Entrevista a la actriz de “Stella” Daniela Nuñez: «Estamos hablando de una escritora que tenía una importancia muy grande, pero la quisieron opacar»

Por Paloma Fuentes

Tras años de investigación y trabajo colectivo, la compañía La Fuga Teatro llega a escena con Stella, un montaje inspirado en la vida y obra de la poeta chilena Stella Díaz Varín. La propuesta busca acercarse a una de las voces más singulares de la poesía nacional y cuestionar las formas en que su figura ha sido representada y recordada.

La obra presenta a cuatro actrices que interpretan distintas etapas y facetas de Stella, explorando sus contradicciones, su personalidad, su trayectoria artística y las experiencias que marcaron su vida. A través de esta estructura, el montaje no busca únicamente “hacer la obra de Stella”, sino preguntarse si es posible representar a una figura tan compleja sin reducirla a los estereotipos que históricamente han acompañado su imagen.

El proceso de creación incluyó una investigación sobre sus entrevistas, poesía y trayectoria, además del contacto con integrantes de su familia. Para La Fuga Teatro, este acercamiento permitió descubrir una Stella que iba más allá de la imagen de “la poeta boxeadora” o “la Bukowski chilena”, revelando también a una mujer sensible, cariñosa, madre y abuela.

Culturizarte conversó con Daniela Núñez, actriz de La Fuga Teatro, para conocer cómo fue el proceso de interpretar a Stella Díaz Varín y acercarse a una de las figuras más provocadoras de la poesía chilena.

¿Cómo llegaste a formar parte de La Fuga y qué fue lo primero que te llamó la atención del proyecto?

Nosotros somos La Fuga Teatro, somos los fugados, venimos de la fuga porque estudiamos todos en Buenos Aires, Argentina. Estudiamos Artes Escénicas y Artes del Movimiento en la universidad pública. Allá hay harto movimiento, entonces nos juntamos los inmigrantes, los chilenos de allá. La Fuga partió con un primer montaje sobre Pedro Lemebel, que se llama Polución. Nuestro segundo montaje es una trilogía de artistas del under chileno. Ese fue el primer objetivo que nos propusimos: generar esta trilogía del under. Primero estuvimos trabajando con Pedro y luego apareció el nombre de Stella. Hicimos una investigación. Queríamos que fuera una mujer, porque eso era importante para nosotres. En general, somos mujeres y disidencias en La Fuga, así que era importante que fuera una mujer. En un principio, el montaje iba a ser dirigido por mí, porque en la obra de Polución, a partir de diálogos con Pedro Lemebel, somos una codirección con Sebastián, que es el director de Stella. Por procesos de la obra me metí a actuar. La verdad es que Stella es un montaje que fue muy interesante. Llamamos a Patricio Yovane, que es el dramaturgo de la obra, y él hacía reuniones con dirección.

Empezamos a investigar sobre las entrevistas de Stella y tuvimos contacto con su familia: primero con el hijo y después con el nieto. Entonces, nos hemos podido meter un poco en su vida y en su obra. En la investigación, Patricio, el dramaturgo, nos empezó a hacer un cuestionamiento: si realmente una figura como Stella puede ser representada. Me parece interesante que la obra no se genere desde la idea de “hacer la obra de Stella”, sino desde preguntarnos si realmente podemos llegar a plantearnos representar o no representar su figura. Eso me parece que está bueno.

Cada una de las actrices representa una etapa de la vida de Stella. Esto se nota, por ejemplo, en el personaje de Camila, que se dibujó arrugas en la cara. En tu caso, ¿Qué edad específica de Stella representa tu personaje?

Las Stella que nosotros representamos tienen que ver con un tema etario, pero también con un rango de la personalidad. Me acuerdo de que vi la serie de Moria Casán y ahí están exactamente las fechas de cada personaje. Acá también tiene que ver con rangos de personalidad. Por ejemplo, Camila representa la última época de Stella. De hecho, en el documental La Colorina aparece ella hablando en el hospital. Le dice que se iba a fumar un puchito y le responden: “Stella, ¿Cómo te vas a fumar un puchito ahora?”. Y ella dice: “¿Y tú crees que yo voy a salir de este hospital?”. Ella entra al hospital y ahí muere. Entonces, la etapa de Camila es la parte final. La parte de Fami, que es el principio de la obra, representa su etapa más joven. Después está Feña, que sale después de mí, y después estoy yo.

