Thor Heyerdahl que cruzó el Pacífico, no una, varias veces, el Atlántico otro par de veces más, que excavó en los desiertos, entonces un tipo que, son de otros tiempos, y son los tiempos que se están diluyendo, que se van. Yo creo que es súper importante mantener la memoria de todo eso, porque cuando se nos pierde la memoria, se nos pierde una cultura entera, una manera de entender las cosas, una manera de resolver los conflictos.

Muchas de estas historias se pasan de padres hacia los hijos, y la historia muchas veces se comunica de forma oral ¿Cree que el documental es una forma moderna de seguir continuando con la tradición oral, de pasarnos historias de generaciones a generaciones?

Claro, es un soporte más, por supuesto, se vuelve fuente más que tradición oral. Entonces lo que va a pasar es que alguien va a ver la película, y así como yo hoy día cuento que mi abuelo navegó para ir a casarse con una mujer de las islas de Tuamotu en 1880 y tanto, fue hasta Tahití, estudio catecismo. Eso yo lo puedo contar, eso es tradición oral, alguien que vea la película hoy, que se entere de esta historia, y se lo cuente a alguien después, decir “Hay una película donde había un director que era de la isla, que dijo que su abuelo en 1880 y tanto viajó a buscar una mujer para casarse en Tahití, a las islas de Tuamotu». Entonces influye de muchas maneras un trabajo audiovisual, siempre por supuesto es político, es arte, es un montón de cosas; insospechadas para algunos, realmente les despiertan fibras que el mismo director o el equipo realizador jamás pensó que iban a despertar en las personas.

Cuando estrenamos acá en la isla, y hay una parte que hablamos sobre el maltrato que recibían los niños en el colegio, la gente de esa generación se reía, decían “si así nos pegaban cuando éramos chicos”, porque la verdad de ellos no es la nuestra. Mucha gente habla del tiempo de la compañía ovejera, cómo se vivía en esclavismo en la isla, pero los viejos no pensaban eso, pensaban que era carne distinta para comer, oportunidades de trabajo para un grupo de personas, no para muchos porque no había trabajo para todos, pero no lo veían como algo terrible, o qué les estaba pasando.

¿Cree que estas historias que nos cuentan en la película, que son memorias de los entrevistados, contradicen a la historia oficial que podría contar el gobierno o la academia?

Más que contradecirla, la matizan, dan grietas para poder mirar entre medio de la historia oficial. Lo que sí hacen, es que personas de mundos distintos, como un noruego, un santiaguino, una chica de Wyoming y uno Rapa Nui, confluyen en una historia en común. Nadie puede decir que unos no influyen en los otros, porque todos los humanos influimos en los otros humanos. Esta cosa de separarnos, el gringo, el europeo, el indígena, el blanco, es una invención occidental colonialista, una vez más, para que divididos no podamos abrazarnos y mover los Moais.

Nosotros dejamos de trabajar juntos cuando movimos el último Moai, de ahí no hemos hecho nunca más cosas juntos, todos en la comunidad. Entonces, los que trabajamos en este material, en este proyecto, yo creo que es en mantener la memoria viva, porque la memoria nos da los elementos para poder juzgar la vida que llevamos hoy. Cuando alguien dice: «cambiémosle el nombre al colegio porque tiene el nombre de un continental» tiene que saber por qué está ese nombre ahí, que es una persona que murió salvando la vida de otro Rapa Nui, que en esa época se salvó 10, salvó un súper porcentaje de los Rapa Nui de los que viven hoy día. Todo tiene que tener su justa medida, eso es lo que creemos nosotros, yo como director y nuestro equipo de realización atrás mío, que lo que contamos tiene que ser contado desde la verdad de las personas y no solamente desde lo que yo pienso, porque si es por lo que yo pienso, vamos a terminar a golpes, no es la idea, la idea es reflexionar.

Esos espíritus de colaboración que existían entre los continentales y los Rapa Nui en esa época, ¿cree que ya no reflejan la realidad de ahora en Rapa Nui, o están muy encerrados como sociedad?

