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jueves, diciembre 1, 2022

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Entrevista a Directora Ejecutiva de Plagio Fundación y Santiago en 100 Palabras, Carmen García: “Lo que hace el concurso es develar el imaginario colectivo que existe con respecto a la ciudad”

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Por Joaquín Pinto

“Larga vida a Santiago en 100 palabras” es la frase con la que selló Carmen García, Directora Ejecutiva de Plagio Fundación, el lanzamiento de la nueva versión del concurso de mayor convocatoria del país. Entrevistamos a Carmen luego del lanzamiento del pasado miércoles para conversar sobre el proyecto, sus inicios, sus avances y cómo, con el trabajo que realizan año a año, Santiago en 100 palabras logra construir la memoria colectiva de la ciudad a través de pequeñas fotografías, sus cuentos.

Ya son 21 años de Santiago en 100 palabras y la verdad es que es impresionante cuando uno ve cómo ha crecido el proyecto con el tiempo y el nivel de convocatoria que tiene, es un proyecto emblema que la gente lo ha abrazado como parte de su cultura. Haciendo un gran paso hacia el pasado ¿Cómo nació Santiago en 100 palabras? ¿Cuál es el espíritu que lo motivó?

Santiago en 100 palabras tiene su génesis en lo que fue la Revista Plagio que es una revista que fundamos en el año 2000 con algunos compañeros de la universidad, que buscaba tender puentes entre distintas disciplinas artísticas: poesía, narrativa, artes visuales. Esto en un nivel bien under y universitario. Con ese fin fue que quisimos hacer crecer la revista y buscar financiamiento. Ahí nos acercamos en ese tiempo a Metro que nos dijo que la revista no le interesaba la verdad, pero sí que presentáramos un proyecto que ocupara los espacios que tenían. Obviamente el tema de lo urbano fue inmediato, en diseñar la propuesta al igual que la brevedad por los espacios que teníamos que ocupar. Con esa idea fue que nace esta primera versión de Santiago en 100 palabras, muy intuitivamente, muy a pulso también pero que en el fondo se transformó inmediatamente en un fenómeno de participación ciudadana y superó claramente todas nuestras expectativas. Nuestras expectativas eran de 300 cuentos y llegaron casi 3 mil en esa primera versión. En 2001 no había sistema de participación online, era todo por papel.

¿Comenzaron recibiendo cartas?

Sí, teníamos buzones que estaban dispuestos en distintas estaciones del metro y la gente iba a dejar sus cuentos a los buzones. Ahí la imagen clásica a la que siempre vuelvo es a las personas que salían a la calle haciendo fila para dejar su cuento.

Una bonita imagen. Y con el paso del tiempo ¿Cómo han logrado mantener el proyecto o de qué forma se ha ido replanteando con los años?

La verdad es que todos los años tratamos de darle una vuelta y profundizar en los objetivos que tiene Santiago en 100 palabras, así que es un desafío constante. Sobre todo, porque es importante mantener la atención e interés de los participantes porque sin ellos no existe el concurso. Todos los años se han ido incorporando novedades, como premios especiales, desde lo que fue el premio al talento joven en su minuto, premio al talento infantil, premio al talento mayor, premio del público, del ilustrador y así. Hasta las distintas aristas que hemos ido profundizando como es la parte educativa del proyecto que ha ido creciendo muchísimo en los últimos años, también las actividades que conlleva la programación de Santiago en 100 palabras que desde el año pasado tiene una programación con invitados internacionales que creo le ha dado harto realce al proyecto en sí.

Son miles los cuentos que llegan en cada convocatoria ¿Cómo son esos números? ¿Cómo han ido creciendo? Y sobre todo ¿de qué forma el equipo que los revisa los enfrenta? Porque en realidad son bastantes los que tienen que revisar.

Sí, en una primera versión llegaron casi 3 mil y de ahí el crecimiento fue bastante sostenido: segunda versión 6 mil, tercera 9 mil, 12 mil y así hasta llegar a lo que nosotros llamamos la meseta, una meseta de 60 mil cuentos. La hemos superado, han habido años en que hemos llegado a 68 mil cuentos pero la meseta rodea los 60 mil cuentos que es una cantidad bastante abrumadora de relatos por leer y yo creo que nos posiciona, sin duda, como el concurso literario más masivo de Chile, no sé si del mundo, probablemente también, no hemos hecho esa búsqueda.

Por lo mismo existe un sistema estructurado y pensado sobre cómo se enfrenta la lectura de estos cuentos. Hay un equipo de preseleccionadores que son 30 personas con estudios literarios, en su mayoría escritores y poetas, que leen la totalidad de los cuentos. Tenemos un sistema en el cual divide los cuentos entre los distintos preseleccionadores, ellos leen de manera totalmente anónima los relatos, les ponen una nota y seleccionan un porcentaje que es lo que, luego, lee el jurado. El jurado lee lo mismo, es decir, todo el jurado lee la selección final, también de manera totalmente anónima. Y sobre esa lectura, se seleccionan los 12 finalistas. Es solamente al final, cuando ya se eligen las menciones y los lugares que se revelan los datos de los participantes.

