Entrevista a directora de “Evangelio según San Jaime, según la Dramática” Nelda Muray: “El humor y la sátira nos permiten hablar de las grandes injusticias”

Por Ignacio Rubio

Entrevistamos a la directora de El Evangelio según San Jaime, según La Dramática Nacional,  montaje que recupera la obra de Jaime Silva y la lleva nuevamente a escena desde una mirada contemporánea. La propuesta toma como punto de partida el texto estrenado originalmente en 1969 y lo adapta para abordar, a través de la comedia, la sátira y el humor negro, temas como la fe, el poder, la desigualdad y la justicia. La historia bíblica es trasladada al campo chileno, donde personajes como Dios, el Diablo, la Muerte y los apóstoles adquieren nuevos sentidos y dialogan con elementos de nuestra cultura popular.

La versión de La Dramática Nacional busca conservar el espíritu crítico de Jaime Silva, pero propone una reescritura que acerca el lenguaje y el ritmo de la obra al público actual. Nelda Muray, responsable de la adaptación, explica que parte del texto original estaba construido en coplas y versos que podían resultar extensos para una puesta en escena contemporánea. Por eso incorporó prosa, diálogos más ágiles, humor negro, doble sentido y nuevas décimas, manteniendo el carácter popular y profundamente chileno de la obra.

El resultado es un montaje de gran formato que reúne entre 20 y 21 actores para interpretar 68 personajes, además de un equipo cercano a las 40 personas entre elenco, técnicos y distintas áreas de producción. La propuesta combina teatro, música y tradiciones folclóricas para construir un universo donde la Biblia se encuentra con el campo chileno y donde la comedia se convierte también en una herramienta para mirar críticamente la realidad.

En esta entrevista, Nelda Muray aborda el proceso de adaptación de la obra de Jaime Silva, el desafío de llevarla nuevamente a escena y las distintas lecturas que propone el montaje en torno a la fe, el poder y la sociedad. También reflexiona sobre el humor como una forma de cuestionar la realidad y sobre la vigencia de una obra que, décadas después de su estreno, vuelve a encontrarse con el público desde una nueva perspectiva. 

¿Qué los llevó, como compañía, a montar Evangelio según San Jaime? ¿Qué encontraron en el texto de Jaime Silva?

Por una parte, el texto es una comedia satírica, un género que nunca habíamos trabajado como compañía. Siempre incorporamos humor en nuestras obras, incluso cuando abordamos momentos históricos complejos, porque es parte de la forma en que el pueblo de Chile enfrenta las dificultades. Pero aquí entrábamos directamente en una farsa no realista ni histórica, aunque con fundamentos históricos.

También estaba el rescate de un autor chileno poco relevado. En Chile las obras comenzaron a reducirse a montajes pequeños, con pocos actores, y las obras de gran formato dejaron de hacerse. Nosotros nos lanzamos de todas maneras. La obra, a través del humor y la sátira, hace una crítica transversal, situada en un contexto muy chileno, y utiliza personajes bíblicos conocidos para hablar de las grandes injusticias, de los poderosos y de los oprimidos. Nos calzaba todo, salvo el desafío de enfrentarnos de lleno a la sátira y la comedia.

¿Qué desafíos encontraron al montar una obra de estas dimensiones?

Había desafíos artísticos y prácticos. Salvo unos cinco personajes, el resto del elenco interpreta alrededor de cuatro roles cada uno. La obra tiene 68 personajes y somos entre 20 y 21 actores. Entre los principales están Dios, el Diablo, la Muerte, las vecinas y Jesucristo; el resto debemos cambiar constantemente de personaje para representar al pueblo y narrar la historia en sus distintos tiempos y espacios.

En lo práctico, estaba la escenografía: había que representar el campo chileno, la taberna infernal, el cielo, el desierto, el río Nilo y otros espacios. Y ahí destaco especialmente a Camilo Saavedra y Matilde Medina, responsables de unos 80 vestuarios. Hicieron magia. Pasaron noches completas trabajando para construir una paleta, una poesía y una identidad visual para tantos personajes. Además, somos cerca de 40 personas considerando elenco, técnicos, directores de área y maestros. Con un presupuesto acotado para un montaje de estas dimensiones, todos hemos tenido que sobreponernos a muchas dificultades.

El montaje se presenta como Evangelio Según San Jaime, según La Dramática. ¿Dónde termina Jaime Silva y dónde comienza La Dramática Nacional?