Mi personaje, particularmente, trata de generar esta mayor contradicción de su vida predictadura: una mujer a la que se le cuestionó su vida personal y que, de alguna manera, quiere defender su poesía y su arte, finalmente, con los problemas del alcohol también. Stella tiene declarado el alcoholismo, entonces también es interesante hacer un personaje con esos juegos y contradicciones, sin querer enjuiciarla. Finalmente, estamos hablando de una época en la que eran puros hombres. Ella, de alguna manera, vio una adaptación para poder sobrevivir en ese ambiente, siento yo. Las mujeres se quedaban calladas; ni siquiera iban a estos bares. A estos bares quizás iban mujeres de poca monta, como las prostitutas, pero las artistas no.

Esto de la boxeadora, justamente porque era una poeta boxeadora, tiene que ver con algo que ella misma decía: “Yo no era buena para los combos”. Sencillamente tenía que defenderse. Ese es mi texto, porque realmente la atacaban, la venían a jotear, la molestaban. Le decían cosas y ella: “Te muestro las tetas, quedas ahí” y cosas así, o “combo que te noqueo” para desarticularte. Era absolutamente un método de defensa y también de sobrevivencia. La situación es algo compleja, porque nosotros tenemos mucho apoyo de la familia, pero, por ejemplo, nosotros marcamos que ella sufrió una violación. Esto es un aprovechamiento. De hecho, lo que ella indica es que la invitaron a tomarse una cosita, le hicieron una encerrona y abusaron de ella. Nosotras sabemos que hay ciertos lugares donde no tenemos que ir, dónde tenemos que avisarle a una amiga a qué hora llegamos.

Siento que desde la época de los Poetas Malditos hasta ahora también tenemos que tener ciertos recaudos como mujeres. Yo creo que es un poco como nos decían las Tesis: “No era por cómo me vestía”. No se puede justificar el comportamiento, menos el de estos tipos. Lo peor que hicieron con Stella después, cuando quedó embarazada, es que la opacaron mucho. No la dejaron seguir participando, no la seguían llamando. “Ya no eres nuestra vestal, Stella”. Porque la veían como algo angelical. Era virgen, tenía el pelo colorín, era hermosa Stella, la querían así. Ya embarazada, como mujer real, no les servía, entonces le hicieron la equis.

En verdad, la poesía y el arte de Stella son muy existencialistas, muy filosóficos. Yo creo que ella podría haber entrado muy a la par. De hecho, eran sus amigos: Teillier, Jodorowsky. Aparte de los romances que tuvo con Parra y todo, eran las personas con las que ella se codeaba. Neruda la tomó como una gran referente. Estamos hablando de una escritora que tenía una importancia muy grande, pero la quisieron opacar. La quisieron sacar porque ya no les servía.

Cuando empezó la investigación, ¿se encontraron con una Stella diferente de la imagen que tenían previamente?