Una tarea titánica para las personas que están revisando tantos cuentos. Pero, a ver si entendí bien, ¿los primeros revisores ven todos los cuentos?

Son todos leídos, pero los dividen. No todos leen los 60 mil.

Pero siguen siendo unos mil y tantos cuentos.

Claro, siguen siendo en el orden de unos 2 mil cada uno.

¿Te han comentado alguna vez el sistema que tienen los revisores para abordar todos esos cuentos y cumplir con los plazos?

Tenemos un manual de trabajo con los preseleccionadores, en el que la idea es darle los lineamientos para hacer esta selección, como dijiste, titánica. Y la idea es que en el plazo que se les da a ellos, que son aproximadamente tres semanas, vayan leyendo pausadamente. No leer de una corrida todos los cuentos y según los criterios que se establecen de calidad y originalidad, ir seleccionando los relatos que valen la pena que lea el jurado. Todos los preseleccionadores tienen harta experiencia en esto, muchos llevan hartos años, algunos desde el principio incluso. Es bien interesante lo que les toca leer a ellos porque es el pulso mismo de la ciudadanía. Muchas veces hay cuentos que no cumplen con la calidad, pero sí dan cuenta de lo que está sintiendo y pensando la ciudadanía.

Respecto a eso último, hay una idea que me parece fundamental y que también es muy interesante que es la ciudad como un texto ¿De qué forma Santiago aborda esta idea?

Yo creo que lo que hace el concurso es develar el imaginario colectivo que existe con respecto a la ciudad. A través de estos cuentos, que son como fragmentos o fotografías de estos instantes urbanos, se va construyendo lo que es la imagen que tenemos de una ciudad tan compleja como Santiago. Volviendo a la idea de la ciudad como texto, creo que sí, la ciudad puede ser leída literariamente a la hora de construir estos relatos. Y esa es la invitación que se hace: a observar, percibir lo que es cotidiano, pero también lo que vale la pena poner en un cuento.

Pudiera ser una relación ficcional dentro de la experiencia cotidiana que la tiene todo el mundo. En esa línea, el libro de Santiago en 100 palabras ¿se acercaría a una autoficción? 

Sí, no lo había visto de esa forma ¿Una autoficción de la ciudad? Podría ser, la ciudad como un hablante único con sus habitantes; me gusta la idea.

Me resuena mucho también cuando mencionaste las fotografías que son los cuentos. Hablando con Carla Mackay, fotógrafa que estuvo en el lanzamiento de esta nueva versión en el Paseo Bulnes, decía que tenía cierta conexión con el proyecto porque ella misma trabaja fotográficamente la ciudad.

Exactamente, por eso la elegimos. El trabajo de Carla ha estado muy ligado a retratar a estos habitantes medios subterráneos de la ciudad, darle un rostro. Es super interesante ese cruce y que también es lo que ha hecho el concurso históricamente, a generar estos cruces de disciplina, tanto lo que hicimos ahora con Carla, hasta lo que hacen los ilustradores con los cuentos ganadores o incluso con los músicos que son invitados musicalizar los relatos. Generar esos cruces o puentes, fue la génesis que tuvo a través de la revista. Pero la autoficción… me quedé pensando en esa idea, que el hablante es la ciudad y Santiago en 100 palabras es su autoficción, funciona igual. Podríamos escribir la gran novela de Santiago en 100 palabras.

También pasa como un tipo de archivo que sería interesante ir revisando con el tiempo. Creo que eso es uno de los grandes valores que tiene el proyecto, la permanencia que ha tenido y que, lo mencionaron en el lanzamiento. También es necesario para los proyectos culturales obtener el financiamiento

Claro, si no es por BHP Escondida difícilmente podríamos llevar 21 años haciendo el concurso. La continuidad que le ha dado nuestro socio ha sido fundamental para que el proyecto crezca y profundice en sus objetivos. Siendo uno de esos objetivos la construcción de memoria histórica a través de estos relatos. Sin duda, lo que nos pasa al tomar, por ejemplo, el libro del año 2003 vamos a ver una ciudad distinta a la que conocemos hoy y la preocupación ciudadana va a ser otra, los temas van a ser otros. Se produce, creo, un acopio de memoria histórica muy único y fundamental porque es desde la ciudadanía, desde la acera y los que transitan todos los días por la ciudad y no desde los grandes relatos.

Para esta vigésima primera versión ¿Qué te imaginas que estarían recibiendo? ¿Qué tendrá ocupadas las cabezas de las personas para que participen en esta convocatoria?