Yo reescribí la obra. Es una adaptación y por eso se presenta como una versión según La Dramática. Mi intención era mantener el espíritu y la crítica de Jaime Silva, pero dejar claro que se trataba de una obra reescrita. Esta no es la obra original de Jaime Silva. El texto original es muy inteligente y me gustó mucho cómo trabaja a los personajes. Sin embargo, estaba escrito en coplas, en versos cortos, muy largos y adornados. Pensé que dos horas de ese lenguaje podían resultar cansadoras para el público actual, considerando que la obra es de 1969. Además, algunos fragmentos humorísticos podían resultar ofensivos si se interpretaban desde la sensibilidad actual. Por eso cambié algunos espacios humorísticos, buscando mayor naturalidad y sutileza. Incorporé humor negro y doble sentido, dejando que el espectador complete la idea. También cambié el lenguaje: pasé parte del texto a prosa para generar escenas y diálogos más ágiles, breves y naturales.

Para mantener el verso, en cambio, creé décimas. La décima tiene una sonoridad latinoamericana, pero también profundamente chilena, y puede llevar inmediatamente al campo. Las utilicé para momentos importantes, como profecías o presentaciones de personajes. Así logré mezclar ambos lenguajes sin que uno se vuelva agotador para el espectador. Creo que funciona. Hemos tenido carcajadas muy grandes y también comentarios de espectadores que dicen que es una obra que se ve sonriendo todo el tiempo. Eso es justamente lo que buscábamos. La adaptación se conversó con la familia y se hizo con mucho respeto.

Jaime Silva era reacio a las adaptaciones. ¿Cómo fue el proceso de conversar esta versión con su familia?

Antes de estrenar le mostré la adaptación a Belén, su nieta, y le pedí que fuera absolutamente honesta conmigo. Le expliqué que había muchas diferencias respecto del original. También incorporé frases literales de Jaime. Belén y posteriormente la familia, que estuvo presente en el estreno, consideraron que era un acierto. Me dieron su venia y eso me dejó muy tranquila. Nos agradecieron, como compañía, mantener vivo el espíritu de Jaime y valoraron que la adaptación conservara el humor y la crítica social de la obra, siempre desde el respeto.

La obra toma una historia universal como la Biblia y la traslada al campo chileno. ¿Qué ocurre cuando ese relato se cuenta desde ese contexto?

Es muy interesante porque uno empieza a establecer paralelismos. Los apóstoles y otros personajes pueden pensarse como campesinos chilenos, mientras las figuras mitológicas, como Dios y los ángeles, adquieren nuevos significados. La gran pregunta es por qué esta historia está situada en el campo chileno. Chile es un país profundamente cristiano. Cuando la obra original se estrenó, provocó un escándalo enorme, incluso con piedras y la excomunión de Jaime Silva. Al trasladar la historia al campo, uno puede preguntarse, por ejemplo, quién sería Dios. Evidentemente, el patrón, el todopoderoso. ¿Y quién sería el demonio? Ahí aparece la picardía chilena. En la literatura popular, el demonio suele representarse como un personaje astuto, capaz de engañar o ser engañado. En el montaje, Braulio Martínez tomó esa idea y construyó un personaje que hace trucos y se disfraza.

También podemos preguntarnos quiénes son los ángeles. Probablemente están ayudando al campesinado, pero incluso ahí aparece una segunda lectura: quizás ayudan al patrón a producir más. Así cada personaje comienza a adquirir un sentido nuevo. Doña Muerte, por ejemplo, remite a personajes míticos presentes en Chile. Nosotros la construimos de manera muy glamorosa, pero mantuvimos el espíritu festivo de la muerte. Es un personaje que, en definitiva, está por sobre Dios y el Diablo: cuando ella decide, no hay nada que hacer.

También pensamos qué ocurre con una familia pobre que tiene un bebé en medio del campo. Los campesinos llegarían a ayudar porque la pobreza del campo también se vive desde la solidaridad. Si no tienes pan, alguien te lleva pan y leche. Por eso, en el nacimiento de Cristo incorporamos un coro de campesinos que ayuda y cree profundamente en la salvación. Desde ahí también se abre una reflexión sobre la fe.

La obra no solo aborda la religión: también habla del poder, la autoridad, la desigualdad y la justicia. ¿Sientes que el conflicto central sigue siendo político?