Absolutamente. Una de las circunstancias que tuvimos con el nieto de Stella, Felipe, es que pudimos entrar al departamento de Stella, en la Villa Olímpica. Primero él nos recibió muy amablemente en su departamento y después nos dijo: “Solamente han entrado familiares y están entrando ustedes”. Entonces, yo realmente lo tomé como un punto de confianza y de valor hacia nuestro proyecto. Yo siento que, como La Fuga, lo que más hemos tratado de tener es respeto hacia la familia y hacia la artista. Por supuesto que, cuando uno desarrolla el proceso, también te interesa un poco la polémica. Te preguntas: “Oye, ¿esta mujer cómo golpeaba a los hombres? ¿Que estuvo con este? ¿Estuvo con otro?”. Pero cuando empiezas a interiorizarte en el proceso, a leer sobre su poesía y todos sus libros, finalmente dices: “Acá hay un humano. Hay una humana sensible”. Hay una humana con contradicciones, como te mencionaba, con el alcoholismo; una mujer sobreviviente, pero sobre todo una mujer súper luchadora y súper coherente. Para mí hay un texto también en el que una de las actrices le pregunta: “Stella, ¿a ti te gustaría haber tenido más reconocimiento?”. Y ella responde: “Yo me lo busqué”. Yo creo que podría haberse comportado de una mejor manera o haber hecho las cosas de otra forma, pero no era ella. Habría dejado de ser ella. Lo mismo en la dictadura. Era una mujer que, durante la dictadura, ponía la bandera del Che Guevara o del Partido Comunista afuera. Era un peligro inminente y ella lo hacía igual porque eran sus convicciones. Yo creo que una mujer así no hay muchas, al menos en Chile. Un país, en ese sentido, que es tan pacato, de hacer las cosas por contacto o por lo que te conviene. Ella no. Ella iba en contra de todo eso. Incluso con Neruda: Neruda la apoyó, le dio su venia y ella fue y le tiró piedras a la casa. Porque hacía lo que sus convicciones le decían.

¿Qué aspectos de Stella crees que fueron más difíciles de llevar al escenario? Porque claramente la obra intenta interpretar a Stella, pero, con respecto al personaje que tú representas, ¿Cuál crees que fue lo más difícil de llevar al escenario?

La voz es difícil. De hecho, estoy con consecuencias. Hay una doble función, porque tuvimos una gira anteriormente, entonces de repente se te irrita un poquito. Yo creo que el personaje en sí es un desafío. De verdad, la voz es un desafío porque la voz de Stella, al final, era una voz súper arrastrada, súper grave, por el cigarro. Uno no quiere hacer el cliché, no quiere decir: “Ah, voy a hacerlo igual”. Pero, en verdad, es potente tratar de ocupar esas características como elementos físicos, por ejemplo, la voz. El cuerpo y la presencia de Stella también son complejos. Imagínate que iba y pegaba combos. Todo el mundo comentaba ahora en la gira. Una de las chicas que la había conocido nos contó que se había encontrado con el expresidente Ricardo Lagos y decía: “Sáquenme de acá, por favor, yo no quiero estar con Stella, me va a tirar una chuchada”. Era una persona con una fuerza, una presencia escénica y una vitalidad que es complejo llevar a escena.

Como actriz, a una igual le entra la inseguridad. Yo creo que, por la experiencia que tengo, siento que lo he tratado de hacer, pero a momentos también tú dices: “¿Seré capaz?”. Es entretenido y es bueno que la obra plantee ese cuestionamiento. Creo que también está esto acerca de las contradicciones. Eso de las contradicciones es interesante. Por ejemplo, yo que estoy tomando, que medio me emborracho, no quiero irme al cliché de la persona curada. Hay que preguntarse qué pasa, por qué estoy tomando, qué quiero. ¿Tengo pena, angustia, rabia, quiero evadir? ¿Qué quiero hacer? Todas esas cosas hay que tomarlas y no hacer lo que ella misma dice: generar un estereotipo de este personaje, sino entrar un poquito en las profundidades, intentarlo al menos.

¿Hay alguna faceta de Stella que hayas descubierto durante el proceso que te haya sorprendido, que te haya gustado más o que quizás no te haya gustado?

Fue muy bonito hablar con la familia y ver la mirada más familiar de Stella. En este caso, su nieto, cómo veía a su abuela. Fue muy bonito. Era el centenario de Stella, habría cumplido 100 años. Lo hicimos en La Serena, donde ella nació. Terminamos la función y fue bien emotiva. Había autoridades y entró por el camarín otra parte de la familia que nosotros no conocíamos, hasta las nietitas y tataranietitas chiquititas de Stella. No tuvimos tanto tiempo para hablar en detalle como con Felipe, pero llegaron muy emocionadas. Estaban llorando en el camarín. Ellas nos hablaban de eso: “Stella era femenina”, nos decían. “Stella era delicada, era cariñosa”. Era una mujer cariñosa, una mujer atenta. Felipe lo que más nos decía era: “Mi abuela era dedicada a nosotros, nos cocinaba pantrucas”. De hecho, ese texto en la obra era de hígado, era otra cosa. Felipe nos dijo: “Chiquillos, pantruca mejor, porque mi abuela siempre nos cocinaba ricas pantrucas”. Listo, se cambia.