Yo creo que mi papá lo decía una vez que lo invitaron, le hicieron un homenaje por su viaje, por ser de los primeros que se había escapado de la isla. Después de que me costó mucho conseguir que subiera al escenario a tomar el micrófono, el viejo dijo: “ya no importa” y lo dejó de lado. La verdad es que nada de esto le importa a nadie, para lo único que es importante es para reflejar, para reflexionar, para que no se pierda, para mantener viva la memoria de personas que vivieron vidas épicas, extraordinarias, que cruzaban océanos, a ir a enseñar a unos profesores que eran de Cauquenes, y se fueron para el Valparaíso, y “vámonos para la Isla de Pascua”, de un noruego que había sido capitán de la Armada Noruega durante la Segunda Guerra Mundial, pero que había cruzado el océano persiguiendo sus propias teorías de una convicción férrea, la hija del arqueólogo que fue llevado por su papá a vivir en una isla donde hablaban apenas castellano y donde tuvo que aprender a hablar Rapanui y donde hasta el día de hoy tienen vínculos familiares. Esas son las personas que me interesan a mí, y me interesan porque sus vidas épicas nos han regalado la posibilidad de ver que somos todos humanos, que no importa de dónde vengamos, que no hay mejores humanos o peores humanos, no hay humanos de segunda clase o de segunda categoría, no hay indígenas, ¿qué es eso de indígenas? Una bolsa donde los meto a todos y tengo un discurso que trato de ser bueno, “mis pueblos originarios”, son nuestros pueblos originarios, mientras tú no te compres un pueblo originario no puedes decir que es tuyo. Los pueblos originarios son de ellos mismos, si van a hablar de ellos hablen con respeto, si van a hablar de Claudia Huaiquimilla digan la cineasta mapuche, no la cineasta indígena porque ella no está dentro de una bolsa, no, indígena no, no somos una bolsa de M&M de distintos colores, no es así. Creo que lo importante aquí es entender eso, la humanidad que hay detrás de esto, el cómo las personas se encuentran, el cómo tenemos que ver unos con otros, el cómo no existe la única versión de la historia. Ya hablamos de colonialismo y todos los males que aquejan a la isla para poder contextualizar la historia, pero verdaderamente la historia va de gente, de hijos y padres, un hijo que al final de su vida lo único que sigue pensando es que cuando se encuentre con su papá, no sé dónde, va a tener que revisar su libro porque yo no le fallé, yo hice lo que tenía que hacer, y ese es el gran pesar de muchos hijos con sus padres o sus madres, fallarle, no ser lo que ellos esperaban, y eso nos ha tenido pagándole al psiquiatra por años.

Aparte de estos personajes con vidas épicas, como me dice, ¿les quedó alguna persona que les habría gustado entrevistar, que pensaron que también estaba relacionada con esta época?

Sí, claro, muchas, no algunas, muchas personas, muchas. Estaba mi tío Pedro Atán, por ejemplo, que era el alcalde de la isla en la época y que su hija murió en el accidente, y él murió tiempo después, pero se fue a vivir al continente. Fue activista político en una comisión que se llama el Comité de Adelanto Pascuense, donde mi papá también fue presidente. Hay mucha gente a la que me hubiera gustado hablar. Mi tío Silvestre, era como Mike Tyson, todo lo resolvía con un golpe, sin mediar ni una palabra.

Hay mucha gente distinta a la que me hubiera gustado hablar, y por cierto, gente del continente. Tienes que pensar que la llegada de los derechos civiles, humanos, para los Rapanuis en el año 66, se produce por la presión de los Rapanuis en la isla, pero también porque en Chile había un movimiento importante que se llamaba la Sociedad de Amigos de Isla de Pascua, que eran gente lo más random que se podía imaginar, de militares, hasta poetas, había de todo en este grupo, con dinero, sin dinero, y ellos apoyaban, mandaban cosas para la isla como máquinas de coser, si venía alguien se arrancaba, lo acogían para que pudiera estudiar en el colegio, etc.

Así estudió Alfonso Rapu, que fue el que lideró la revuelta en 1966. Por otro lado estaba el Comité del Alto Pascuense, que eran los Rapanuis que se habían ido al continente a pelear en el continente por los derechos civiles de la isla. Entonces, no es tampoco que la gente allá, acá en la isla, le ató una bandera, peleó y nos dieron los derechos civiles así de siempre. Hubo un gran movimiento social, tanto en el continente como acá, que logró que finalmente el Estado accediera que éramos chilenos como los otros chilenos, porque la pelea no fue ni por la independencia, ni por la tierra de Hotomatua, no, era para ser tan chilenos como los otros chilenos. No sé qué tan buen negocio fue, pero se trataba de eso.