Creo que este año es super particular y que va a estar lleno de cambios positivos también para nosotros. Con la escritura de la nueva constitución, con el nuevo presidente, sin duda van a ser temas que van a atravesar los relatos. También hay una sensación un poco distópica con el cambio climático, con los incendios, que de alguna manera se van a ver reflejados en los cuentos.

En esta versión la frase es «Escribir también es movilizar, transformar, cambiar, transitar, recorrer» ¿Qué es lo que buscan afirmar en esta nueva versión? Pensando en una diferencia respecto a las anteriores.

Después de casi dos años de pandemia, en los cuales estuvimos prácticamente encerrados y sin ver paisaje, queremos reafirmar que en la escritura también es fundamental movilizarse, transformar y alimentar la imaginación. Nos importa mucho esta posibilidad que estamos teniendo de poder volver a encontrarnos y volver a vernos, mirarnos y cómo poder abrir la mente hacia el paisaje, del cual estuvimos lejanos tanto tiempo. Nos permite también conectarnos con la escritura.

Hay un aspecto que me parece es una fuente de cariño que pueden tener las personas a Santiago en 100 palabras, además de ser un gran aporte, que es este compromiso con la lectoescritura ¿Cuál es la relevancia de este acompañamiento entre la escritura, que es la convocatoria, y la lectura?

Siempre hablo de Santiago en 100 palabras como un proyecto, más que como un concurso, porque creo que el concurso es el broche de oro, pero el proyecto es de ocho meses y que prácticamente trasciende solo participar por un premio. Nosotros este año tenemos una programación con más de 100 actividades y siendo como una de las fundamentales aristas de proyecto, la convocatoria en establecimientos educacionales y la programación que tenemos asociada a eso. Porque en este año vamos a duplicar los talleres en establecimientos educacionales. Principalmente, porque uno de los objetivos es fomentar la lectoescritura y sobre todo en los niños y jóvenes. Nos hemos dado cuenta de que un proyecto, como Santiago en 100 palabras, rompe con la imagen existente que la gente no lee o no le gusta leer. Porque con las cifras que nosotros manejamos nos damos cuenta que si presentamos la lectoescritura de una manera en que la gente se pueda vincular y sentir identificada, sí van a leer y escribir. El concurso ha permitido que mucha gente que no se sentía vinculada a la lectoescritura por primera vez escriba un cuento o lea los libros, porque le estamos hablando a ellos. No estamos hablando a un lugar desde arriba, de grandes escritores, sino que son los propios ciudadanos que transitan por la misma ciudad quienes están hablando también. Creo que ese eje ha sido fundamental para el fomento lectoescritor de Santiago en 100 palabras. Y es algo que sin duda hemos ido profundizando y potenciando. Ahora nos hemos dedicado harto a hacer herramientas de fomentos lectoescritor para niños y ´jóvenes.

También ahí podría pensarse Santiago en 100 palabras como un lugar de diálogo ciudadano.

Absolutamente, creo que un proyecto como este, ha permitido generar ese espacio de encuentro a través de la literatura, que es lo bonito. La literatura tiene un afán de comunicación y el concurso cumple eso a cabalidad porque ha permitido que los ciudadanos se encuentren en estos relatos, quienes quizás no se conocerían de ninguna otra manera, pero uno al leer un cuento de un niño de 8 años de Quilicura conoce un poco de la realidad de ese niño y conoce un poco de ese niño también, puede empatizar y puede encontrarse. Creo que eso es fundamental para la construcción de una sociedad más integrada y más justa.

Para participar ¿siguen siendo las mismas bases?

Sí, las bases son las de siempre, es muy sencillo. En santiagoen100palabras.cl las pueden encontrar y se pueden mandar hasta cinco cuentos por persona.

Encontré genial que uno puede editar su cuento hasta último minuto, ¿Cómo funciona eso?

El sistema lo permite, la idea es que la gente pueda mandar sus relatos en la plataforma, pero va a poder corregirlos hasta el último día, que también es parte de la escritura ¿no? Poder ir corrigiendo y editando. Así que sí, como hay tiempo, la idea es que también puedan aprovechar esa instancia.

¿Podrías invitar a la gente a participar de los talleres o de la convocatoria?

Sí, de todas maneras, invitar a todas y a todos a ser parte de esta nueva versión de Santiago en 100 palabras, es una invitación que busca es ser totalmente abierta y transversal, porque queremos escucharlas a todas y a todos. Sobre todo a los niños y a los adultos mayores también. Tenemos un premio especial para ellos este año, que es al mejor relato de la memoria, porque queremos conocer su visión de cómo la ciudad ha ido cambiando. Así que dejarlos invitados a mandar sus cuentos y a atreverse, porque aquí son todos valorados.

 

 

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