Stella era coqueta, femenina, creo que la fui descubriendo de a poquito. Yo creo que nosotras, las mujeres, podemos hacer tantas cosas, que también podemos tener esas dualidades, estas energías masculinas y femeninas al mismo tiempo. Pensando en un lugar solamente dual, somos tanto y tan divergentes que, en realidad, no podemos pensar ni uno ni otro, frío o caliente, sino que somos un todo. Y en eso está la complejidad. Entonces, a mí, por ejemplo, me hicieron trabajar mucho en la interpretación. Tuvimos un apoyo de asistentes de interpretación. Ahora lo está haciendo Katherine Gómez y también lo hizo Simone Muñoz. Ellas me decían: “Dani, no te vayas al enojo solamente”. Porque yo entraba enojada, y era como: “No te vayas solo al enojo, porque Stella no es solamente el enojo”. Y, desde ahí, es muy interesante interpretativamente. Tú dices: “Ya, quiero tener presencia, quiero ir solo a esto”, pero no. Ahí también hay que ir a lo femenino, a lo que nos decían ellas. “Mi abuela era cariñosa. Stella era sensible, era femenina, era atenta”. Lo que nos dijeron en La Serena fue muy lindo, muy emocionante tener esa instancia con esa parte de la familia. Quedamos en contacto, así que esperamos poder seguir manteniendo ese contacto también.

¿Para seguir trabajando en otra cosa?

No sé. La verdad es que siento que el proyecto ha ido avanzando. Por ejemplo, con Felipe, la primera vez fue más difícil, pero ya en la segunda pudo vender los libros. Ha estado en contacto con nosotros y queremos ser una plataforma de difusión. Ese es nuestro objetivo: que se pueda escuchar y que se pueda leer más a Stella.

Luego de ver la obra noté que poca gente conoce a Stella; sin embargo, es una figura súper vigente. ¿Tú qué opinas?

Sí, totalmente. Yo creo que eso nos pasa a nosotros como país. Los personajes que son reconocidos, primero, son hombres. En esa época estaba Gabriela, que era anterior, pero imagínate, por ejemplo, el tema de Gabriela y su pareja mujer, cuántos años se demoró en tener que decirlo. Stella no se iba a guardar, no se iba a esconder, ella no era así: era anarquista, era existencialista; su figura era así. Yo creo que estos personajes que son reales no son tan servibles para este país. No sirven tanto porque son muy cuestionadores, son los que más se esconden. Por eso es importante hacer esto. Fue nuestro objetivo sacar a los escritores del under, no sacar a los que eran conocidos. A Pedro Lemebel lo sacamos en Buenos Aires y Pedro no tenía el reconocimiento de ahora. Nosotros ahora nos ganamos la circulación para irnos de gira a Buenos Aires nuevamente y vamos a cumplir diez años desde que estrenamos nuestra obra. En ese momento, Pedro no era lo que es ahora, menos en Buenos Aires.

¿Qué significa para ti interpretar a Stella Díaz Varín?