¿Queda material entonces para un siguiente proyecto, o en realidad les gustaría avanzar con otros temas en otra película?

Esta peli forma parte de una trilogía que partimos con Te Kuhane o Te Tupuna, una película que habla sobre el mana, que es la energía mística que existe en Polinesia, en la que todos los polinesios creen. Y en particular nosotros creemos que mucho mana está ahí, en ese Moai secuestrado en el Museo Británico, que lo estrenamos en 2014 en Berlín, ésta habla sobre el Moa, el Moa es el respeto, es el autorrespeto, el orgullo. Yo creo que lo representa este Moai, que para los Rapa Nui, mostrarles básicamente a Heyerdhal y a los otros europeos que parar un Moai no tiene ningún secreto, que no lo paraban porque no querían, no porque no supieran. Eso es muy interesante porque a partir de poner este Moai de pie, se desencadenan todas las otras excavaciones, todas las otras, que venía incluyendo el ponerse de pie las personas y lograr sus derechos civiles diez años después de la expedición.

Ahora vamos a hacer una película que habla sobre el Tapu. El Tapu es una palabra que se ocupa para denominar lo sagrado, que es que en 1993 un equipo de filmación norteamericano encabezado por Kevin Costner, que era el productor, vino a hacer una película a la isla, una película que se llama Rapa Nui. Yo fui el camarógrafo, uno de los camarógrafos del making of de esa película, del documental de la película. Ese año ingresó la economía dineraria por corte directo a la isla. Todo el mundo tenía plata, no había en qué gastarla porque no había negocio, no había caminos pavimentados, no había una tienda, no había nada. Pero esa entrada de dinero cambió la mentalidad de la gente para siempre. Ahí se produce nuevamente un ajuste, una nueva evolución, involución, eso lo dejo para los antropólogos. A mí me da pena, siento que perdimos algo de nosotros en ese giro. Se ganaron nuestras cosas porque nada es blanco y negro. Pero verdaderamente es algo de lo que me interesa hablar porque todo aquello que hemos cuidado y protegido como patrimonio, los Moais, los objetos de los ancestros, los americanos pusieron 25 millones de dólares en la mesa y estuvo todo disponible para que pudieran hacer películas, entonces es bueno contrastar eso en el tiempo y con las personas.

Con eso terminamos la trilogía y tenemos otro proyecto que tiene que ver con un Moai que Benedicto Tuki, que sale en nuestra primera película, talló y envió de regalo a Minamisanriku, un pueblo pesquero, una ciudad pesquera pequeña en Japón cerca de Fukushima, porque los niños de ese lugar querían un Moai para que los cuidara del próximo tsunami. Benedicto talló una estatua y la fue a dejar allá de regalo., es interesante porque tenemos vínculos con Japón. Ellos donaron dinero para restaurar el Ahu Tongariki, los 15 Moais famosos que salen en las fotos hoy en día de la isla. En Hokkaido, cerca de Sapporo, en Japón, hay un cementerio donde hay, no uno, como 40 ó 60 Moais, réplicas de plástico, puestas en este cementerio, junto con un Buda y una réplica de Stonehenge. Entonces hay material para ir a rascar ahí y ver qué está sucediendo. Eso ya es un proyecto más lejano.

El siguiente es sobre la película de Rapa Nui, que ya estamos trabajando en él. Ya pudimos entrevistar a Jason Scott Lee, que es el protagonista de esa película. Lo entrevistamos en Big Island, en Hawái, donde tiene su casa. Pudimos entrevistar a Brigid Mulloy para esta otra película. Supimos que Jason estaba ahí y lo entrevistamos para la siguiente.

Esa es la idea de ir navegando en los documentales. Tú no sabes cuándo esos materiales van a ser importantes.

Ficha técnica

Título original: “Nga Hinarere: Los hijos”

Dirección y guion: Leonardo Pakarati Quiroz

Fotografía: Guillermo Bravo Silva

Edición: Diego Macho

Producción: Mahatua Producciones

Reparto: Brigid Mulloy, Thor Heyerdahl Jr, Enrique Baeza, Marta Hotu, Enerike Carrasco, Leonardo Pakarati

Duración: 72 min.

Año: 2025

Género: Documental

País de Origen: Chile

Distribuye: Market Chile

Estreno en salas de cine: 30 de abril de 2026

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