Sí, pero entendiendo que lo político trasciende muchos aspectos de la vida. Cuando hablamos de poder e injusticia también cuestionamos la fe, porque la religión ha sido construida y transmitida por seres humanos. Conocemos a Dios a través de quienes nos lo presentan: un pastor, un profesor, un cura o quien corresponda. Si tuviste la suerte de conocer a Dios desde el amor, la apertura y la bondad, quizás encontraste una fe que te dio energía y valentía.

El problema aparece cuando la fe se utiliza para manipular. Me parece vergonzoso que algunas iglesias jueguen con la fe de las personas, ya sea mediante el dinero o determinadas promesas. También cuestiono una idea de Dios castigador, que fue la que conocí durante mi educación. Se nos enseñaba que nacíamos en pecado, que nacíamos malos. Por eso la fe también se vuelve política. Puede dejar de ser un apoyo espiritual y convertirse en una herramienta de manipulación. Y esto no significa estar en contra de creer. Si una persona realmente se siente creyente y esa fe le entrega energía y apoyo, no tengo por qué cuestionarla. Lo que cuestiono es la fe vendida o utilizada por quienes tienen poder sobre los fieles.

También está la relación histórica de la religión con las mujeres y con la comunidad LGBT+. Hay una serie de relatos y discursos que han servido para instalar determinadas formas de exclusión. Por eso creo que es político en muchas áreas: también en la fe, la religión, Dios y el cristianismo. No pretendo decirle al público si debe creer o no. Quiero que se pregunte hacia dónde va su creencia.

¿Cómo definirías Evangelio según San Jaime?

La definiría como una comedia que toma un mundo en el que vivimos, pero que muchas veces no vemos, y lo baja a la tierra para contarnos otra historia. Mezcla ese mundo de la fe que tenemos en la cabeza con la realidad concreta y, desde ahí, nos hace cuestionarnos. El hecho de que sea una comedia permite decir mucho más a través de la sátira y el humor negro, y cuestionar tanto a los demás como a nosotros mismos.

El montaje cuenta con la participación de Osvaldo Cádiz. ¿Qué significó su aporte para la obra?

Osvaldo fue muy importante para esta obra. Él vio el montaje original y siempre le digo maestro. Me hizo recomendaciones puntuales a través de Laurita, la profesora de baile que también integra el elenco. Así incorporamos una cueca lenta, una cueca chora, una resfalosa y un cañaveral.

Hicimos un recorrido por distintas tradiciones folclóricas, pero también cambié algunas letras. Por ejemplo, tomé un cañaveral tradicional y lo convertí en el cañaveral de Doña Muerte. También creé una resfalosa de ectoplasma, vinculándola con el Espíritu Santo, que en la obra aparece como una figura fantasmal. Es una forma de jugar con nuestras tradiciones y llevarlas al universo de la obra. Osvaldo me da directrices y eso ayuda muchísimo. Para nosotros es muy importante valorar la presencia de los maestros y dejarnos guiar por su experiencia, aunque eso no significa seguir sus indicaciones al pie de la letra.

Si Jaime Silva pudiera ir hoy al Teatro Sidarte ¿Qué crees que reconocería inmediatamente de su obra y qué le sorprendería?

Creo que le sorprenderían muchas cosas, pero reconocería el espíritu de la obra: sus personajes y la manera en que están tratados.También se sorprendería con elementos como la refalosa ectoplasma o con la cumbia de María Magdalena que hizo Javier Carrasco a partir de una canción de los ochenta. Creo que esas cosas más pop que aparecen en la obra le sorprenderían. Además, en la compañía hay varios exalumnos de Jaime y una persona que fue su ayudante. Jaime era una persona muy católica. No sé si la obra le gustaría, pero creo que valoraría que conserva su espíritu crítico, del absurdo, humorístico y festivo.

¿Qué te gustaría que ocurriera con el público cuando termine la obra? ¿Que se cuestione, que se ría?

Me gusta un poco lo que está pasando. Mi primer deseo es que la gente lo pase bien. Estamos viviendo en un Chile y en un mundo tan terrible que, al menos a mí, me hace llorar. Espero que el público se vaya riendo, que pueda reírse a carcajadas al menos en algún momento. Que la obra genere alegría. Y, evidentemente, hay una crítica social que es parte de nuestro sello como compañía. Espero que vayan en familia y conversen sobre la obra en sus casas. Que reflexionen sobre la fe y se pregunten, por ejemplo, por qué Diosito no está en Gaza en este momento. ¿Por qué Diosito permite todo esto? A lo mejor tendremos que asumir un poco más de protagonismo nosotras.