Con la experiencia de los otros personajes que me han tocado en mi vida de actriz, Stella es uno que ha calado muy fuertemente en mí. Siento que es un personaje que logramos, a partir del tiempo y del proceso que le hemos hecho a la obra, transformar: quitar este lugar de estereotipo, este lugar de cliché que en un principio quizás podía tener, en una búsqueda de una mujer, de una humana, de una artista, de una madre, abuela y escritora, que era una persona coherente, con mucha fuerza y con un tema de justicia social muy fuerte. Muchas veces he encontrado cosas de mí que me han hecho mucho sentido y que me han hecho muy bien. Esto mismo de la justicia social, de la coherencia política, por ejemplo, de una mujer que diga las cosas como son, me hace bien, porque digo: “Esto de ir y decir las cosas, a veces uno se da muchas vueltas o le da vergüenza”. Entonces, como actriz ha sido bacán. Y otra cosa también que me ha tocado con mi Stella es que la he pasado súper bien haciéndola. De verdad, miro la última función y digo: “¡Qué bien lo paso haciendo a Stella!”, echando chuchadas, tirando chistes para allá y diciendo las cosas como son. Creo que esa pachorra nos hace bien a todos. Eso ha sido de lo más lindo de Stella y también del proceso que hemos tenido como compañeras y como cooperativa.

Es importante decir que somos una cooperativa cultural a la que le ha costado harto, casi diez años, poder ganar fondos y tener nuestras cosas. Siento que pudimos hacer un proceso como corresponde, con el apoyo de la familia, teniendo este proceso, habiendo ido a La Serena y conocido a la otra parte de la familia. Creo que eso no habla de un proceso superficial, sino de un proceso de nosotras con intención y respeto hacia la artista.

¿Qué parte de Stella sientes más cercana a ti y cuál más distante?

Yo creo que lo más cercano es esta actitud de llegar y decir las cosas como son, pan, pan, vino, vino. Creo que hay un poco de eso que tengo en mi personalidad, pero ella me lo ha sacado más, entonces ha sido bacán. Lo que he descubierto también, con esto sobre la contradicción del artista, es que en las últimas funciones me he dado cuenta de que ella también tiene una tristeza profunda, una rabia, no sé si entre rabia y pena, porque se sacó la cresta igual. Siempre trabajó, siempre estuvo trabajando en artículos, en medios, en varias revistas y diarios, pero tiene que haber sido bien injusto que no fuese reconocida teniendo los libros que tuvo. Ese vacío quizás es una de las cosas más fuertes. Una de las preguntas que nos hicimos con Pato, el dramaturgo, para comenzar, es que ella lo habla en la palabra, en el poema, y dice: “¿Dónde está la palabra escondida?”. Finalmente, es como preguntarse: ¿A qué vine a vivir? ¿Para qué tengo esta vida? ¿Cuál es mi propósito? En ese existencialismo, yo creo que ella lo tiene mucho. Yo no lo tengo tanto, trato de tenerlo, pero me parece que ella fue una persona que siempre buscó hacia dónde iba su palabra y cuál era su propósito. Eso es muy interesante.

Con respecto a los personajes, cuando tú no estás interpretando a Stella, ¿es igual un personaje construido o eres tú?

No, es el personaje de la intérprete, como le decimos. Cada una tiene una personalidad diferente también, es como nuestra actriz. Es bien interesante ese personaje porque hay algo de lo que tenemos de nosotras como actrices y hay otras cosas que no. Si tú naturalizas mucho quién eres tú y quién soy yo en la escena, también pierde presencia. Era importante que, como actrices, porque además llevamos harto tiempo trabajando como tales, no perdiéramos presencia. También era pensar cómo esa actriz, esa intérprete, aborda a Stella. Hay algunas que la abordan mirándola, imitándola; hay otras que la abordan desde la admiración y otras que escriben y están ahí, o que leen. Entonces varía. Eso no necesariamente es igual a lo de nuestra actriz. Hicimos un entrenamiento específico para abordar a esas actrices, a esas intérpretes, para que pudieran seguir siendo vitales y orgánicas, actoralmente hablando, pero también con presencia, para que no se opacaran ni se diluyeran, y que estuvieran en búsqueda igual que Stella, porque son las que llevan la obra. Si no, se cae el ritmo y todo.

¿Qué crees que revela su historia sobre las mujeres artistas de Chile?

Yo creo que es fundamental. El propósito de nuestra obra justamente es poder, especialmente con Stella, difundir la voz de las artistas que fueron opacadas, las artistas que fueron calladas. No hay un gran conocimiento de Stella Díaz Varín. Los que saben, la conocen como “la Bukowski chilena” o “la boxeadora”, la pugilista, y la conocen desde el lugar de la polémica, como lo que podría ser la farándula ahora. Pero pocos se han puesto a leerla, a buscarla, a investigarla. Yo creo que fue el machismo y la intención de opacar a una mujer con esa personalidad. No era servible a ese sistema y eso fue lo que hicieron, y lo lograron, lo consiguieron. Pero aquí estamos las mujeres en 2026 para poder agarrarla y decir: “Oye, esta mujer sí existió, sí escribió, sí se cuestionó y aquí está”.

Con respecto al contexto político actual, ¿crees que es necesario poder hablar de Stella Díaz Varín?

Me encanta, porque parece que va a ser un texto mío. Ahora me dices tú, porque ponemos a Stella en 2026. A Stella, durante la dictadura, casi la mataron. Ella dice en una de las entrevistas: “No, a mí no me chocaron, a mí me mataron”, porque realmente uno de los milicos casi la mató. La dejaron sin dientes, imagínate. Ella hablaba de la época de la dictadura, de la época maldita, y ella la vivió. Yo creo que es súper importante, más hoy en día, sobre todo para nosotros los artistas, con un recorte de los presupuestos artísticos y culturales, una minorización de nuestro trabajo y personajes de la dictadura opacando el trabajo artístico y cultural. Me parece que esos personajes le hacen mal a este país, realmente. Siento que, si a esas voces pinochetistas y fascistas les damos voz, este país se queda sin cultura, sin difusión de sus artistas, de sus escritores y de sus poetas. Más encima, somos un país de poetas. No corresponde darle esa voz. Para mí está bueno que se ponga y se difunda la voz de estos personajes.

¿Cómo fue el proceso de creación colectiva de la obra? ¿La obra estaba escrita desde el comienzo o se fue construyendo durante los ensayos? Mencionaste que el dramaturgo llegó después, ¿Cómo se integró?

Sí, en realidad no llegó después. Cuando yo estaba dirigiendo con Sebastián, que es el director, teníamos la idea, por esto de la trilogía. Ya teníamos la de Lemebel y queríamos una mujer, pero todavía nos faltaba el tercero. Entonces, ahí le dije a Seba que me parecía importante convocar a un dramaturgo, porque nosotros en Polución hicimos crónicas de Pedro y trabajamos con Tengo Miedo Torero, pero era una mezcla. Acá me parecía importante que hubiese una dramaturgia, un hilo. Entonces convocamos a Pato, que es un escritor muy importante acá en Chile. Escribió Lobo, que es una obra que están haciendo con Luis Dubó. Nosotros venimos trabajando con él en la cooperativa y él hace un trabajo de investigación que me parece súper interesante. No se queda solo, sino que nos invita a los intérpretes, a los directores, a los asistentes de arte, a todo el equipo, porque somos un grupo grande. Nos pregunta: “Chiquillos, ¿quieren poner algo?, ¿tienen algún cuestionamiento?”. Fue una apertura, nunca estuvo cerrada la obra. Por ejemplo, hay un tema de poner a Neruda y mostrarlo como que está funado, porque en realidad Neruda es lo que es hoy, pero Stella le tenía un gran reconocimiento. Ahí hay una contradicción. Stella le tenía un gran reconocimiento, es un texto mío también que ella dice, pero al mismo tiempo él decía que era un mentiroso y un decadente. Esa temática fue algo que discutimos como grupo y era importante para nosotros que hubiera una opinión política ahí. Es una decisión política y fuimos hablándola con el Pato. En ese sentido, eso es interesante: no queda una cosa cerrada, sino que se abre al proceso cooperativo de la compañía.

¿Por qué cuatro actrices?

Lo habíamos pensado por esto de las diferencias, de las personalidades y de las épocas. Por ejemplo, en Polución son cinco —queríamos que fueran menos—. En un principio pensábamos en tres y luego fue una necesidad la cuarta, por el tema que te digo de la última etapa de Stella. Así que ahí quedamos con cuatro y nos cerró bien. En el texto dice: “Cuántas colorinas sean necesarias”, cuántas Stellas sean necesarias. En ese sentido, no está cerrado, pero la verdad es que cuatro creo que genera un buen equilibrio.