Escribí a última hora un texto para el final de la obra y les pedí a los músicos, Javi y Camilo, que dijeran una frase que planteara que, aunque aquí termina la historia, ahora los protagonistas son ustedes, el público. Lo que se escriba de ahora en adelante estará protagonizado por quien está viendo la obra. Ahora tú defines quién es el bien y quién es el mal. Tú defines todas estas cosas. Tú defines tu fe, tu no-fe o tu ateísmo. Tú defines cómo continúa la historia.

¿Hay algo más que te gustaría destacar?

Me gustaría mencionarlos a todos, pero creo que no viene al caso porque somos muchas personas. Quiero decir que esta compañía se ha transformado en nuestra familia y ha sido nuestro soporte para sobrevivir. Puede sonar melodramático o cursi, pero creo que hoy la cultura, el Ministerio de Cultura, el gobierno y las autoridades ven la cultura como algo efímero.

Somos una familia porque, durante casi 13 años de compañía, hemos sobrellevado la necesidad de salir a garzonear y llegar a un espacio donde podamos reírnos y ejercer nuestra profesión, una profesión tan larga como la de un médico. O salir de la oficina, porque tienes una segunda carrera, y volar al ensayo. Hay mil ejemplos. Como Caro Rebolledo, que vivió ocho meses de embarazo en gira, tomándose apenas dos semanas de descanso. Yo misma he pasado recientemente por un período de mucho estrés. Tus médicos pueden decirte: «Tómate una licencia médica». Es una broma esto, pero en el fondo es algo que me interesa plantear. También a nivel político, porque creo que las compañías tienen mucho que decir y mucho que mostrar.

FICHA ARTÍSTICA

Título: Evangelio según San Jaime, según la Dramática

AUTOR: Jaime Silva

ADAPTACIÓN: Nelda Muray Prado

DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Nelda Muray Prado, Carola Rebolledo, Carolina Araya

ELENCO: Hernán Vallejo, Braulio Martínez, Roberto Vallejos Cox, Carola Rebolledo González, Leonardo De Luca, Nelda Muray Prado, Carolina Araya Lucero, César Ramírez, Alejandra Pérez, Francisco Cuevas, Nicolás Camus, Karen Wilson, Camilo Leiva, Laura Hernández, Bruno Chelsi, Alexandra Cavieres, Javier Carrasco, Pablo Garcés, Cristián Hidalgo, Pedro Orellana, Pablo San Martín

PRODUCCIÓN GENERAL: Pablo San Martín y La Dramática Nacional

DIRECCIÓN AUDIOVISUAL: Erwin Scheel

ASISTENCIA AUDIOVISUAL: Tomás Acuña

DIRECCIÓN MUSICAL: Nicolás Rodríguez

ATMÓSFERA SONORA Y FX: Daniel Vargas

MAESTRO DE HISTORIA: Gabriel Salazar

MAESTRO DE FOLKLORE: Osvaldo Cádiz

COMPOSICIONES FOLCLÓRICAS: Camilo Leiva

PROFESORES DE BAILE: Laura Hernández y Carlos Liberona

CONCEPCIÓN ESCENOGRÁFICA: Carola Rebolledo

REALIZACIÓN ESCENOGRAFÍA: Antolín Álvarez

ILUMINACIÓN: Gabriel de la Hoz

DISEÑO, REALIZACIÓN DE VESTUARIO Y CARACTERIZACIÓN: Camilx Saavedra

ASISTENTE DE REALIZACIÓN DE VESTUARIO Y CARACTERIZACIÓN: Matilde Medina

GRÁFICA Y FOTOGRAFÍAS: Sumiko Muray Prado

SONIDISTA: Catalina Valencia

PRENSA: Claudia Palominos

COMMUNITY MANAGER: Roberto Vallejos

COORDENADAS 

6 al 15 de agosto

jueves a sábado, 19.30 h,

Duración: 1 h 45 min

Edad recomendada: + 12 años

*miércoles popular: 12 agosto, 19.30 h, $4.000 Gral.

Sistema Paga lo que puedas: $4.000, $6.000 y $8.000 Gral.

Teatro Sidarte (Ernesto Pinto Lagarrigue

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