Con respecto a la temática de la obra, la personalidad de Stella y lo que se quiere plasmar, ¿Qué crees que Stella pensaría de una obra de teatro sobre ella?

Nos mandaría a la cresta. La gira en La Serena fue demasiado, como una conexión real con Stella. Entrar al departamento de Stella ha sido mucho. Yo me he puesto en la onda de prender velitas, porque de verdad siento que ya generamos una conexión muy espiritual. Para hacer un trabajo con respeto, yo también soy espiritual como intérprete, entonces he tratado de tener ese respeto. Yo creo que Stella nos mandaría a la cresta, pero también creo que estaría bien contenta. Siento que le causarían gracia todas las cosas y los vaivenes que estamos haciendo con la obra. Se reiría de nosotros y de los intentos, del texto que tenemos, de esta compañía que se quiebra la cabeza buscando la manera de llevar su poesía a un escenario. Una compañía que se quiebra, que piensa y dice: “¿Cómo lo vamos a hacer?”. Creo que se reiría. Desde otro lugar, siento que habría un agradecimiento por el trabajo realizado. Hay otras compañeras que son más anarquistas y dicen: “Nos mandaría a la cresta”. Para mí, desde el lugar que ella ocupó, desde este lugar under, creo que agradecería que eligiéramos su vida y la difusión de su arte. Más metida en los cahuines no le gustaría, por ejemplo, cómo terminamos la obra, pasamos sus poemas, ¿quieren leer los poemas?”. Yo ahí te juro que miro al cielo y digo: “A Stella le gustaría que estuvieran leyendo sus poemas, ¿por qué no?”. Creo que el trabajo está hecho con cariño, con respeto hacia la artista, así que yo me quedo tranquila con eso.

¿Crees que si Stella hubiera nacido en esta época sería totalmente diferente su historia?

Yo creo que Stella tiene su atemporalidad. Creo que realmente era un personaje que no era de la época en sí. Iba en contra de todo y su comportamiento también iba en contra de todo. En cuanto a la época de ese momento, pienso que ahora hay hartas contradicciones con el tema del feminismo. Hay declaraciones de Stella en las que algunas temáticas, como el feminismo o el aborto, no eran algo con lo que estuviera muy de acuerdo, pero creo que era por su época y por su pensamiento. Yo creo que también habría sido una persona muy entre las mujeres. De hecho, uno de los textos que ella dice es: “¿Qué han hecho los hombres? ¿De qué me han servido los hombres a mí? Yo me he agarrado de las mujeres”. En ese sentido, igual es una palabra de sororidad. Yo creo que, por lo que nos dijo la familia, habría sido una mujer muy aperrada con las amigas, con la familia y con las partners. Creo que habría estado en el mundo del under, habría estado ahí, en los bares, en el Bella, con su vinito. Bueno, a Stella le gusta Santa Helena, vino complicado. Ya estamos complicados con ese vino de todas las funciones. Pero sí, me la imagino sola, tomando su vinito, leyendo un libro y me la imagino hasta vieja.

Ficha técnica:

Título: Stella

Compañía: La Fuga Cooperativa de Artes Escénicas

Dramaturgia: Patricio Yovane

Dirección General: Sebastián Álvarez

Intérpretes: Camila Krumpoeck, Daniela Núñez, Marilyn Vásquez, Fernanda Narváez

Diseño Musical y Sonoro: Luciana Campos

Diseño Lumínico: Víctor Zúñiga

Diseño Gráfico: Manuel Reyes

Prensa: Claudia Palominos

COORDENADAS
28 y 29 de agosto
viernes y sábado, 20.15 h
Duración: 60 minutos/ + 14 años
$12.000 Gral. $10.000 Est.
Sala 2, Teatro San Ginés
Mallinkrodt 112, Bellavista, Providencia
https://www.ticketmaster.cl/event/stella-teatro-san-gines

 

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